Artículo de opinión: Schuszter Borka
Oye, sé que a mitad del verano ya empiezas a saturarte, así que creo que ha llegado el momento de que alguien te lo diga: no todos los veranos tienen que ser el mejor verano de tu vida. Repítelo conmigo, ¡tú puedes! No. Todos. Los. Veranos. Son. El. Mejor. Verano. De tu vida.
De algún modo, cada año llegamos al mismo punto: apenas asoma el buen tiempo y ya sentimos que ha empezado la competición por rendir al máximo, que hay que pasárselo bien casi a la fuerza. No basta con vivir el verano sin más, hay que exprimirlo al máximo. Con experiencias. Con planes. Con viajes. Con atardeceres. Con cócteles. Con paddle surf. Con picnics. Con festivales. Con campos de girasoles.
Y a poder ser, todo eso mientras queda genial en Instagram.
El verano ha dejado de ser una estación para convertirse en un proyecto
Y los medios colaboran encantados en ello.
En un abrir y cerrar de ojos ya nos topamos con el artículo sobre cómo lograr que este sea tu «verano inolvidable». Luego llega la lista de los cincuenta planes veraniegos imprescindibles. Después, los diez destinos a los que hay que viajar sí o sí este año. Y, cómo no, los productos sin los cuales nada de esto tendría sentido.
Autobronceador. Espray protector para el cabello con filtro UV. Bañador nuevo. Bolsa de playa de edición limitada. Colchoneta de unicornio con purpurina, porque sin eso el verano no es verano.
Está claro que sin todo esto es sencillamente imposible ser feliz en agosto.
A veces todo esto me resulta francamente absurdo. Como si alguien intentara convencernos de que en tres meses tenemos que recuperar toda una vida. Y de que, si no lo conseguimos, algo hemos hecho mal.
¿Y si por un momento dejáramos de escuchar a quienes solo quieren vendernos algo?
Porque, en el fondo, de eso se trata. No buscamos una nueva experiencia cada fin de semana porque de lo contrario seamos malas personas con vidas aburridas, sino porque alguien quiere que compremos ropa nueva para el evento, una maleta nueva, una crema solar nueva o un pack de experiencias más.
Y el verano es la herramienta de marketing perfecta. Al fin y al cabo, ¿quién no quiere ser feliz?
El problema es que hemos confundido la felicidad con la emoción constante. Y no son en absoluto lo mismo.
Yo, por ejemplo, recuerdo veranos en los que apenas pasó nada especial. Trabajaba. Por la tarde me sentaba con un helado en el parque de al lado. A veces íbamos a la piscina. A veces no.
Hubo alguna barbacoa con amigos, un par de excursiones pequeñas, muchas ventanas abiertas y tardes enteras delante del ventilador.
También aquellos fueron veranos perfectamente buenos. No entraron en ninguna lista de deseos, no dieron para un montaje de película, pero al menos tampoco me estresé hasta el agotamiento por ellos.
Lo que ha cambiado respecto a nuestra infancia es que ahora nos asomamos al verano de todos los demás —o al menos eso creemos—, y por culpa de las redes sociales podemos llegar a pensar que solo nosotros somos tan perdedores, que nuestro gran acontecimiento del verano será por fin pintar la cocina mientras todo el mundo está de vacaciones perfectas.
Igual que en diciembre todos tienen la Navidad ideal, en enero todos empiezan una vida nueva, en primavera todos florecen y en otoño todos beben un latte con canela bajo una manta. Cómo no.
No creo que cada estación tenga que batir algún récord, y desde luego no hay que sentir que, si este año tenemos «solo» un verano tranquilo, nos hemos perdido algo.
No todos los veranos pueden ser el mejor verano de nuestra vida. Pero cualquiera puede ser uno que realmente hayamos vivido, en lugar de pasarlo entero preocupados por si lo estamos disfrutando lo suficiente.
Preguntas frecuentes
¿Por qué sentimos tanta presión por vivir el verano perfecto?
Porque el verano se ha convertido en una herramienta de marketing perfecta. Muchas marcas y contenidos nos hacen creer que necesitamos experiencias, productos y viajes concretos para ser felices, cuando en realidad quieren vendernos algo.
¿Es normal tener un verano tranquilo y sin grandes planes?
Totalmente. Un verano de trabajo, helados en el parque y tardes frente al ventilador también puede ser un buen verano, aunque no dé para un montaje de película ni para una lista de deseos.
¿Qué papel juegan las redes sociales en esta sensación?
Nos asomamos constantemente al verano idealizado de los demás y podemos acabar creyendo que solo nosotros llevamos una vida aburrida, mientras todo el mundo parece estar de vacaciones perfectas.
¿Cómo disfrutar el verano sin esa presión?
Dejando de perseguir la emoción constante, que no es lo mismo que la felicidad. Cualquier verano puede ser valioso si de verdad lo vivimos, en lugar de pasarlo preocupados por si lo estamos disfrutando lo suficiente.











