Artículo de opinión: Schuszter Borka
A veces siento que hemos perdido completamente el sentido de la proporción. Basta con abrir TikTok o Instagram unos minutos para toparse con alguien que habla de haber "escapado de una relación tóxica", de que su ex "le causó un trauma" o de que era "claramente narcisista".
Y mira, me parece muy bien que estas historias hayan dejado de ser tabú. Estoy convencida de que visibilizar estas experiencias ayuda a muchísimas personas a reconocer su propia situación y a pedir ayuda.
El problema es que cada vez veo más cómo usamos esas mismas palabras para situaciones que son, simplemente... humanas. Incómodas. Injustas. A veces muy dolorosas. Pero eso no las convierte en traumas.
¿Alguien me ha hecho daño alguna vez? Sí. ¿He tenido un jefe que me trató de forma injusta? También. ¿He estado en relaciones en las que, mirando atrás, los dos hicimos las cosas bastante mal? Absolutamente.
Pero no todas esas situaciones fueron tóxicas. Y no todas me dejaron un trauma.
Creo que decepcionar al otro y ser decepcionados también es parte de la vida. Que hay relaciones que simplemente no funcionan. Que hay personas con las que no encajamos. Que después de una ruptura, todo duele durante meses. Que un profesor nos humilla, un amigo nos falla, un compañero de trabajo nos trata con injusticia.
Dolores reales, palabras que importan
Todo eso duele de verdad. Pero no necesariamente hace falta buscarle un diagnóstico clínico. A veces lo que ocurrió es simplemente que alguien fue egoísta. O inmaduro. O tomó una mala decisión. O la tomamos nosotros.
No toda persona que nos hace daño es tóxica. No toda persona egoísta es narcisista. Y no todo recuerdo doloroso es un trauma.
Lo que me inquieta de este fenómeno es que, poco a poco, estas palabras se están vaciando de contenido. Y eso tiene consecuencias reales.
Si todo es un trauma, al final nada lo es
Si todo es tóxico, ¿cómo llamamos a lo que ocurre cuando alguien manipula, aísla e intimida a su pareja durante años? Si todo jefe difícil es un abusador, ¿qué palabra guardamos para quien realmente destruye la salud mental de sus empleados?
El lenguaje importa porque las palabras le dan peso a las experiencias. Cuando usamos siempre la expresión más intensa para todo, las historias de quienes realmente lo vivieron pierden fuerza. Se diluyen en el ruido.
Además, tampoco nos hacemos ningún favor a nosotros mismos con esto. Porque si empezamos a interpretar cada experiencia desagradable como un trauma, sin querer nos estamos diciendo a nosotros mismos que estamos más dañados de lo que en realidad estamos. Que cada vivencia difícil deja una herida permanente. Y la mente humana es mucho más resiliente que eso.
Una persona no es sana porque nunca le pasa nada malo. Lo es también porque es capaz de procesar lo que le dolió sin que eso la haya roto por dentro.
Sé que es un terreno delicado. Hoy hablamos de salud mental muchísimo más que hace veinte años, y eso es un avance enorme. Mucha gente ha encontrado por fin palabras para lo que no sabía nombrar. Eso es valioso.
Pero nos hemos pasado al otro extremo. Parece que hoy buscamos etiquetas psicológicas detrás de cada conflicto humano. Como si no pudiéramos aceptar que a veces la vida simplemente duele. Que a veces nos rompen el corazón. Que a veces nos engañan. Que a veces somos nosotros quienes nos comportamos mal con los demás.
Y ninguna de esas cosas implica necesariamente un trastorno mental ni una situación de abuso.
Creo que merece la pena devolverle el peso a estas palabras. Ser más precisos con el lenguaje no significa minimizar el propio dolor. Todo lo contrario: nos ayuda a distinguir entre el sufrimiento cotidiano que forma parte de la experiencia humana y aquellas vivencias que sí dejan heridas profundas y duraderas.
Y eso, creo yo, no solo le haría bien a nuestro lenguaje. Nos haría bien a todos.
¿Por qué usamos tanto las palabras "tóxico" y "trauma"?
Las redes sociales han popularizado el vocabulario de la psicología clínica en el lenguaje cotidiano. Eso ha democratizado la conversación sobre salud mental, pero también ha llevado a un uso impreciso de términos que originalmente describían situaciones muy específicas y graves.
¿Significa esto que no debo llamar tóxica a mi relación?
No se trata de prohibir palabras, sino de usarlas con conciencia. Si una relación incluía manipulación sistemática, aislamiento o maltrato, la palabra "tóxica" puede ser adecuada. Si simplemente fue una relación que no funcionó, quizás haya términos más precisos y más útiles para ti.
¿Cómo sé si lo que viví fue realmente un trauma?
El trauma psicológico real suele implicar síntomas persistentes que afectan la vida diaria: flashbacks, evitación, dificultad para funcionar con normalidad. Si tienes dudas sobre tus experiencias, consultar con un profesional de la salud mental siempre es la mejor opción.
¿El artículo quiere decir que no debo hablar de mis experiencias dolorosas?
En absoluto. Hablar de lo que nos ha hecho daño es importante y necesario. La idea es que nombrar las cosas con precisión nos ayuda a entenderlas mejor y a procesarlas de forma más saludable, sin magnificarlas ni minimizarlas.











