No es casualidad que se aconseje a quienes hacen dieta no ir de compras con hambre: en esos momentos llenamos el carrito con más alimentos poco saludables y muchas más calorías. Es un hecho comprobado que nuestro estado de ánimo afecta cómo gastamos el dinero. Además, hay estados mentales que implican riesgos aún mayores: la compra impulsiva se ha relacionado con la depresión, la ansiedad o el trastorno bipolar.
¿Qué desencadena las compras impulsivas?
Normalmente, está detrás el marketing efectivo: la sensación de "ahora o nunca", o que te hacen creer que obtienes más por tu dinero, o el miedo que te lleva a acumular. Los comerciantes apelan a tus emociones para que gastes más, así que hay razones psicológicas detrás de esos gastos. Puedes sentir que al decidir rápido tienes el control, que tú mandas. Cuando puedes permitirte comprar impulsivamente, no suele haber un gran inconveniente desde ese punto de vista.
Pero no solo compran así quienes tienen dinero, también quienes no lo tienen. ¿Por qué? Por la misma razón: todos queremos sentir que controlamos nuestra vida al 100%.
De forma parecida se desarrollan o funcionan los trastornos alimentarios. Cuando alguien siente que su mundo se desmorona y no tiene control, puede darse cuenta de que sí controla su alimentación. Decide qué, cuándo y cuánto comer, domina sus instintos, y eso puede generar dependencia y un trastorno alimentario real a largo plazo.
No hace falta decir que los últimos años no han ayudado a sentirnos seguros. La pandemia, el cambio climático y la guerra han puesto a más personas en situaciones que han aumentado el número de compras compulsivas e impulsivas.

¿Cómo ponerle freno a las compras impulsivas?
Según Joyce Marter, puedes superar las compras impulsivas en cuatro pasos principales:
Establece un período sin gastos
Marter recomienda fijar un periodo de restricción de gastos, que puede ser de 1 a 3 semanas y te ayuda a ser más consciente de tus finanzas, además de ahorrar mucho. No se trata de no comprar nada, sino de evitar gastos innecesarios.
Durante ese tiempo, evita ir a centros comerciales, tiendas de ropa y elimina las apps que te incitan a comprar. No gastes en restaurantes ni pastelerías, prepara todo en casa. Y usa solo efectivo, no tarjeta, porque el efectivo te hace más consciente del gasto.
Este tiempo sin gastos extra te permite observar mejor tus compras impulsivas, evitar excesos y crear hábitos de gasto saludables a largo plazo.
Crea un plan para prevenirlas
Observa qué situaciones, lugares o momentos te llevan a comprar impulsivamente. ¿No puedes resistirte a la ropa nueva? ¿Las notificaciones de las apps te tientan? ¿Haces clic automático en anuncios en redes sociales? Identifica qué te desvía y establece una rutina nueva que te saque de ese patrón. Por ejemplo, llama a una amiga que te ayude a razonar, ve a entrenar en vez de comprar o date un premio que no implique gastar dinero.

Practica la conciencia plena
Antes de gastar, hazte estas preguntas clave:
- ¿Realmente necesito este producto?
- ¿Este gasto me acerca o me aleja de mis metas personales, profesionales y financieras?
- ¿Este gasto está alineado con mis valores y emociones?
Aplica este ejercicio durante unas semanas y anota qué notas en ti. ¿Volviste a dejar el producto en la estantería? ¿Lo compraste y luego te arrepentiste? Es clave que reconozcas tus emociones y cómo se relacionan con tus hábitos de compra.
Pon en orden tus emociones
Como mencionamos al inicio, hay una conexión directa entre la salud mental y la salud financiera. En nuestra sociedad que busca gratificación inmediata, comprar es un “analgésico temporal”, especialmente cuando nuestra salud mental no está bien. La solución no es solo cambiar los hábitos de gasto, sino corregir pensamientos y emociones. Puede que necesites ayuda profesional para tratar la raíz y superar las compras impulsivas.











