Después de casi cuarenta años, aprendí que las citas tienen más que ver con conocerse a uno mismo que con encontrar a "la persona ideal".
En mis veinte años, no lo veía así. Cada cita era como un examen: ¿seré lo suficientemente amable, atractiva o interesante para gustarle a la otra persona? Prestaba más atención a sus expectativas que a mis propios límites y deseos. Hoy lo veo distinto. Aquí te cuento cinco cosas que ahora haría sin dudar en una cita, y que desearía haber hecho en mis 20.
Levantarse y marcharse sin miedo
Si me siento en peligro, si me tratan sin respeto o simplemente siento que la persona frente a mí no valora quién soy, me levantaría al instante y pondría fin a la cita.
Antes no podía hacer eso. Aguantaba una noche incómoda aunque todo en mí quisiera salir corriendo. Temía parecer grosera, herir sentimientos o que "no está bien" dejar plantada a alguien. Hoy no pasaría por eso: agradecería su tiempo, pagaría mi parte de la cuenta y me iría.
Puede que mi cita piense que soy dramática o que exagero, pero sinceramente, eso es problema suyo. Y lo que piense ya no me importa cuando salga por esa puerta.
Jugar con las cartas sobre la mesa
En mis veinte años solía decir: "Ya veremos cómo va". Pero muchas veces sabía desde el principio qué quería o qué no. Hoy no fingiría indiferencia. Si busco algo casual, lo diría; si quiero algo más, también lo expresaría. Sí, puede que asuste a la otra persona, pero mejor saberlo ahora que perder meses en vano.
Marcar límites claros
No es necesario que alguien sepa dónde vivo en la primera cita. No tengo que dejar que me acompañen a casa si no me siento cómoda. No debo aceptar nada solo porque "es costumbre" o para no herir sentimientos.
Hoy sé que mis límites no son grosería, sino seguridad. Y si alguien no lo entiende, no es para mí.
Es más fácil decir: "Ahora no quiero" que arrepentirse después de no escuchar tu intuición.
Preguntar con sinceridad
Las citas a menudo se quedan en charlas superficiales: ¿a qué te dedicas? ¿Qué música te gusta? ¿Dónde te gusta viajar? Claro, son preguntas interesantes, pero hoy no me conformaría con eso. Querría saber lo que realmente importa.
Por ejemplo: ¿cómo hablas de tus ex? ¿Temes comprometerte? ¿Qué piensas sobre la fidelidad y la monogamia? No son temas fáciles, pero es mejor aclararlos al principio que descubrir meses después que queremos cosas muy distintas. No busco que una cita sea una entrevista, pero tampoco me quedaré en la superficie.
Ser auténtica conmigo misma
Esto es lo que más me costaría en mis veinte. Sentía que debía ser perfecta: siempre alegre, interesante y "lista para la cita". Hoy no tendría miedo de mostrarme cansada, preocupada o imperfecta. No necesito gustar a toda costa. Y estoy bien con eso.











