Bien Logo

Tres vidas o vidas infinitas: lo que los 90 nos enseñaron sobre el fracaso y la perseverancia

Szabó Erzsébet5 min de lectura
Compartir:
Tres vidas o vidas infinitas: lo que los 90 nos enseñaron sobre el fracaso y la perseverancia — Estilo de vida
En este artículo

A veces me cuesta saber si cuando recuerdo mi infancia lo que me llena de felicidad es simplemente esa sensación universal de seguridad que da la niñez, o si realmente había algo irrepetible en el pulso de los años 90. Algo que no se puede fabricar ni recuperar.

Lo que sí tengo claro es esto: en aquella época, nada parecía tan grave como para no poder superarlo con un poco de curiosidad y ganas de seguir adelante. Esa actitud ante la vida sigue definiendo a toda una generación.

Barro, kullancsok y libertad sin filtros

Cuando pienso en los campamentos de verano, me parece casi increíble —e inalcanzable hoy— el nivel de libertad y de vida sin red que teníamos. No importaban los rasguños en las piernas ni los pinchos en el pelo. La intensidad del momento lo borraba todo.

Por las noches nos quitábamos garrapatas los unos a los otros como si fuera lo más normal del mundo. Y cuando llegaba la tormenta, nos empapábamos hasta los huesos cavando zanjas alrededor de las tiendas para salvar algo de ropa seca. Nadie se quejaba. Nadie llamaba a sus padres.

Esos momentos no quedaron en la memoria como traumas, sino como victorias compartidas. Y aunque hoy muchos pasamos el día encerrados frente a pantallas —yo misma prefiero no mirar mi tiempo de uso del móvil después de un día duro—, en el fondo seguimos siendo esos críos en la zanja de barro que aprendieron que los problemas no se esquivan: se resuelven.

La escuela de las tres vidas

Nunca fui una gamer empedernida —y tampoco conocía a muchos que lo fueran en aquel entonces—, pero el contacto de nuestra generación con el mundo digital dejó una marca profunda en nuestra forma de pensar. Recuerdo perfectamente las horas perdidas dibujando en Paint con una precisión absurda, la tensión del Buscaminas, o la rabia contenida ante la imprevisibilidad del pinball.

Cuando luchaba en los niveles más difíciles de El Rey León o intentaba llevar a Mario a la meta, sabía exactamente lo que significaba que te aplastara un enemigo en el último momento. Y no había botón de guardar en cada esquina.

Si se acababan las tres vidas, vuelta al principio. Sin piedad. Sin atajos.

Ese sistema, sin que nos diéramos cuenta, nos enseñó a planificar, a reconocer patrones y a desarrollar una perseverancia que hoy es casi una rareza. Aprendimos a leer el juego, a anticipar el error, a intentarlo de nuevo con más información que la vez anterior.

Cuando el fracaso todavía era una oportunidad

Desde el punto de vista psicológico, es fascinante observar la diferencia entre nuestra generación y los jóvenes de hoy. Los juegos y aplicaciones modernas guían al usuario paso a paso, eliminan la frustración con guardados automáticos y ofrecen soluciones instantáneas. Nosotros, en cambio, nos criamos con el método de prueba y error.

Si algo no salía, lo dejábamos un rato. Pero después volvíamos, porque sabíamos que tarde o temprano lo conseguiríamos.

No había mapas online ni tutoriales en YouTube. Teníamos que usar nuestra propia cabeza para navegar los niveles y resolver los obstáculos lógicos. Y eso, como sabemos ahora, mejoró radicalmente nuestra tolerancia a la frustración. Aprendimos que perder no es el final del camino, sino parte del proceso de aprendizaje.

Para los hijos de las generaciones X e Y, el "Game Over" nunca fue el fin del mundo. Era solo un silencio breve antes de volver a pulsar Start. Asumimos que el éxito hay que ganárselo, y que el camino hacia la solución a veces está lleno de repeticiones aburridas y reintentos frustrantes.

Si te interesa cómo los videojuegos moldearon nuestra forma de pensar, quizás te sorprenda lo que la ciencia dice sobre los niños que jugaban a videojuegos.

Cada generación fue "la generación perdida"

Claro que, antes de caer demasiado en la autocomplacencia, conviene recordar algo: a nosotros también nos llamaron "generación perdida". Nuestros padres nos observaban con preocupación mientras pasábamos horas delante de la tele o nos perdíamos en los primeros ruidos de internet. Creían que los videojuegos nos harían violentos y que el mundo digital nos dejaría sin herramientas para vivir en el mundo real.

Y sin embargo, aquí estamos.

Hoy lanzamos esa misma crítica temerosa sobre las nuevas generaciones, cuando en realidad ellos también están construyendo sus propias respuestas ante un mundo que a nosotros nos parece vertiginosamente rápido. Puede que los jóvenes de hoy no reinicien algo cien veces seguidas, pero manejan la realidad con una empatía digital, un pensamiento sistémico y una conciencia global para la que nosotros ni siquiera teníamos palabras.

Nuestras "tres vidas" nos enseñaron a perseverar. Sus "vidas infinitas" quizás les enseñen a reinventarse sin límites y a adaptarse con una flexibilidad que nosotros todavía estamos aprendiendo.

Así que mi propuesta es esta: esperemos al final antes de juzgar. Al fin y al cabo, cada generación ha encontrado su propia manera de pulsar Start cuando la vida le gritaba "Game Over" y avanzar al siguiente nivel.

Lecturas relacionadas

5 formas de volver a sentir la magia de los veranos de tu infancia — Estilo de vida

5 formas de volver a sentir la magia de los veranos de tu infancia

Algo siempre falta en la vida adulta, aunque no sepas exactamente qué es. Este artículo te muestra cómo recuperar esa sensación de verano sin límites.

Farkas Margaréta
Los últimos veranos libres: por qué los niños de hoy ya no sabrán lo que era desaparecer todo el día — Familia

Los últimos veranos libres: por qué los niños de hoy ya no sabrán lo que era desaparecer todo el día

Crecimos con veranos sin GPS ni pantallas, libres de verdad. Hoy la tecnología les ha quitado a los adolescentes ese regalo: desconectar y vivir el momento.

Szabó Erzsébet
Heridas heredadas, amor y aceptación: lo que la 3ª temporada de 'Otro yo' me enseñó sobre soltar — Estilo de vida

Heridas heredadas, amor y aceptación: lo que la 3ª temporada de 'Otro yo' me enseñó sobre soltar

La serie 'Otro yo' no solo me entretuvo: me lanzó a un viaje interior de más de cien constelaciones familiares. Y su tercera temporada me reveló una verdad dolorosa.

Szabó Erzsébet
Enola Holmes no es solo la hermana de Sherlock: 5 lecciones de vida que nos deja — Estilo de vida

Enola Holmes no es solo la hermana de Sherlock: 5 lecciones de vida que nos deja

Enola Holmes es mucho más que una detective astuta: es una joven que busca su propio camino. Estas son las 5 lecciones que su historia nos deja a todos.

Nyul Debóra
Un día para ti sola: 5 planes que te harán feliz aunque no quedes con nadie — Estilo de vida

Un día para ti sola: 5 planes que te harán feliz aunque no quedes con nadie

Hay días en los que no tienes que ir a ningún sitio ni ceder ante nadie. Descubre 5 planes sencillos para que estar sola sea un día pleno y feliz.

Nyul Debóra
Vivo el verano a tope y aun así siento que me pierdo algo: esto es el FOMO — Estilo de vida

Vivo el verano a tope y aun así siento que me pierdo algo: esto es el FOMO

Aunque exprimo cada día de verano y no paro ni un momento, una sospecha me persigue: me estoy perdiendo algo importante. Esto es lo que aprendí del FOMO.

Szabó Erzsébet