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Por qué darle vueltas a todo no es un defecto, sino una búsqueda de seguridad

Schuster Borka4 min de lectura
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Por qué darle vueltas a todo no es un defecto, sino una búsqueda de seguridad — Estilo de vida
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Artículo de opinión: Bárbara López

Durante años creí que darle vueltas a todo era simplemente parte de mi personalidad. Soy esa persona que relee un mensaje enviado cinco veces. Que busca significados ocultos en una frase dicha de pasada. Que, después de una conversación incómoda, pasa días analizando qué podría haber dicho de otra manera. Que antes de cualquier decisión importante genera tantos escenarios posibles que al final ya ni recuerda cuál era la pregunta original.

Durante mucho tiempo, esto me sacaba de quicio. Intentaba simplemente "no darle más vueltas" a las cosas, pero funcionaba más o menos igual que decirle a alguien con insomnio que se duerma ya.

Fue en terapia donde empecé a entender algo que lo cambió todo: no pienso en exceso porque me guste preocuparme. No lo hago porque disfrute de la incertidumbre.

Lo hago precisamente porque no la soporto. El sobreanálisis no es un rasgo de carácter. Es una búsqueda de seguridad.

Cuando uno crece en entornos donde reinan la imprevisibilidad, la tensión emocional o la inestabilidad, aprende a leer el mundo con atención. Aprende a interpretar señales. Aprende a anticipar lo que puede pasar. En aquel momento, esa estrategia tiene todo el sentido.

Cuando el sistema nervioso se queda atascado

El problema es que el cuerpo y el sistema nervioso no siempre reciben el aviso de que han pasado veinte o treinta años desde entonces.

Así que, de adultos, seguimos haciendo lo mismo: observamos, analizamos, intentamos prepararnos para cualquier eventualidad. Siempre hay un escenario más que considerar. Un peligro más que anticipar. Una decepción más para la que blindarse.

El cerebro cree que así nos protege: si imagino lo peor de antemano, nada podrá sorprenderme. Si repaso todos los problemas posibles, no seré vulnerable. Si me preparo lo suficiente, estaré a salvo.

Pero hay un fallo fundamental en esa lógica: la vida no es un examen. No existe la preparación perfecta.

Siempre habrá situaciones que no vimos venir. Personas que nos sorprenden. Pérdidas, cambios y giros que es imposible modelar de antemano.

El sobreanálisis no tiene fin

Y, sin embargo, el sobreanálisis ofrece la ilusión de que, si pensamos lo suficiente, podemos controlar el futuro. Esa ilusión es enormemente seductora. Y también enormemente agotadora.

Porque el pensamiento no tiene un punto de llegada natural. Siempre se puede encontrar una catástrofe más. Por eso el sobreanálisis no reduce la ansiedad, sino que la alimenta.

Es como si alguien recorriera sin parar los pasillos de un edificio buscando las salidas de emergencia, sin darse cuenta de que, en realidad, está completamente a salvo.

La revelación más importante que he tenido es esta: la verdadera seguridad no viene de estar preparada para todo. Viene de confiar en mí misma.

De creer que pase lo que pase, seré capaz de hacerle frente. A primera vista parece una diferencia pequeña, pero en realidad es una forma de ver las cosas completamente distinta.

El sobreanálisis dice: "¡Anticipa todos los problemas antes de que lleguen!" La confianza dice: "No puedes anticiparlo todo, pero sabrás manejarlo cuando llegue."

Uno intenta controlar el futuro. La otra confía en tu propia capacidad de adaptación.

Solo estaba buscando sentirme segura

En los últimos años he aprendido, poco a poco, que la sensación de seguridad no crece con la planificación perfecta. Crece con la evidencia acumulada de que ya he sobrevivido a muchísimas situaciones difíciles.

Hubo decepciones que temía profundamente. Pérdidas que me parecían inimaginables. Momentos en los que estaba convencida de que no iba a poder salir adelante. Y, sin embargo, aquí estoy. Siempre hubo un siguiente paso. Siempre.

Hoy, cuando me doy cuenta de que llevo horas rumiando el mismo problema, intento hacerme una pregunta honesta: ¿realmente estoy buscando una solución, o solo estoy buscando seguridad?

Porque las dos cosas no son lo mismo. Y cada vez más a menudo llego a la conclusión de que no necesito pensar más.

Lo que necesito es recordarme a mí misma que la seguridad no nace de saberlo todo de antemano. Nace de creer, de verdad, que sea lo que sea lo que venga, seré capaz de mirarlo de frente.

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