Durante años pensé que descansar significaba reservar un hotel de spa cerca de casa, con un par de piscinas y una zona de saunas donde quitarnos el cansancio de la rutina.
Pero algo cambió. Después de unas cuantas experiencias —de viaje y de bolsillo— me di cuenta de que con el dinero de una escapada nacional podíamos vivir auténticas aventuras lejos de casa. Y así fue como pasamos del mundo sobrevalorado de los hoteles de bienestar a disfrutar una semana entera al sol de España, sorprendentemente barata.
Cuando descansar cerca de casa se convierte en lujo
Nuestra historia empezó cuando nuestra hija cumplió cinco años y por fin nos permitimos el lujo de volver a viajar solos, escaparnos de lo de siempre al menos un par de días. La espera no era por ella, sino por la clásica logística familiar: una pareja de abuelos sigue trabajando a día de hoy, y la otra ya es tan mayor que son ellos quienes necesitan nuestra ayuda.
Al final conseguimos organizarlo, y le tomamos tanto gusto a viajar que se ha vuelto una tradición: cada septiembre, con el calor del final de temporada, nos escapamos los dos al extranjero tres o cuatro días. Se ha convertido en una de las épocas más esperadas y queridas del año.
Antes de ser padres pasábamos muchísimo tiempo fuera, casi siempre por trabajo, pero siempre aprovechábamos para hacer rutas y excursiones. Luego la vida se interpuso: montar un hogar, las obras, formar una familia… todo nos mantuvo dentro de nuestras fronteras, y la pandemia solo lo agravó. Siempre había una excusa que parecía razonable para no salir.
El día que decidimos replanteárnoslo todo
El punto de inflexión llegó tras un fin de semana cerca de casa que nos hizo reflexionar sobre nuestras prioridades. Adorábamos esas escapadas de una noche, la calma de las piscinas climatizadas, pero en una de las últimas veces (hace ya muchos años) pagamos más de 350 euros por una sola noche, y ni de lejos hablábamos de un hotel de cinco estrellas.
Tuve que asumir que hoy esa cifra se considera prácticamente normal en el mercado nacional, cuando yo sabía perfectamente que con ese dinero, para dos personas, no era nada imposible pillar un buen vuelo de ida y vuelta a algún rincón de Europa.
Ahí decidimos que, a partir de entonces, abriríamos las puertas y buscaríamos experiencias más allá de las fronteras.
El spa nacional tiene su encanto innegable, pero nos dimos cuenta de que nosotros preferimos el descanso activo. Y para una sauna o un baño caliente nos basta cualquier tarde de invierno entre semana, sin salir de casa.
Comodidad y libertad en las calles mediterráneas
Aquella decisión resultó ser uno de los mejores pasos de nuestra vida, y desde entonces nos lanzamos a viajar al extranjero con mucha más valentía. Mucha gente teme que los apartamentos no ofrezcan suficiente comodidad, pero mi experiencia es que casi siempre encuentro alojamientos preciosos para dos por unos 60 o 90 euros la noche.
Ya me considero lo bastante mayor y experimentada como para no ceder en comodidad ni en limpieza, así que al buscar siempre presto especial atención a reservar en una zona céntrica y bien situada. Con esta táctica casi siempre nos ahorramos también el alquiler de coche, porque todo lo importante queda a poca distancia a pie o se llega en transporte público.
La costa española por el precio de un fin de semana largo en casa
Esta primavera, justo antes de la avalancha de la temporada alta de verano, nos pusimos un reto bastante grande: pusimos rumbo a España y, además de nuestra hija, nos llevamos a dos abuelos a la aventura mediterránea.
Para preservar la intimidad de todos, organizamos el alojamiento en la misma calle pero en dos apartamentos separados y amplios, y por comodidad alquilamos un coche para las excursiones. Cuando al final del viaje sumé los gastos, casi no daba crédito: con los vuelos, los alojamientos, el alquiler del coche, la gasolina y las entradas incluidas, el total salió a unos 460 euros por persona, para toda la semana.
Y todo esto con la playa de arena a apenas cien metros de nuestra puerta, visitando cada día al menos un lugar precioso —histórico o natural— de los alrededores que se nos quedó grabado para siempre.
La clave de los recuerdos inolvidables: planificar con cabeza
No me engaño ni quiero engañar a nadie: estos viajes no caen del cielo, porque detrás de un viaje barato y bien resuelto hay un trabajo logístico serio. Hay que dedicarle tiempo y energía, cazar vuelos a buen precio sin descanso y ser flexible.
Aunque en este viaje a España hasta reservamos asientos en el avión, equilibré los gastos buscando a conciencia lugares fascinantes y completamente gratuitos para visitar, que fueron mayoría durante el viaje. Y siempre intento ahorrar con inteligencia, pero nunca a cualquier precio: por los momentos inolvidables sacrifico encantada parte del presupuesto.
Esta forma de viajar con los ojos bien abiertos también funciona dentro del país, y seguimos disfrutando de las excursiones por aquí, pero últimamente siento que el mundo de los hoteles de spa nacionales se ha vuelto un poco sobrevalorado para nosotros. Para una familia activa y con ganas de mundo, sentarse al borde de una piscina simplemente no puede competir con la efervescencia cultural y la sensación de libertad que da descubrir un país o una región nuevos.
¿Realmente sale más barato una semana en España que un spa en casa?
En nuestra experiencia, sí. Una sola noche en un hotel de spa nos llegó a costar más de 350 euros, mientras que toda una semana en la costa española nos salió por unos 460 euros por persona, vuelos, coche y entradas incluidos.
¿Cómo conseguís precios tan bajos?
Con organización y flexibilidad: cazando vuelos baratos, reservando apartamentos céntricos por unos 60 a 90 euros la noche y eligiendo muchas atracciones gratuitas. Detrás de cada viaje económico hay un trabajo de planificación real.
¿Merece la pena alquilar un coche o es mejor evitarlo?
Depende del viaje. Reservando en una zona céntrica solemos ahorrarnos el coche porque todo queda cerca o se llega en transporte público. En el viaje a España sí lo alquilamos para tener libertad en las excursiones por los alrededores.
¿Los apartamentos son tan cómodos como un hotel?
Pueden serlo si eliges bien. Prestando atención a la limpieza y a una ubicación céntrica, es fácil encontrar alojamientos preciosos y cómodos sin renunciar a nada importante.











