Palomitas, correa y cine Marvel. Puede sonar raro al principio, pero en Inglaterra ya es casi normal: cada vez más cines ofrecen sesiones para perros. Un reportero de The Guardian se animó a probarlo y lo que vivió fue divertido, caótico y sorprendentemente emotivo.
Un domingo por la mañana, el cine es para los perros
Donde antes solo crujían palomitas y nachos, ahora también suenan patitas: el mundo del cine recibe nuevos visitantes. En Inglaterra, las sesiones pensadas para perros ganan popularidad, permitiendo que dueños y sus amigos peludos disfruten juntos, o al menos lo intenten.
Tim Dowling, periodista de The Guardian, empezó la aventura con bastante escepticismo. Su compañero fue Jean, un labrador mezcla un poco testarudo. El inicio no fue fácil: en el andén del metro, Jean dejó claro que no se movía. Finalmente, su dueño lo cargó para subir al tren, mientras los pasajeros observaban con sentimientos encontrados. Y eso fue solo el comienzo.
Cines dog-friendly: no es solo una moda pasajera
Según el reportaje, estas sesiones se popularizaron en Reino Unido especialmente tras la pandemia, cuando volvieron las actividades en comunidad. Por ejemplo, el Greenwich Picturehouse de Londres abre sus puertas una o dos veces al mes para los peludos.
La idea es sencilla y cuidadosa:
- se baja el volumen,
- las luces no se apagan por completo,
- se colocan mantas en las sillas para que los perros estén cómodos (sí, ¡en las sillas!),
- y la capacidad de la sala se reduce a la mitad.
¿El objetivo? Crear comunidad y ofrecer una experiencia cinematográfica que no se puede vivir de otra forma, ni para dueños ni para perros.
Una fotógrafa dice que es la pasión secreta de los británicos
La fotógrafa argentina Irina Werning también participó en el proyecto: pasó un mes documentando estas sesiones en Reino Unido. Cuenta que en otros países, como Francia, apenas hay uno o dos cines así, pero en Londres ya hay al menos 18 lugares con opciones “dog-friendly”.
Werning solo fotografiaba antes y después de la película para no interrumpir la experiencia ni molestar a los perros. Observó que en algunos lugares el público reía, ladraba y se emocionaba junto a la pantalla, especialmente cuando aparecían escenas con perros (como en las películas de Superman).
¿Pero realmente disfrutan los perros?
Según Tim Dowling, es una pregunta válida. Jean, tras la emoción inicial, las golosinas y algunos pequeños quejidos, simplemente se quedó dormido en la butaca. Su dueño no tardó en seguir su ejemplo.
Y aquí está la gran lección: la experiencia no se trata tanto de la película, sino de que dueño y perro compartan un espacio nuevo juntos. Como dijo uno de los asistentes: “Es más barato que una guardería para perros”.
Otros comentan que dejar a los perros solos les genera estrés, así que prefieren llevarlos, aunque no entiendan mucho de la película.
¿Y qué pasa con la compatibilidad entre perros?
Parece aterrador juntar treinta perros en una sala oscura, pero el ambiente es sorprendentemente tranquilo. Los perros suelen estar calmados y el público se comporta bien, incluso mejor que en sesiones solo para humanos.
“Nunca hemos tenido que intervenir por un conflicto serio”, dice Mike Miles, uno de los responsables del cine. “Los problemas suelen venir más de las personas que de los perros”.
Claro que ocurren incidentes menores. Tim y Jean tuvieron que irse a mitad de la función porque Jean se interesó demasiado en los juguetes de otro perro y enredó la correa en el tobillo de su dueño. Una escena clásica de cine.
Dueño y perro viven una experiencia única
El cine dog-friendly no es para todos y quizás no reemplace la experiencia clásica. Pero ofrece algo seguro: un momento especial, lleno de cariño y comunidad, donde humanos y perros pueden estar juntos.
Qué pasó al final con Los Cuatro Fantásticos quizá sea un misterio para siempre. Pero el tiempo compartido y esos recuerdos raros y entrañables ya forman parte del pequeño universo Marvel de cada dueño y su perro.











