Durante mucho tiempo pensé que el multitasking era una especie de súper poder. Que hacer varias cosas a la vez me hacía más eficiente, avanzaba más rápido y podía meter más en mi día. Además, trabajo mucho desde casa, lo que me impulsaba a hacer aún más cosas al mismo tiempo, incluso cuando debería estar disfrutando de mi media hora de almuerzo. A veces, respondo algunos correos mientras como, contesto un mensaje y ya estoy pensando en la siguiente tarea. Pero con el tiempo empecé a preguntarme: ¿realmente es efectivo esto? ¿O solo parece que hago muchas cosas a la vez?
La psicología nos dice que nuestro cerebro no puede hacer multitarea real. Más bien es una serie de cambios rápidos que consumen mucha energía.
Nuestro cerebro no disfruta saltar entre tareas
Cuando cambiamos de una tarea a otra, el cerebro debe “ajustarse” cada vez. Este proceso requiere energía y tiempo. Por eso, al final del día, estamos más cansados si hacemos varias cosas a la vez que si las hacemos una tras otra. Al dividir nuestra atención, cada tarea recibe menos foco, lo que puede causar errores. Y corregir esos errores termina consumiendo aún más tiempo.

El multitasking reduce la concentración
Interrumpirnos constantemente dificulta concentrarnos en profundidad. Y esa concentración profunda es clave para la mayoría de las tareas. Con tantos cambios de atención, nuestro cerebro termina disperso.

El descanso desaparece del día
Una trampa del teletrabajo es que los límites se vuelven difusos. La pausa para almorzar se convierte en responder correos rápidos, y el breve descanso en otra tarea más. Pero descansar no es perder el tiempo. Al contrario: una pausa real recarga nuestra energía.

La ilusión de estar siempre ocupados
Cuando hacemos varias cosas a la vez, a menudo sentimos que somos muy productivos. Pero muchas veces es solo apariencia. Podemos estar ocupados con tareas pequeñas y avanzar lento en lo realmente importante.

Puede llevar al agotamiento
Estar atentos a muchas cosas a la vez es mentalmente agotador a largo plazo. Cambiar la atención constantemente cansa el cerebro y puede causar sobrecarga. Por eso es clave parar de vez en cuando y preguntarnos si realmente necesitamos hacer todo al mismo tiempo.

¿Dónde está el límite?
Quizás la pregunta más difícil es: ¿cómo saber cuándo el multitasking deja de ser útil y se vuelve un desperdicio de energía?
Una señal es sentir al final del día que estuvimos ocupados todo el tiempo pero no avanzamos realmente.
Otra señal es que nuestra atención esté dispersa y nos cueste concentrarnos en una sola tarea. En esos momentos, vale la pena detenerse y preguntarse: ¿cuál es la única cosa en la que debo enfocarme ahora?

¿Cómo poner límites?
Poner límites empieza muchas veces con pequeños pasos. Por ejemplo, concentrarse en una sola tarea a la vez o considerar la pausa del almuerzo como un verdadero descanso. A veces basta con permitirnos conscientemente no responder todo al instante. El multitasking es tentador porque sentimos que logramos más, pero a menudo pasa lo contrario: gastamos más energía y avanzamos menos. Quizás la solución más simple sea la más efectiva: hacer una cosa a la vez.











