¿Qué pasa cuando descubres que la persona con la que uniste tu vida solo existía en tu fantasía?
La desconocida
"Ya ni siquiera sé quién es esta persona", me dice mi amiga Johanna sobre su marido. Viven a las afueras de la ciudad, en una casa preciosa, con dos hijos, aparentemente en la mayor de las felicidades.
"Cuando nos conocimos era cariñoso, atento. Ahora apenas lo veo, y cuando está en casa ni siquiera puedo dirigirle la palabra. Es como si me hubiera casado con alguien que hoy es una persona completamente distinta."
Suspiro hondo y le lanzo la pregunta directa: "¿Crees que ha cambiado, o simplemente ahora ves con claridad quién es?" Johanna me mira en silencio, desconcertada, y entonces suelto la bomba sin piedad: le digo que su marido siempre fue un cabezota y que ninguna de nosotras entendió nunca qué veía en él...
La fantasía
Mi hermana es consejera de pareja, y gracias a ella sé que las personas no eligen como pareja a alguien real y concreto, sino a una ilusión. Proyectan sobre el otro aquello que anhelan: lo alimentan con el comportamiento romántico del principio, una buena dosis de esperanza y una vista gorda muy selectiva. Yo, desde entonces, sigo sin casarme...
El despertar
Creía que mi marido era el sueño hecho realidad, y entonces, cuatro años después de la boda, la realidad me abofeteó de golpe. Salió a la luz su verdadero yo, y yo me vi ante una encrucijada durísima.
Tuve que decidir: o hacía el duelo por el hombre de fantasía que solo existía en mi imaginación y me disponía a conocer al hombre real, o pasaba el resto de mi vida guardándole rencor por no ser aquello que yo había imaginado. Elegí lo primero, y todavía no sé cómo va a terminar.
El error
Mucha gente cree, equivocadamente, que su pareja cambió y que por eso el matrimonio se rompió. Pero lo único que ocurrió es que la otra persona dejó de actuar y, tras pronunciar el "para siempre", volvió a ser quien realmente es. El problema es que no siempre aceptamos esa nueva personalidad.
Si te reconoces en esto, quizá te interese descubrir qué se esconde detrás de un matrimonio aparentemente feliz.
El ídolo
Lo nuestro fue un amor enorme desde el primer instante en que nos vimos: fue como si la tierra se moviera bajo nuestros pies. Hoy sé que lo único que pasó es que nuestro cerebro se inundó de hormonas y eso provocó aquella euforia, pero en aquel momento los dos creíamos que nuestro encuentro era un destino cósmico.
Ingenuamente, nos casamos arrastrados por esa marea emocional, cuando ya entonces deberíamos haber sabido que esa intensidad era insostenible. En menos de un año llegó el amargo despertar y mi matrimonio, en la práctica, terminó antes de empezar.
Una mañana me desperté pensando: ¿quién es este pánfilo con el que vivo y, madre mía, qué vi yo en este hombre?!
La gran llama de nuestro amor se apagó tan rápido como se había encendido: fue como cuando un borracho se despeja de repente y ve la realidad en blanco y negro. Desde entonces no nos hemos vuelto a ver, y hasta el día de hoy no sabría decir quién es esa persona, a pesar de que es mi exmarido.
Imagino que él me ve exactamente igual y que no tiene la menor idea de cómo soy en realidad: solo conocemos la versión idealizada del otro.
La persona que "cambió"
Antes traía flores, escribía poemas; ahora está cansado y no tiene ganas de romanticismos. En su día pendía de cada palabra mía; hoy ni me escucha. Antes era espontáneo y divertido; ahora se ha vuelto un aburrido que no sale de casa. Entonces era relajado y comprensivo; ahora critica y discute. Antes no nos cansábamos del cuerpo del otro, y ahora ya ni siquiera tenemos relaciones.
¿Cuál de estos "giros de pareja" te resulta familiar?
Lo que yo descubrí es que en un matrimonio hay que trabajar mucho, sí, pero el trabajo no consiste en intentar convertir al otro en aquello que imaginaste, sino en intentar aceptar quién es de verdad.
¿La gente cambia realmente dentro de una relación?
Según el artículo, muchas veces no es que la pareja cambie, sino que deja de actuar y vuelve a ser quien siempre fue. Lo que percibimos como un cambio suele ser el fin de la idealización del principio.
¿Por qué nos enamoramos de una ilusión?
Porque proyectamos sobre la otra persona lo que deseamos, apoyándonos en el comportamiento romántico inicial, la esperanza y una vista gorda selectiva. Así elegimos una imagen idealizada en lugar de a la persona real.
¿Qué hacer cuando descubres quién es realmente tu pareja?
El texto plantea dos caminos: hacer el duelo por la persona imaginada y conocer a la real, o vivir guardándole rencor por no cumplir tus expectativas. La autora eligió lo primero.
¿En qué consiste trabajar de verdad un matrimonio?
No en intentar moldear al otro para que encaje en lo que imaginaste, sino en aprender a aceptar quién es realmente. Ese, según el artículo, es el verdadero esfuerzo.











