Bien Logo

5 pequeños cambios que hicieron mis tardes de verano más lentas, bonitas y felices

Nyul Debóra6 min de lectura
Compartir:
5 pequeños cambios que hicieron mis tardes de verano más lentas, bonitas y felices — Estilo de vida
En este artículo

Durante mucho tiempo, todas mis tardes de verano se parecían demasiado. El móvil no paraba de sonar, en casa hacía un calor sofocante y yo saltaba de una tarea a otra mientras, en mi cabeza, ya iba haciendo la lista de lo siguiente. «Aún tengo que hacer esto… y resolver aquello…»: esa frase era casi un ruido de fondo permanente.

Mientras tanto, la tarde se me escapaba sin darme cuenta. Cuando levantaba la vista, ya era tarde y volvía a sentir que me había perdido algo importante: a mí misma.

Un día caí en la cuenta de lo iguales que eran todos esos días: prisas, pensamientos en zigzag, momentos dejados a medias. Y entonces empecé a frenar de forma consciente. No de un día para otro, sino con pequeñas decisiones que, poco a poco, transformaron por completo mis tardes.

Hoy esas tardes son muy distintas. Más lentas, más bonitas y mucho más felices.

Estas son las cinco cosas que me ayudaron a lograrlo.

El desayuno que prepara el terreno para una tarde tranquila

Para mí, una buena tarde empieza con una mañana bien comenzada. En la práctica, eso significa dedicar tiempo, de manera consciente, a un desayuno de verdad, nutritivo. Nada de comer con prisa ni sobre la marcha: me siento y así me regalo un ratito valioso para mí.

Primero siempre bebo un buen vaso de agua, luego preparo un desayuno rico y saciante y me acompaño de una taza de té. Esos pocos minutos de silencio dan más de lo que imaginamos.

También reservo un momento por la mañana para pensar cómo será mi día: intento no agobiarme, sino repasar con calma qué es lo que de verdad importa. Así, para cuando llega la tarde, muchas veces ya he conseguido despedirme del caos mental y puedo dedicarme un tiempo de calidad.

La naturaleza que siempre recarga las pilas

Cada día intento salir aunque sea un poco a la naturaleza. No hace falta una gran excursión: basta con un parque cercano, la orilla de un lago o un paseo junto a un arroyo. A veces voy caminando y, cuando me apetece alejarme un poco más, cojo la bici.

Ese pequeño rato me ayuda a volver al presente. La naturaleza no tiene prisa y, de algún modo, yo tampoco empiezo a correr: simplemente bajo el ritmo y me alegro de lo que me rodea.

La fuerza de la gratitud y de las pequeñas ilusiones

Aprendí que mi día no se vuelve especial porque pasen grandes cosas, sino por la manera en que lo miro.

Cada día busco algo que me ilusione. Puede ser un paseo por la tarde, un café con leche rico, una conversación o incluso media hora de silencio.

Y cada día encuentro algo por lo que sentir gratitud, aunque sea una minucia. Esas dos cosas juntas cambiaron por completo mi estado de ánimo: mis días dejaron de ser algo que hay que «sobrevivir» para convertirse en algo que se puede disfrutar.

Los placeres de la buena mesa

Otra parte imprescindible de mis tardes de verano es comer cosas ricas. A veces lo preparo en casa, según lo que me apetezca, y otras prefiero salir a mis sitios favoritos.

Unas veces me llevo una comida tardía del menú del día, otras me acerco a mi restaurante chino favorito, o de vuelta a casa me paro a por un trozo de tarta o me tomo un helado. Y si mi pareja, una amiga, mi madre o mi abuela tienen un rato, a veces nos sentamos juntas en algún sitio.

Estos pequeños planes no van solo de comer, sino también de frenar el ritmo. No corro, no hablo por teléfono mientras tanto: disfruto de verdad los sabores y, cuando no estoy sola, también de las charlas en familia o con amigas.

Esos pequeños momentos muchas veces animan la tarde más que cualquier gran plan.

La desaceleración consciente: cuando no hace falta estar siempre haciendo algo

Este fue para mí el cambio más importante: aprendí a no llenar cada minuto.

Dejé entrar en mis tardes el silencio, el descanso e incluso alguna siesta corta. A veces suelto el móvil, apago los estímulos constantes y simplemente estoy.

Leo, escucho música, veo una serie o me quedo mirando por la ventana sin más. Al principio me resultaba raro; hoy es de lo más natural.

Esa forma de frenar de manera consciente es lo que de verdad hace bonitas mis tardes de verano.

Adiós al verano lleno de listas de tareas

Hoy por fin siento que el verano no es una etapa que hay que ir tachando, sino un estado de ánimo que merece la pena vivir. No hace falta una rutina perfecta ni grandes planes, solo unas cuantas decisiones pequeñas y conscientes que te devuelven al presente.

Y quizá eso fue lo que cambió de verdad toda mi actitud: ya no intento meter más cosas en mis días, sino que me fijo mejor en lo que ya está ahí.

Por supuesto, esto no significa que cada día sea tan sencillo. Hay épocas más cargadas, días de mucha prisa en los que no consigo frenar, y muchas veces solo por la noche me doy cuenta de que apenas tuve un minuto de paz.

Pero siempre que puedo, busco el equilibrio, y creo que lo importante no es conseguir frenar siempre, sino no perder del todo esa dirección por el camino.

¿Cómo puedo frenar el ritmo si tengo tardes muy ocupadas?

No se trata de tener una rutina perfecta, sino de tomar pequeñas decisiones conscientes. Aunque no lo logres cada día, lo que cuenta es no perder del todo esa intención de volver al presente.

¿Por qué ayuda tanto empezar bien la mañana?

Una mañana tranquila prepara el terreno para el resto del día. Dedicar tiempo a un desayuno de verdad y pensar con calma qué importa ayuda a llegar a la tarde sin arrastrar el caos mental.

¿Hace falta un gran plan para disfrutar de la naturaleza?

Para nada. Basta con un parque cercano, la orilla de un lago o un paseo junto a un arroyo. Ese pequeño rato al aire libre ayuda a bajar el ritmo y a volver al presente.

¿Qué papel juega la gratitud en todo esto?

Buscar cada día algo que te ilusione y algo por lo que sentir gratitud, por pequeño que sea, transforma el estado de ánimo. Los días dejan de ser algo que sobrevivir para convertirse en algo que disfrutar.

Lecturas relacionadas

5 trucos que por fin me ayudan a disfrutar de la playa sin ansiedad — Estilo de vida

5 trucos que por fin me ayudan a disfrutar de la playa sin ansiedad

Durante años la playa me generaba más tensión que descanso. Estos cinco pequeños hábitos cambiaron por completo mi forma de disfrutar del agua.

Nyul Debóra
Un día para ti sola: 5 planes que te harán feliz aunque no quedes con nadie — Estilo de vida

Un día para ti sola: 5 planes que te harán feliz aunque no quedes con nadie

Hay días en los que no tienes que ir a ningún sitio ni ceder ante nadie. Descubre 5 planes sencillos para que estar sola sea un día pleno y feliz.

Nyul Debóra
Con solo 10 minutos al día en la naturaleza puedes calmar tu mente: esto es lo que dice la ciencia — Salud

Con solo 10 minutos al día en la naturaleza puedes calmar tu mente: esto es lo que dice la ciencia

La terapia forestal no es solo una moda: pasar tiempo en la naturaleza ayuda a reducir la ansiedad y la depresión. Descubre cómo empezar hoy mismo.

Farkas Margaréta
El mito de la madre perfecta hace más daño de lo que crees — Salud

El mito de la madre perfecta hace más daño de lo que crees

Las redes sociales pintan una maternidad perfecta que no existe. Esto es lo que se esconde tras esas imágenes y por qué te hace sentir que no eres suficiente.

Nyul Debóra
Mi vida mediterránea sin salir de casa: no necesité mudarme para conseguirla — Estilo de vida

Mi vida mediterránea sin salir de casa: no necesité mudarme para conseguirla

Durante años imaginé la vida perfecta a la sombra de una terraza junto al mar. Luego descubrí que lo mediterráneo no es un lugar, sino una forma de vivir.

Szabó Erzsébet
Vivo el verano a tope y aun así siento que me pierdo algo: esto es el FOMO — Estilo de vida

Vivo el verano a tope y aun así siento que me pierdo algo: esto es el FOMO

Aunque exprimo cada día de verano y no paro ni un momento, una sospecha me persigue: me estoy perdiendo algo importante. Esto es lo que aprendí del FOMO.

Szabó Erzsébet