Hay días en los que no corres a ningún sitio. El teléfono no suena, no tienes que cuadrar planes con nadie y no necesitas ceder ni negociar nada con otra persona. Y de un día así se pueden sacar muchísimas cosas buenas.
Da igual que vivas sola o en pareja: a todos nos pasa que, de vez en cuando, pasamos un día enteros para nosotros mismos, sin amigos ni familia. Y eso no significa que no pueda ser un día estupendo. Todo lo contrario.
Muchas veces estos días en soledad son especiales precisamente porque nos devuelven nuestro propio ritmo, la atención hacia nosotros mismos y esa libertad que en el día a día se nos escapa con demasiada facilidad.
Estos son los 5 pequeños planes que a mí me hacen feliz sin falta cuando tengo un día entero para mí.
1. Me preparo un desayuno tranquilo y bonito
La mañana es para mí una de las partes más importantes del día. En momentos así me gusta cocinar algo sin prisa, sin correr, tomándome incluso un buen rato para pensar qué me apetece poner en el plato.
A veces tuesto una rebanada de pan y le pongo huevo revuelto con cebollino fresco, cortado directamente de las macetas del balcón. Al lado, un poco de jamón serrano a la plancha, y corto pepino y tomate que aliño con un buen chorro de aceite de oliva virgen extra.
Y el resultado es mucho más que un desayuno rico. Es, más bien, un arranque lento y sereno que me ayuda a empezar con más equilibrio todo lo que ese día me espera.
2. Veo mis películas o series favoritas sin sentirme culpable
El siguiente plan es algo que solemos dejar en un segundo plano: simplemente sentarte a ver lo que te apetezca en ese momento.
Estando sola resulta especialmente liberador. No hay que ceder ni ver "a medias" algo que a mí me interesa menos. En esos ratos elijo lo que de verdad me apetece: un clásico de siempre o algo nuevo que acabo de descubrir y me llama la atención.
Este tipo de libertad puede dar mucho más de lo que parece a primera vista: desconecta, ayuda a ir más despacio y devuelve un poco de ligereza al día.
3. Y llega una buena comida
Qué le voy a hacer, me encanta comer. Hay días en los que me entran ganas de cocinar algo rico, algo que sea de verdad mi favorito, sin ningún tipo de concesión.
Otras veces, en cambio, prefiero acercarme andando a mi restaurante chino favorito y pedir pollo con bambú y arroz al curry. Eso también forma parte de mi tiempo para mí: me permito no tener que prepararlo siempre todo yo, si lo que de verdad me apetece es simplemente disfrutar de algo bueno.
4. Me sumerjo en un buen libro
Si hay un plan que siempre me calma es ponerme a leer un buen libro.
Un libro siempre es capaz de sacarme un rato de la rutina gris, ya sea con una historia romántica o con una novela negra llena de intriga.
Estando sola resulta especialmente placentero leer hasta que empiezan a cerrárseme los ojos. Sin presión, sin interrupciones: solo la historia y yo.
5. Cuido mis plantas en el balcón
Al final del día, en verano, siempre queda alguna tarea de jardinería en la que, cuando estoy sola, suelo meterme con más calma y a fondo.
Incluso de un espacio pequeño como nuestro balcón se puede sacar muchísimo. Cultivo hierbas aromáticas y me rodeo de plantas ornamentales. Regar, cuidar, ordenar un poco: muchas veces son solo unos minutos, pero suficientes para ir bajando el ritmo al final del día.
La belleza de los días en soledad
Para mí, estos pequeños planes son también decisiones conscientes. Decisiones que dicen que un día en soledad también puede ser pleno, alegre y con sentido.
Porque el tiempo que pasamos solos no tiene por qué dejarnos una sensación de vacío. También puede convertirse en tiempo para ti, algo que a veces necesitamos mucho más de lo que creemos tener tiempo para disfrutarlo.
¿Por qué pasar un día sola puede hacerte feliz?
Porque te devuelve tu propio ritmo, la atención hacia ti misma y una libertad que en el día a día se pierde con facilidad. No tiene por qué dejarte una sensación de vacío.
¿Qué planes sencillos puedo hacer sin salir de casa?
Un desayuno tranquilo y bonito, ver tus películas o series favoritas, cocinar algo rico, sumergirte en un buen libro o cuidar tus plantas en el balcón. Pequeños gestos que marcan la diferencia.
¿Estar sola es lo mismo que sentirse solo?
No. El tiempo en soledad puede convertirse en tiempo para ti, un espacio de calma y disfrute que muchas veces necesitamos más de lo que creemos.











