Todos los hemos visto. Esos momentos en las películas que se repiten una y otra vez, tan alejados de la realidad que ya nos sacan una sonrisa antes de que pasen.
Da igual el género o la época: el cine tiene una colección de trucos tan gastados como entrañables. Aquí van algunos de los más ridículos, contados en primera persona. ¿Cuántos reconoces?
¿Cuál es tu cliché de cine favorito?
Las pastillas
Soy el protagonista. Cuando tomo un medicamento, me echo a la boca un puñado de pastillas, las mastico un par de veces y las trago haciendo una mueca. Beber agua después, jamás. Eso nunca.
En fila india
Soy el héroe que se enfrenta a una docena de malos en un callejón. Y no me atacan todos a la vez, no. Cada uno espera pacientemente su turno y viene de uno en uno para que pueda derribarlos con calma.
El bebé
Soy la mujer que da a luz en la película. El parto dura dos minutos, el maquillaje se me queda intacto y solo sudo un poquito. El médico dice "¡un último empujón!" y ya estoy recibiendo, con una sonrisa radiante, a un bebé impecablemente limpio que aparenta al menos ocho meses.
Si te divierte descubrir cómo el cine transforma la vida real, quizá te interese leer cómo cambian las relaciones y la intimidad después de tener un hijo, algo que las películas casi nunca muestran de verdad.
La oportunidad
Soy el villano. Cuando por fin atrapo al héroe, no lo mato de inmediato. Prefiero atarlo y explicarle con todo detalle mi plan maléfico, lo cual le da justo el tiempo necesario para escapar.
La copa
Puedo ser cualquier personaje, pero cuando entro en el bar, siempre hay un taburete libre en la barra. Pido una cerveza y el camarero no me pregunta qué marca quiero ni de qué tamaño: simplemente la sirve y me la da. Para pagar, saco un billete al azar del bolsillo y lo lanzo sobre la barra sin ni siquiera mirarlo.
La despedida
Soy el personaje que muere en la película. Agonizo justo el tiempo suficiente para que todos puedan despedirse de mí. Digo que tengo frío, que quiero irme a casa y suelto alguna frase profunda de despedida.
Nada de estertores ni ojos desorbitados: doy un suspiro, cierro los ojos y muero con elegancia. La boca cerrada, el pelo perfecto, para que el protagonista pueda abrazarme llorando y gritar "¡Nooooooo!".
Higiene dental impecable
Somos los vaqueros, los hombres prehistóricos, los soldados y los guerreros posapocalípticos que llevamos meses sin asearnos, pero tenemos los dientes perfectos y de un blanco resplandeciente.
Un desayuno de reyes
Soy la madre atareada que prepara un desayuno de ocho platos para su marido o su hijo, que baja corriendo las escaleras, agarra una sola tostada y sale por la puerta mordisqueándola porque tiene prisa.
Yo no me enfado por eso. Me quedo ahí de pie, sonriendo, perfectamente maquillada, con comida suficiente para alimentar a un ejército.
Aj, aj
Soy el bebé de la película. Nunca lloro, nunca me hago caca encima, nunca tengo hambre. Me paso todo el metraje envuelto en una mantita. Y si por casualidad rompo a llorar, alguien dice "shhh..." y me callo al instante.
Al día siguiente
Soy la protagonista. Después de una noche de fiesta, me despierto junto a un hombre guapísimo con el maquillaje y el pelo perfectos, sin rastro de resaca. Salto de la cama, me pongo la ropa a toda prisa y, sin pasar por el baño ni beber un vaso de agua, llego a la oficina fresca y arreglada.
Golpear el hierro... y salir corriendo
Soy la heroína. Dejo inconsciente al villano y, en lugar de rematarlo, suelto mi arma y echo a correr. Luego me sorprendo cuando, un minuto después, vuelve en sí y me persigue de nuevo. Y si corro por el bosque, tengo garantizado tropezar con una raíz y caer gritando.
El baño
Soy el protagonista y voy al baño. Es broma, no voy, porque en las películas los protagonistas nunca van al baño.
Recuperación exprés
Estoy en el hospital. En cuanto recobro el conocimiento, me arranco la vía del brazo y exijo mi ropa, y en la siguiente escena ya estoy como nueva, sin un solo rasguño.
Tiene derecho a guardar silencio
Soy el criminal al que detienen. No pido un abogado: tras un par de preguntas me derrumbo y lo confieso todo.
Mañanas románticas
Somos una pareja de enamorados. Nada más despertar, tenemos las caras a un centímetro de distancia y así charlamos y nos besamos, sin lavarnos los dientes. A mí la sábana me llega hasta la axila; a mi pareja, solo hasta la cintura, para que se le vea el torso musculoso.
¿Por qué las películas usan tantos clichés?
Muchos de estos recursos existen para ahorrar tiempo, mantener el ritmo de la historia o hacer que las escenas resulten más limpias y visualmente atractivas, aunque se alejen por completo de la realidad.
¿Cuál es el cliché más famoso del cine?
Hay varios candidatos, pero el villano que explica todo su plan en lugar de acabar con el héroe es uno de los más repetidos y comentados, ya que le da al protagonista justo el tiempo para escapar.
¿Por qué los personajes nunca van al baño en las películas?
Simplemente porque no aporta nada a la trama y rompería el ritmo. Por eso los protagonistas parecen no necesitar nunca ir al baño, comer con calma ni descansar.
¿De verdad son así los partos en el cine?
Para nada. En las películas el parto dura un par de minutos, la protagonista apenas suda y el recién nacido aparece limpio y con aspecto de tener varios meses, algo muy alejado de la realidad.











