La dinámica de poder entre hombres y mujeres
Nos guste o no, entre un hombre y una mujer existen dinámicas de poder diferentes. En lugar de pelear por eso, deberíamos aceptar que estamos llamados a recorrer caminos distintos. No hablo solo de carrera, estado civil o realización personal, sino que simplemente nos movemos en planos distintos. Solo con pensar en rasgos físicos básicos, una mujer puede hacer cosas muy diferentes gracias a su fuerza, comparada con un hombre.
Podemos entrenar duro y levantar grandes pesos, pero si no lo hacemos por nosotras mismas, competir con ellos es casi inútil. ¿Y para qué querríamos? La delicadeza y gracia son lo que hace a una mujer hermosa y única, y justamente esa diferencia es lo que atrae a los hombres.
Claro que podemos permitirnos ser mujeres frágiles, y eso no es sinónimo de debilidad, como muchos confunden.
Los hombres son cerdos, las mujeres arpías
Es una visión tajante, pero tiene algo de verdad. Seguro que ambos lados lo confirmarían. Es cierto que muchos hombres mantienen esa chispa traviesa en la mirada toda la vida, pero no olvidemos que en nuestros ojos también arde algo. La astucia femenina es algo innato, como la picardía en los hombres.
Incluye instintos y corazonadas femeninas increíblemente precisas, típicos berrinches y la capacidad de lograr casi cualquier cosa frente a los hombres.
Hace poco, un amigo hizo una afirmación audaz: las mujeres somos las criaturas más simples del mundo, predecibles y fáciles de influenciar. Me sorprendió, porque creo que pensamos lo mismo de los hombres, y en esa batalla, creo que ganaríamos nosotras. Las estrategias femeninas son tan elaboradas y astutas que ellos no tienen chance de defenderse. Pero eso plantea la pregunta: ¿jugamos limpio con ellos?

Cada quien lucha con sus propias armas
En una buena relación hay muchas batallas. No porque sea el objetivo, sino porque solo así se profundiza el alma y nace el sentido de unión. Y es revelador que dos personas estén dispuestas a invertir tanto esfuerzo en algo sin garantía alguna. Cada uno pelea con sus herramientas, defendiendo su postura. Los hombres pueden verse como unos cerdos si no ayudan en casa, descuidan a la mujer amada o se distraen con otras.
Nosotras, en cambio, sabemos usar nuestro encanto femenino cuando hace falta, y sabemos que con eso ganamos en casi todos los terrenos.
Esto se multiplica en un hombre enamorado, porque con solo una mirada bonita pueden estar dispuestos a casi todo. Entonces, ¿por qué son tan cerdos los hombres? En realidad, todos libramos nuestras propias batallas, solo que con armas diferentes. Lo ideal sería que ambos lados admitieran que a veces toda mujer puede ser un cerdo y que los hombres más masculinos también pueden ser arpías. Así nacería el equilibrio perfecto.











