A los hombres no les suele gustar verse reflejados en un espejo. Pero a veces, la mejor forma de que alguien entienda algo es hacérselo vivir en primera persona. Aquí van algunas situaciones reales en las que decidí devolver exactamente lo que recibía.
La etiqueta profesional
Trabajo en el ámbito sanitario y me cansa que, cuando se habla de una compañera, los hombres siempre añadan «la anestesióloga» o «la radióloga mujer». Como si el género fuera parte del título. Decidí hacer lo mismo. Ahora digo cosas como: «Mañana viene Marcos, ya sabes, el médico internista varón» o «Me crucé con el doctor Ruiz, el nuevo endocrinólogo hombre». Las reacciones son... reveladoras.
Las invitaciones de boda
Empecé a dirigir todas las invitaciones de boda a la mujer de la pareja. El hombre pasaba a ser simplemente «más uno». Nadie lo comentó en voz alta, pero todos lo notaron.
El marido de...
Me encanta que a Amal Clooney, brillante abogada de derechos humanos, muchos hombres la conozcan únicamente como «la mujer de George Clooney». Así que la última vez que salió el tema de Justin Timberlake en una conversación, fingí que me costaba ubicarlo y finalmente dije: «¡Ah, sí! El marido de Jessica Biel.» Todas las mujeres sonrieron. Los hombres pusieron cara de no entender nada.
(Por si acaso: Ben Affleck es el ex de Jennifer Lopez. David Beckham, el marido de Victoria. Etcétera.)
El equipo masculino
Durante los Juegos Olímpicos me divertí especialmente. Cuando había hockey o fútbol femenino, simplemente decía «están jugando al hockey» o «hay partido de fútbol». Pero cuando jugaban ellos, siempre lo especificaba: «¿Habéis visto la final de curling masculino?» o «¡Nuevo récord mundial en salto de longitud masculino!» El efecto fue inmediato.
La gran pregunta
Un compañero de trabajo especialmente sexista acababa de ser padre. Cuando todo el grupo le felicitó, aproveché para preguntarle delante de todos cuánto tiempo pensaba quedarse en casa con el bebé y si tenía pensado volver a trabajar o si iba a dedicarse a la crianza. El silencio en la sala fue absoluto.
«Para ser hombre, no está mal»
Mi tío me contó orgulloso que había pedido que le atendiera un gestor varón «para que todo fuera más fluido». Yo le respondí que por fin había arreglado mi coche porque el mecánico, para ser hombre, resultó ser bastante habilidoso y lo solucionó sin problema. Se quedó sin palabras. Creo que fue la primera vez.
El pañal heroico
Me harté de escuchar a toda la familia alabar a mi hermano por cambiar un pañal, como si hubiera ganado un premio. La siguiente vez que fuimos de visita y fue su mujer quien cambió al bebé, recorrí la sala diciendo lo afortunado que era mi hermano de tener una esposa «tan buena mamá y tan apañada». Todo el mundo me miró como si me hubiera vuelto loca. Exacto.
El atasco
Llevaba a mi padre en el coche cuando nos quedamos atrapados en un atasco monumental. Le miré, puse los ojos en blanco y solté: «Ugh… estos conductores hombres…» No dijo nada. Pero lo pensó.
La blusa
En la oficina tengo por costumbre elogiar la «blusa» de los compañeros que llevan camisa. Cuando se ofenden, me disculpo diciendo que no entiendo mucho de moda. Funciona de maravilla.
El ramo de flores
Mi jefe de equipo es de esos que constantemente deja claro que las mujeres están por debajo de los hombres. Para su cumpleaños, le compré un gran ramo de flores rosas y se lo entregué delante de todo el equipo. Se puso más colorado que las propias flores. No supo qué decir. Yo, sí.
«¡Sonríe!»
El portero del edificio tiene la costumbre de decirles a las mujeres que van al trabajo de madrugada que sonrían más. Un día le respondí: «¡Primero usted!» Cuando esbozó una sonrisa, le dije con toda la calma del mundo: «Muy bien, buen chico», y seguí caminando. Desde entonces no ha vuelto a pedirme que sonría.
La puerta abierta
Tengo un vecino bastante borde. Mi forma favorita de desconcertarle es abrirle la puerta y dejarle pasar primero cada vez que coincidimos. Se le nota en la cara que le incomoda profundamente. A mí me resulta muy entretenido.
«Seguro que lo diseñó un hombre»
Cualquier cosa que uso y no funciona bien recibe, en voz alta y sin remordimientos, el mismo comentario: «Normal, esto lo diseñó un hombre seguro».
«Si los chicos pueden, no puede ser tan difícil»
Mi cuñada se quejaba delante de mis familiares varones de lo caro que le había salido el cambio de aceite del coche. Me giré hacia ella y le dije que la próxima vez lo hacíamos nosotras, porque si a los chicos les sale bien, no puede ser tan complicado.
El silencio fue la mejor respuesta posible.











