A principios de este año, una encuesta reveló que una de cada cuatro personas entre 18 y 34 años nunca ha contestado una llamada telefónica (ni una sola vez). Más de la mitad de los participantes asume que una llamada inesperada trae malas o no deseadas noticias. También se mostró que muchos de la Generación Z primero filtran las llamadas y prefieren responder por SMS. El mensaje de texto es la forma de comunicación más popular, seguida por los mensajes en redes sociales y los mensajes de voz, que generan opiniones divididas en esta era moderna.
Parece que la era de las llamadas telefónicas, cuando los adolescentes de los 90 y 2000 acumulaban enormes facturas en el teléfono fijo de sus padres, quedó atrás.
Aunque las llamadas fueron vitales para muchos durante la pandemia, parece que hemos vuelto a la antigua costumbre de evitar el teléfono, y quizás a una resistencia más amplia a las conversaciones. Poco después de que se hicieran públicas estas sorprendentes estadísticas, se supo que un peluquero finlandés ofrecía un “servicio silencioso” sin hablar, eliminando las charlas habituales en las visitas al salón. Fue un éxito entre quienes buscaban un momento de tranquilidad. Buscar paz está genial, pero esto plantea una pregunta: ¿por qué nos da tanto miedo una buena llamada telefónica tradicional?
Por qué muchos evitan contestar el teléfono
“Mucha gente está tan acostumbrada a comunicarse por mensajes de texto y WhatsApp que una llamada telefónica les resulta un choque”, explica la neuropsicóloga Dra. Roz Halari. “Con un mensaje tienes certeza y control. Ocurre en tus términos y puedes responder cuando quieras. En una llamada, en cambio, tienes que reaccionar al instante y ceder algo de control.” Además, dice Halari, puede ser difícil interpretar a las personas solo por teléfono.
“No ves sus expresiones faciales ni lenguaje corporal, así que tu cerebro no recibe esas señales de conversación, especialmente si no conoces bien a la persona o hace tiempo que no la ves. Realmente no sabes qué piensan, solo por el tono de voz.”
“Con un mensaje tienes garantía y control — ocurre en tus términos y puedes responder en cualquier momento.” Sin embargo, como Halari y otros expertos señalan, las llamadas de voz tienen un gran valor porque pueden fortalecer vínculos y mejorar el ánimo. Escuchar la voz familiar de un ser querido puede liberar oxitocina en el cerebro, la hormona que ayuda a crear lazos y relaciones, algo que un mensaje escrito en pantalla no logra.

Cómo redescubrir el placer de las llamadas telefónicas
La clave parece estar en la estrategia “poco pero frecuente”. Josh Smith, experto en el arte de la conversación y autor de “Great Chat”, propone un método sencillo para superar la ansiedad. “Un estudio conjunto de la Universidad de Sussex y la Universidad de Pensilvania encontró que si alguien con ansiedad social decide iniciar conversaciones todos los días durante una semana, puede empezar a superar sus miedos. Así vemos que la fobia a las llamadas está completamente bajo nuestro control”, dice.
“Empieza poco a poco: contesta para saludar a tu pareja, padres o compañero de piso durante el día, luego llama inesperadamente a un amigo para charlar. Antes de darte cuenta, tendrás el valor para contestar una llamada desconocida o llamar a un colega para resolver algo en vez de enviar un correo pasivo-agresivo.”
Eloise Skinner, psicoterapeuta, apoya esta idea. Recomienda reconstruir experiencias positivas para asociar las llamadas con conexión y satisfacción. “No tienen que ser frecuentes ni formales las llamadas”, dice. “Puedes empezar con llamadas ocasionales y crear un ritmo para contactar por teléfono de vez en cuando. Si recordamos llamadas que nos hicieron felices, nuestra reacción al contestar puede cambiar. En lugar de miedo, sentiremos emoción o expectativa.”
En las últimas semanas, he intentado conscientemente hacer más llamadas, empezando con un amigo que se mudó al Reino Unido. Después de algunos intentos fallidos de llamada (yo no contestaba, él tampoco), finalmente hablamos unos 30 minutos sobre cosas grandes y pequeñas: amor, trabajo, qué comemos. Seguimos enviando mensajes, pero esa breve charla me hizo sentir que realmente nos pusimos al día. Días después, una llamada inesperada de un excompañero nos hizo reír a carcajadas tras meses sin hablar. Ninguna llamada me causó miedo, al contrario, me alegraron. Si tienes miedos similares, te animo a probar estos consejos.
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