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Segunda boda: por qué sigo creyendo en el matrimonio después del divorcio

Schuster Borka3 min de lectura
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Segunda boda: por qué sigo creyendo en el matrimonio después del divorcio — Boda

Últimamente hablamos cada vez más sobre el matrimonio. Todavía estamos explorando, jugando con la idea, intentando entender qué piensa el otro o qué siento yo sobre unir nuestras vidas para siempre. Hay muchas cosas que nos llenan de alegría a ambos: queremos envejecer juntos, sentir que siempre podemos contar el uno con el otro, y saber que ambos estamos igual de comprometidos. Me emociona esta posibilidad, incluso después de haber pasado por un matrimonio.

Sigo creyendo en el matrimonio

Quizá sorprenda que a pesar de un divorcio sigo creyendo en el matrimonio. Que no me he alejado para siempre, que no me he vuelto cínica ni he decidido que "ya lo intenté una vez y no funcionó".

Entiendo esa duda. Cuando me paré frente al altar por primera vez, pronuncié esas palabras con sinceridad y convicción. Realmente creía en ellas. Pero la vida, las decisiones y los errores las vaciaron poco a poco hasta que perdieron su significado. ¿Cómo podría creer ahora que será diferente? Que esta vez lo tomaré más en serio que entonces, cuando ya estaba segura de que no podía ser más serio.

Novia y novio de espaldas a la cámara

Aun así, creo que hoy tomaría decisiones más sabias. Porque ahora sé lo que es cuando algo no funciona. Porque viví una relación que empezó bien y poco a poco perdió el rumbo. Mi primer matrimonio fallido no prueba que el matrimonio carezca de sentido, sino que yo no estaba donde estoy ahora. No sabía exactamente qué necesitaba, qué esperaba de mi pareja ni qué debía aportar para que la relación no solo sobreviviera, sino que fuera una fuente de alegría para ambos.

Pero creo que nuestros fracasos no nos destruyen, sino que nos moldean.

Que aprendemos también de lo que no salió bien. Que el divorcio no significa perder la fe, sino replantearla. Ahora sé con más claridad dónde están mis límites, cuándo digo sí y cuándo digo no. Sé lo vital que es la comunicación, la honestidad, y no solo amarnos, sino entendernos.

También creo que, aunque hayamos errado antes, podemos encontrar el amor verdadero. Que es posible confiar de nuevo, en otros y en uno mismo. Que las heridas que llevamos no solo son obstáculos, sino también recursos si estamos dispuestos a trabajar con ellas. Un segundo matrimonio no es una copia del primero. No es repetir, es una historia distinta, con otros protagonistas, otras reglas y más consciencia.

Mujer acariciando su anillo de compromiso

Por eso sigo creyendo en el matrimonio. Y sobre todo porque quiero creer. Porque no quiero vivir en un mundo sin amor para toda la vida. Donde todas las relaciones son temporales, todas las promesas quedan entre paréntesis y detrás de cada compromiso hay un plan B. No quiero creer que la conexión profunda es solo una ilusión, un autoengaño o una exageración romántica.

Creo que dos personas pueden encontrarse de verdad. Que pueden elegir una y otra vez estar juntos, no porque sea fácil, sino porque es importante. El amor que lo arrasa todo, el apego, la verdadera compañía son de esas pocas pero valiosas experiencias que hacen que valga la pena ser humano en este mundo. Y si ya arriesgué por eso una vez, lo haré de nuevo.

Puede que mi corazón se rompa, pero al menos nunca se endurecerá.

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