Artículo de opinión: Borka Schuszter
Si escribo self-care o autocuidado en el buscador de Instagram, en cuestión de segundos siento que acabo de entrar en el anuncio de un hotel spa. Batas de seda por todas partes, velas, baños de espuma, matcha lattes, mascarillas faciales con luz, batidos de proteínas y masajes capilares. Las imágenes son preciosas, la luz es perfecta y sí, a mí también me parece tentador ese cabezal de ducha con masaje: no voy a decir que no me tumbaría debajo una hora entera. Solo digo que el autocuidado real no se parece a esto.
Está claro que no hay nada de malo en comprarse una crema cara, ir a un masaje o prepararse el batido favorito. A mí también me gusta darme esos caprichos de vez en cuando. Mi problema es más bien que, en redes sociales, el autocuidado aparece casi siempre como consumo. Como si hiciera falta comprar, reservar o pedir algo cada vez.
Si lo piensas bien, no tiene nada de sorprendente
Al algoritmo no le interesa mostrar a alguien que a las nueve y media de la noche prefiere irse a dormir en lugar de ver un episodio más. De ahí no sale ninguna colaboración. Como tampoco sale cuando alguien cierra el portátil al terminar la jornada o dice que no a una tarea más. Todo eso es difícil de envolver bonito y todavía más difícil de vender.
Además, quienes suelen crear este tipo de contenido son personas que quieren vender un producto o un servicio. No las culpo, es su trabajo. Pero mientras tanto es fácil creer que el precio del autocuidado es un aparato nuevo, un suplemento o un tratamiento.
A mí, en cambio, en los últimos años esta palabra ha empezado a significar algo completamente distinto.
Por muy contradictorio que suene al principio, para mí el autocuidado es muchas veces incómodo.
Significa ir a entrenar incluso cuando no tengo ninguna gana. Cuando preferiría mil veces quedarme en el sofá y convencerme de que ya lo recuperaré mañana. Porque sé que en media hora me sentiré mucho mejor que ahora. No entreno porque disfrute cada minuto, sino porque a largo plazo me hace bien.
Lo mismo pasa con la terapia
Creo que ir a terapia no es, por sí solo, autocuidado, aunque quede muy bien decirlo. La parte de verdad difícil llega cuando salgo de allí e intento poner en práctica lo que hemos hablado. Cuando reconozco esos mismos patrones dañinos en medio de una discusión. Cuando intento reaccionar de otra manera, en lugar de hacerlo en automático como llevo haciendo veinte o treinta años. Eso agota, muchas veces incomoda y no tiene nada de fotogénico.
También es autocuidado cuando por fin me tomo en serio mis propios límites. Cuando admito que estoy agotada y no me paso dos días más intentando convencerme de que "todavía aguanto". Antes solía sentir el descanso como pereza. Hoy cada vez lo veo más como una forma de prevención.
Y no, no hace falta que me libere un día entero ni que reserve un tratamiento de spa: a veces basta de sobra con silenciar las notificaciones del móvil y salir a dar un paseo por el parque.
A veces el autocuidado son cosas muy pequeñas
Pago las facturas a tiempo, porque sé que si no solo me generarían estrés. Voy a una revisión médica aunque no me apetezca nada. Me cocino una cena decente en lugar de pedir comida por tercera vez. De ninguna de estas cosas sale una foto que consiga diez mil likes.
Para mí, el amor propio tiene cada vez menos que ver con cómo me consiento, y cada vez más con hasta qué punto estoy dispuesta a responsabilizarme de mí misma.
Igual que un padre o una madre que quiere de verdad no siempre le da a su hijo lo que este desea en ese momento, yo tampoco me doy siempre lo más agradable. Sino lo que realmente necesito.
¿El autocuidado siempre tiene que costar dinero?
No. Aunque las redes lo presenten casi siempre como consumo, muchas de las formas más valiosas de cuidarse son gratis: descansar, poner límites o salir a caminar.
¿Por qué el autocuidado real no aparece en Instagram?
Porque no es fotogénico ni fácil de vender. Irse a dormir temprano o decir que no a una tarea no genera imágenes bonitas ni colaboraciones para las marcas.
¿Ir a terapia ya es cuidarse?
Según la autora, no por sí solo. Lo verdaderamente importante es aplicar en la vida diaria lo que se trabaja en terapia, algo que suele ser agotador e incómodo.
¿Cómo puedo empezar a cuidarme sin gastar nada?
Con gestos pequeños y constantes: pagar las facturas a tiempo, ir a una revisión, cocinar algo decente o silenciar las notificaciones y salir a pasear.











