Hablamos con mujeres mayores de 65 años sobre qué mitos no debemos creer acerca del envejecimiento.
Negación
Siempre he sido un poco alocada, pero pensé que con el tiempo maduraría. Pasaron los cuarenta, cincuenta, luego sesenta, y mi mente sigue igual de infantil. Ayer tuve que recordarme que tengo 67 años para no hacer volteretas en la escalera. Nunca voy a crecer.
Sexo
Creo que la mayor mentira es que las personas mayores no tienen sexo. Tengo 64 años, mi esposo más de 70, y nuestra vida sexual es mejor que nunca: tenemos relaciones dos veces por semana, a veces más. Quizá no tienen sexo quienes se conocieron jóvenes y envejecieron juntos… No lo sé, nosotros nos conocimos después de los 50 y aún no nos cansamos el uno del otro.
Quejándose
Tengo 76 años y creo que quien es un “gruñón” ya lo era cuando tenía veinte; y quien tiene una personalidad alegre, sigue siendo buena onda en la vejez.
La edad es solo un número
Hubo momentos en mi vida en que, incluso a los cincuenta, esperaba que alguien “adulto” me guiara. (Por ejemplo, en esa época valoraba los consejos de inversión de mi suegro de 72 años). Me sentía “joven” aún después de los sesenta, aunque mis amigas se reían y me decían que ya era una solterona. Seguí viviendo a mi manera: excursiones, viajes, citas… No acepté ser vieja hasta los 68. Ahora, con 73, siento que empiezo a calmarme y, mirando atrás, no cambiaría nada. No dejes que la sociedad decida qué tan viejo eres.
Respeto
Pensé que al envejecer los jóvenes me respetarían, pero me equivoqué.
¿Aburrimiento? ¡Para nada!

Dicen que los mayores son aburridos, pero nada está más lejos de la realidad. ¿Cómo podría ser aburrida alguien que ha vivido tanto? Ha pasado por épocas que pocos recuerdan, y eso es fascinante. La gente se equivoca: los mayores no son aburridos, son personas satisfechas. Ya no se preocupan por pequeñeces y viven en su propio mundo de calma, que se nota en su aura.
Sabiduría
Creía que la sabiduría venía con la edad, pero no: viene con la experiencia.
Cuestión de perspectiva
Cuando era adolescente, alguien de veinte ya era “viejo”. De joven, mis amigas y yo mirábamos con desprecio a los mayores de 30 en la discoteca, preguntándonos qué hacían ahí esas solteronas. A los treinta, sentía lástima por las mujeres en la menopausia; a los cincuenta, me emocionaba cuando una señora de setenta me llamaba “señorita” en el mercado. Ahora, con 80 años, sonrío viendo a los “jóvenes” de sesenta en la residencia, y mi compañera de 99 años me mira igual. Esto demuestra que la edad es siempre relativa: puedes ser viejo o joven para alguien, sin importar cuántos años tengas.
Enfoque
Como los mayores son hipermétropes y yo siempre fui miope, pensé —porque lo escuché en algún lado— que con el tiempo mi vista se corregiría, pero no fue así: resulta que puedes ser miope e hipermétrope a la vez.
Floreciendo
Pensé que me jubilaría y luego me mudaría a una residencia, pero gracias a Dios no fue así. Sigo fresca y mayormente saludable, con semanas llenas de planes y una vida social muy activa. ¡Salgo más a divertirme y tengo más amigos que cuando tenía veinte años!











