Empezar algo nuevo con alguien justo después de una ruptura suele ser, en el fondo, una forma de escapar del dolor, no de superarlo. Muchas personas lo han vivido en primera persona y, mirando atrás, reconocen que aquella relación estaba condenada desde el principio.
El pánico a quedarse sola
«Nunca me habían dejado antes, así que cuando mi novio me dijo que todo había terminado, fue un golpe brutal para mi autoestima. Me convencí de que nadie más me querría y el miedo a la soledad me paralizó. Hoy sé que era una tontería, pero en ese momento estaba en pánico total.»
Me lancé a los brazos del primer hombre que mostró interés en mí y me aferré a él con tanta desesperación que acabé asustándole. Mi entusiasmo no tenía nada que ver con él: era solo el reflejo de mi miedo a estar sola.
Las apariencias engañan
El nuevo chico se dio cuenta enseguida de que solo estaba ahí para ponerle celoso a mi ex, a quien aún no había superado y —aunque entonces no me atrevía ni a reconocérmelo— quería recuperar.
Un parche sobre una herida abierta
Cuando mi prometido me dejó, me rompió el corazón. Intenté taparlo con un nuevo flirteo, pero era como poner una tirita sobre una herida profunda que seguía sangrando. La distracción no era curación.
Llenar el vacío
Mi ex era una persona muy activa: siempre había planes, siempre había algún sitio al que ir. Cuando rompimos, de repente me encontré con una cantidad de tiempo libre que no sabía cómo gestionar. Necesitaba algo —o alguien— que llenara ese hueco.
No elegí a mi siguiente pareja por quién era, sino por lo que podía ofrecerme en términos de entretenimiento. Y claro, acabé decepcionada, porque con él no sentía lo mismo que había sentido con mi ex.
Sin aprender nada
Mi primera relación después de una larga historia también fracasó, y la razón era sencilla: no había aprendido nada de mis errores anteriores. Me comporté exactamente igual que antes, cuando lo que necesitaba era trabajar en mí misma.
La magia que se desvanece
Necesitaba algo nuevo y emocionante para salir del vacío emocional en el que estaba. Y llegó. Pero se fue con la misma rapidez con la que vino, en cuanto la novedad dejó de serlo.
Querer «ganar» la ruptura
Cuando rompimos, algo infantil en mí quería ser la primera en pasar página. Hoy me doy cuenta de lo ridículo que era ese planteamiento, pero en ese momento sentía que si encontraba una nueva relación antes que él, «ganaría».
Le di mi número a un compañero de trabajo que sabía que le gustaba, y cuando empezamos a salir, colgué nuestras fotos en redes sociales con la única intención de que mi ex viera lo feliz que era sin él. Evidentemente, eso no era justo para el chico nuevo, que pronto se dio cuenta de que lo estaba usando como accesorio. Me lo dijo sin rodeos, y me sentí el doble de mal que después de la ruptura original.
Era un chico estupendo. Si hubiera esperado a estar realmente preparada, quizás habría funcionado. Pero lo eché a perder. La vida me enseñó que el ego hay que dejarlo a un lado, y que superar de verdad a alguien significa que ya no te importa lo que piense de ti.
Comparar sin parar
No funcionó porque no dejaba de comparar a mi nueva pareja con mi ex, a quien había idealizado hasta el absurdo en mi cabeza. El pobre chico nuevo no tenía ninguna oportunidad desde el principio.
El «salvador» equivocado
Me enredé con un hombre al que veía como mi gran rescatador después del dolor, pero en realidad apenas le conocía. No tardamos en descubrir que no teníamos absolutamente nada en común.
Una distracción, no una conexión
Mi ex me dejó de la nada y yo me volví loca. Cada minuto del día repasaba mentalmente nuestras conversaciones, buscando el momento exacto en que todo se torció. Mis amigas me decían que así iba a enloquecer, así que empecé a salir con alguien simplemente para dejar de pensar.
No buscaba una relación de verdad, sino a alguien que me sacara de mi miseria. Y esa relación estaba condenada al fracaso desde el primer momento, porque la empecé cuando aún no me había curado de la anterior.
La conclusión que comparten todas estas historias es la misma: una nueva relación no puede sanar lo que solo el tiempo y el trabajo personal pueden resolver. Antes de abrirte a alguien nuevo, merece la pena preguntarte si realmente estás lista, o si solo estás buscando un lugar donde esconderte.











