Durante mucho tiempo, para mí la playa no significaba descanso, sino una tensión interna difícil de soltar. La ansiedad empezaba antes incluso de salir de casa: ¿me estarán mirando? ¿Comentarán mi cuerpo? ¿Y si el agua no está limpia y "pillo" algo? Esos pensamientos me acompañaron a la orilla durante años.
No voy a decir que todo eso haya desaparecido por completo. Hay playas que sigo evitando y días en los que me cuesta más soltar el control. Pero con el tiempo he ido creando algunas rutinas que de verdad funcionan y que me han ayudado a no pasar toda la jornada en tensión. Te cuento lo que a mí me ha servido de verdad.
1. Elegir bien el lugar: no me da igual adónde voy
El primer paso, y quizá el más importante para mí, es que no voy a "cualquier" sitio a bañarme. Elijo un lugar donde ya de entrada me sienta más cómoda.
Para mí cuentan mucho el entorno limpio, unos baños en condiciones, las zonas de sombra y el orden general. Mis favoritos han acabado siendo los lagos y aguas naturales, sobre todo aquellos con una entrada asequible pero que aun así están cuidados, ordenados y tienen encanto.
Solo eso ya me quita muchísima tensión: si el entorno me transmite seguridad, tengo menos motivos para angustiarme.
2. El confort por encima de todo: más toallas, más bañadores
Antes solía pasar el día entero con el bañador mojado, porque me daba pereza cambiarme. Hoy, de forma consciente, llevo varias toallas y algún bañador de recambio.
Puede parecer una tontería, pero marca una diferencia enorme. Es mucho más agradable poder ponerme un bañador seco en cualquier momento y no sentirme pegajosa e incómoda durante horas.
3. Prepararme la comida, sobre todo con intolerancias
Como celíaca, para mí esto casi nunca es una elección, sino una necesidad. Casi siempre me llevo algo seguro y preparado de antemano: por ejemplo, un bocadillo cargado de verduras o una tortilla con atún, bien refrigerada.
Así no tengo que preocuparme por qué puedo comer y qué no.
Pero incluso sin ninguna intolerancia, tener un "plan B" de comida resulta muy útil. Un pequeño picoteo quita mucho estrés y evita depender del chiringuito o de las colas nada más llegar.
4. Preparar todo con calma: la bolsa de playa ya no se deja para el último momento
Hubo una época en la que mi día de playa empezaba con las prisas de última hora. Y casi siempre acababa igual: estrés, nervios y la sensación de estar ya cansada antes de empezar.
Ahora preparo la bolsa la noche anterior o antes de salir, pero sin agobios. Reviso las toallas, la crema solar, el agua y la comida.
Para mí, salir con calma ya es medio éxito.
5. Lo más importante: no dejo que me defina la opinión de los demás
Este ha sido el punto más difícil. Y quizá el que, incluso hoy, no siempre me sale a la perfección.
Antes me influía muchísimo lo que los demás pensaran de mí. Bastaba media frase o una mirada para arruinarme el día. Hoy presto mucha más atención a no construir mi autoestima sobre la opinión ajena. Y cuando esa sensación vuelve a aparecer, intento volver a sentir lo rica que está el agua, el calor del sol y el placer de descansar, y procuro que eso pese más que las miradas de los demás.
Si alguien juzga, eso dice mucho más de esa persona que de mí. Y quien de verdad importa no hiere por cosas así.
No fue fácil llegar hasta aquí, pero cada día de playa es también una pequeña práctica en este sentido.
La playa no es un examen
Hoy veo ir a la playa como una oportunidad para desconectar, no como una prueba que tenga que superar. No hay que ser perfecta, no hay que dar la talla ni pasar toda la jornada en tensión.
El objetivo no es que todos los pensamientos desaparezcan, sino tener recursos suficientes para que no sean ellos quienes dirijan nuestro día.
¿Y si aun así alguien juzga? Mejor que se ocupe de su propio reflejo, y si no lo hace, ese ya es su problema.
¿Cómo puedo disfrutar de la playa sin sentir ansiedad?
Ayuda mucho elegir un lugar donde te sientas cómoda, prepararlo todo con calma y recordar que la playa es para descansar, no para demostrar nada.
¿Qué debería llevar para estar más cómoda en la playa?
Varias toallas y un bañador de recambio marcan una diferencia enorme, ya que puedes cambiarte por algo seco en cualquier momento en lugar de pasar horas mojada e incómoda.
¿Por qué conviene llevar comida preparada?
Si tienes alguna intolerancia, como la celiaquía, es prácticamente una necesidad, pero incluso sin ella un "plan B" de comida evita estrés y colas nada más llegar.
¿Cómo dejo de preocuparme por lo que piensen los demás?
Se trata de no construir la autoestima sobre la opinión ajena y, cuando aparece esa sensación, centrarte en disfrutar del agua, del sol y del descanso por encima de las miradas.











