El colchón es el mueble con el que más horas pasamos y el último al que miramos. Cambiamos las sábanas cada semana, aireamos la habitación, y sin embargo debajo hay una superficie que lleva años acumulando sudor, células de piel, polvo y algún accidente de un niño, de un perro o de una taza de té. La buena noticia es que limpiarlo no requiere productos raros. Requiere método y, sobre todo, no mojarlo más de lo necesario.
Yo lo hago dos veces al año, coincidiendo con los cambios de ropa de cama gruesa a fina. Un domingo por la mañana, con las ventanas abiertas, y para la tarde está listo.
Primero seco, siempre
Antes de tocar nada húmedo hay que quitar el polvo. Retira todo: sábanas, protector, almohadas. Pasa el aspirador por toda la superficie con la boquilla estrecha o el cepillo de tapicería, insistiendo en las costuras y los pliegues laterales, que es donde se acumula la mayor parte de la suciedad. Recorre en franjas, sin prisa, y haz también los cantos y la parte inferior si puedes girarlo.
Este paso solo ya cambia mucho las cosas, sobre todo si en casa hay alergias. Si empiezas mojando, lo que consigues es convertir ese polvo en barro dentro del tejido.
Las manchas, una a una y sin encharcar
Cada mancha pide una estrategia y todas comparten una regla: se trabaja desde fuera hacia dentro, con un paño ligeramente humedecido, y se seca a toques, nunca frotando en círculos.
Para manchas de sudor y esas aureolas amarillentas, funciona bien una pasta de bicarbonato con muy poca agua: se aplica, se deja secar del todo y se aspira. Para manchas orgánicas recientes (leche, orina infantil, sangre), lo primero es absorber con papel de cocina apretando, sin restregar, y después tratar con agua fría; el agua caliente fija ese tipo de manchas. Hay quien recurre a agua oxigenada de farmacia diluida para las más rebeldes, pero puede aclarar el tejido, así que pruébalo antes en una esquina escondida del colchón y no lo uses sobre fundas de color.
Lo importante: mínimo líquido. El colchón es una esponja gruesa y lo que entra tarda días en salir.
Desodorizar y secar del todo
Cuando las manchas están tratadas, espolvorea bicarbonato por toda la superficie con un colador para que quede fino y uniforme. Déjalo actuar al menos un par de horas, y si puedes toda la mañana, mejor. Absorbe humedad y olores. Después, aspíralo por completo, pasando dos veces por las zonas donde se haya apelmazado.
El secado es la parte que más gente se salta y la única realmente crítica. Ventana abierta, corriente de aire, y si tienes un ventilador, apuntándolo al colchón durante unas horas. Un colchón que se vuelve a vestir con humedad dentro huele mal a los pocos días y puede acabar con moho en el interior, que ya no se arregla.
Lo que evita tener que repetirlo
Un protector lavable es la inversión más rentable de un dormitorio: cuesta poco, va a la lavadora y evita el noventa por ciento del trabajo. Aparte de eso, gira el colchón cada pocos meses (de cabeza a pies, y si es de doble cara, también al revés), airea la cama sin hacer durante quince o veinte minutos al levantarte antes de estirar las sábanas, y no lo cubras con una colcha gruesa hasta que la humedad de la noche se haya evaporado.
¿Cada cuánto hay que limpiar el colchón a fondo?
Dos veces al año es un buen ritmo para la mayoría de las casas, y tres si duermen niños pequeños, mascotas o alguien que sude mucho por la noche. Entre limpiezas profundas basta con aspirar la superficie cada vez que cambies las sábanas, que son treinta segundos, y con lavar el protector con la ropa de cama.
¿Se limpia igual un colchón viscoelástico?
El proceso es el mismo, pero con todavía menos agua: la viscoelástica retiene humedad muchísimo más que la espuma tradicional o los muelles y tarda mucho en secar. Trabaja solo con un paño escurrido, olvídate de aparatos de vapor y de mojar la zona, y alarga el tiempo de secado con ventilador y ventana abierta antes de volver a vestir la cama.










