¿Cómo es la vida de alguien obsesionado con el control?
No es fácil encasillar a todas las personas controladoras, porque cada uno muestra esta necesidad de forma distinta según su personalidad. Para algunos afecta su trabajo, para otros domina su vida privada. Lo que tienen en común es que siempre se trata de una compulsión. Son muy críticos consigo mismos y suelen ser igual con los demás. Vivir con ellos puede ser casi insoportable a largo plazo.
Pero la obsesión por el control no siempre es ruidosa o evidente. A veces se instala silenciosamente y luego es muy difícil liberarse de ella.
El problema puede aparecer incluso con una dieta que parece inocente. Algunos ex culturistas han confesado que toda su vida giraba en torno al control. Lo peor es que no era algo impuesto por otros, sino que ellos mismos lo generaban. Y como controlar requiere mucha voluntad, no es casualidad que estas personas no carezcan de ella.
Quienes controlan su dieta con obsesión apenas se permiten pequeños deslices, como un bocado de dulce, porque sienten que pierden el control de inmediato. No es raro que muchos culturistas, tras la competencia, caigan en atracones donde ya no controlan su cuerpo y poco a poco pierden el dominio que antes ejercían. La clave está en la perfección, o mejor dicho, en el deseo excesivo de perfección que esconde un miedo profundo.
Todo lo que hay detrás…
Detrás de toda compulsión hay razones emocionales, así que para superarla es esencial entender qué significa esta obsesión por el control. Además del afán de perfección, hay un miedo intenso a lo que pasaría si se pierde el control y la dirección.
Curiosamente, este estado afecta a muchos altos directivos que quieren tener todo bajo control y hacer ellos mismos hasta la tarea más pequeña.
Ignoran que podrían delegar en colegas talentosos que con gusto ayudarían. No es que no confíen en sus capacidades, sino que temen las consecuencias de soltar el control y entregar responsabilidades sobre las que ya no tendrían tanta influencia. Esta es una situación muy contagiosa que, con el tiempo, vuelve a la persona cada vez más vulnerable.

Entonces, ¿cómo salir de este estado cuando alguien quiere controlar y dirigir cada área de su vida?
Primero, hay que dar el salto. Para un líder, esto significa delegar más tareas confiando en la experiencia de otros y descubrir que el mundo no se derrumba si no lleva todo el peso solo.
Lo ideal es que esta conclusión lleve a una vida más tranquila, donde ya no falte esa sensación de alivio que trae soltar el control. Un obsesivo con el control en la dieta puede permitirse “días trampa” y comprobar que unos bocados deliciosos no arruinan su esfuerzo, sino que le dan más fuerza para continuar. Sea cual sea el objeto del control, el primer paso siempre es enfrentar el miedo que lo provoca y lanzarse a las situaciones que generan ansiedad.











