Recuérdalo a ti mismo
Muchos cometen el error de que, al despertarse temprano, no paran de decir lo mal que durmieron. Que se sienten agotados y solo desean llegar a casa para acostarse temprano (aunque eso casi nunca pasa). Pensar así solo refuerza en tu mente que estás completamente exhausto. Pero la próxima vez, prueba lo contrario.
Al levantarte, sin importar lo cansado que estés, di en voz alta que te sientes descansado. ¡Intenta creerlo! Y evita contarle a otros lo cansado que realmente te sientes. Repetir algo varias veces hace que tu mente lo acepte, y tu cerebro empezará a sentir que dormiste más de lo que en realidad fue.
Descanso activo en cualquier momento
Este truco funciona incluso en el trabajo. El descanso activo consiste en mover suavemente partes de tu cuerpo, incluso sentado. Empieza con las manos: apriétalas en puños durante unos 15 segundos y luego suéltalas.
Repite dos veces más y luego haz lo mismo con los dedos de los pies, pantorrillas, abdomen y glúteos. Mover tu cuerpo, aunque sea un poco, mejora tu estado de ánimo. En pocos minutos te sentirás más fresco, descansado y concentrado. Además, reduce tu nivel de estrés, algo que siempre viene bien en el trabajo.

Juega con la luz
La luz del sol tiene un gran impacto en tu ritmo circadiano; tu cuerpo asocia automáticamente la oscuridad con la hora de dormir y la luz con el momento de despertar.
Convéncete de que debes levantarte, aunque hayas dormido poco. Por la noche, cuando te acuestes a dormir, no cierres las cortinas ni bajes las persianas. Simplemente déjalas abiertas para que cuando salga el sol, te despiertes naturalmente con la luz. Aunque te hayas acostado a las 3 a.m., la luz llenará la habitación y te hará despertar. Por eso, si duermes en un cuarto oscuro el fin de semana, ni diez horas de sueño te parecerán suficientes.











