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Calippo, Twister y caramelos explosivos: 10 chucherías de los 90 en las que gastábamos toda la paga

Szabó Erzsébet4 min de lectura
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Calippo, Twister y caramelos explosivos: 10 chucherías de los 90 en las que gastábamos toda la paga — Ocio
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Tardes de verano sin fin, el calor pegando fuerte y las monedas de la paga apretadas en la mano. Sabías exactamente adónde ibas: a la tienda más cercana, a elegir entre los mejores dulces de tu infancia. Si creciste en los años 90, esta lista va a hacerte sonreír — y probablemente también te va a dar un antojo enorme.

Viennetta

El postre de los domingos por excelencia. Cuando el cuchillo cortaba esa primera porción y las láminas de chocolate crujían, toda la familia ya tenía la boca hecha agua. La Viennetta no era solo un helado: era el símbolo de las reuniones familiares, de los almuerzos especiales y de los pequeños lujos compartidos en casa.

Cigarrillos de azúcar

En la playa o en el parque, con uno de estos en la mano te sentías el más mayor del grupo. Jugar a ser un misterioso jefe de la mafia con un cigarrillo de golosina era el entretenimiento favorito de muchos — y las carcajadas que venían después no tenían precio.

Calippo

El de cola y el de fresa eran los favoritos, aunque el de limón también tenía sus fieles seguidores. Pero lo mejor de todo era el final: ese sirope espeso y dulcísimo que se acumulaba en el fondo del cartón y que sorbías de un trago con total satisfacción. Puro verano en cada gota.

Twister

Cuando el calor apretaba de verdad, el Twister era la respuesta perfecta. La combinación de su base láctea con frutas refrescantes como la piña o la lima creaba una armonía que ningún otro helado conseguía igualar. Mucho más ligero y divertido que los bombones de chocolate, era el helado del verano por antonomasia.

Caramelos explosivos (Pop Rocks)

¿Quién podía resistirse a los famosos caramelos peta-zeta? En cuanto esos pequeños cristales de azúcar tocaban la lengua, empezaban a chisporrotear y a cosquillear dentro de la boca de una forma completamente adictiva. En sabores de fresa, manzana o cola, los más valientes se echaban el sobre entero de una vez. Una experiencia que no se olvida.

Dispensadores Pez

Coleccionarlos era casi tan importante como comérselos. Los dispensadores de plástico con personajes llenaban los mostradores de las tiendas de chucherías y los intercambiabas con tus amigos como si fueran cromos. Cada nuevo modelo era un pequeño tesoro.

Center Shock

Por fuera parecía un chicle completamente normal. Pero en cuanto le dabas el primer mordisco, el relleno líquido brutalmente ácido te encogía la cara entera en un segundo. Aguantar sin hacer muecas era todo un reto — y quien lo conseguía, era automáticamente el rey del recreo.

Chicles con tatuajes

Estos chicles tenían un extra irresistible: dentro del envoltorio venían pequeños tatuajes temporales con dragones y diseños de colores. Las llevabas en el brazo durante días con todo el orgullo del mundo — hasta que tras varios baños, las manchas por fin desaparecían de la piel.

Polos de hielo en bolsa

Aparecieron a finales de los 90 y conquistaron a toda una generación. En realidad no tenían mucho que ver con un helado de verdad — eran simplemente sirope azucarado congelado en una bolsita alargada de plástico. Pero los adorábamos precisamente por eso: el azul eléctrico, el verde neón y el rojo brillante te teñían la lengua de colores imposibles. Cuanto más llamativo, mejor.

Télifagyi (el helado de invierno)

Aunque su nombre en húngaro significa literalmente "helado de invierno", este dulce retro relleno de crema de chocolate merece un lugar especial en cualquier lista noventera. Su textura única y su sabor intensamente dulce lo convirtieron en uno de esos caprichos que, una vez probados, nunca se olvidan del todo.

¿Cuál de estos dulces era tu favorito absoluto? Seguro que con solo leer el nombre ya te ha vuelto el recuerdo a la boca. La infancia sabía mejor cuando venía envuelta en papel de colores y costaba unas pocas monedas.

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