Hay lugares que no solo marcan un punto en nuestra lista de deseos, sino que también mueven algo dentro de nosotros. El glaciar Dachstein fue exactamente así para mí. No solo por su belleza impresionante, sino porque como alguien con vértigo me enfrentó a un desafío que creí que nunca aceptaría. Sin embargo, allí estaba en el verano de 2025, en Austria, frente al glaciar, con las piernas temblorosas pero el corazón abierto.
Un miedo antiguo que me detuvo por mucho tiempo
Siempre me encantó viajar y hacer senderismo. Desde niña me atraía la naturaleza, las montañas y descubrir nuevos lugares. Pero desde la escuela supe que tengo vértigo. Ese miedo “invisible” complicaba muchas excursiones y a veces me quitaba las ganas. Alturas, miradores, tramos empinados — muchas veces preferí evitarlos antes que enfrentar esa sensación.
“A pesar de todo” – cuando el miedo ya no decide
Con los años, algo cambió en mí. Cada vez más me decía: “a pesar de todo”. No porque no tuviera miedo, sino precisamente por eso. No quería que mis miedos definieran lo que puedo vivir o no.
El glaciar Dachstein fue la prueba perfecta: caminos en altura, un mirador de vidrio y vistas infinitas — y retos aún más atrevidos. Me atreví a subir la famosa “escalera hacia el vacío”, que literalmente se extiende sobre el abismo. También crucé el puente colgante que lleva al palacio de hielo del glaciar. Ambos fueron emocionantes y aterradores, pero la sensación de poder hacerlo fue increíble.
Panoramas inolvidables – Hallstatt y Kaprun
Pero en esos 3 días no solo el glaciar me regaló momentos especiales. En Hallstatt visitamos un mirador espectacular con vistas impresionantes al pueblo y al lago, bastante alto, donde mi vértigo volvió a ponerse a prueba. Aun así, subí, me detuve y disfruté el panorama.
En ese mismo viaje, en Kaprun recorrimos con más confianza los embalses de alta montaña. Las presas imponentes, las montañas que tocan el cielo y la belleza serena y majestuosa de los embalses crearon una sensación difícil de describir. Todo esto reforzó que superar el miedo y descubrir nuevas perspectivas van de la mano.
La enseñanza del glaciar Dachstein
Allí arriba, en el reino de la nieve y el hielo, entendí cuánto vale la pena luchar por una buena causa. El paisaje era casi indescriptible: blancura infinita, picos afilados, silencio y pureza.
Aunque el miedo seguía conmigo, ya no dominaba el momento. Este lugar me recordó que los límites muchas veces están dentro de nosotros, y que sí podemos expandirlos si lo que nos espera al otro lado es lo suficientemente importante.
Cumpleaños en las montañas
La experiencia fue aún más especial porque estaba allí justo en mi cumpleaños. Era el segundo año consecutivo que pedía una experiencia en lugar de un regalo material, y ahora sé que seguirá siendo así. Los recuerdos no se acumulan en el polvo, sino que siempre están ahí para darnos fuerza cuando la necesitamos.
Un impulso para el día a día
Estas excursiones no solo recargan, sino que también sostienen. En un día difícil, basta con recordar esa sensación: lo logré. Subí. Estuve allí. El glaciar Dachstein, la famosa “escalera hacia el vacío”, el puente colgante, el mirador de Hallstatt y los embalses de Kaprun no solo se convirtieron en destinos hermosos, sino en hitos internos.
Un recordatorio de que si tenemos un sueño, un lugar deseado o un buen objetivo, vale la pena intentarlo una y otra vez — incluso cuando tenemos miedo. De hecho, quizás es cuando más debemos hacerlo.











