Últimamente he leído y aprendido mucho, pero claro, cuanto más sé sobre las plantas, más me doy cuenta de lo poco que sé realmente. Sin embargo, a medida que amplío mi perspectiva, nuevos ingredientes llegan a mi cocina. Para mí, la conciencia no se trata solo de saber qué planta tiene menos carbohidratos, más grasas o cuándo es mejor comerla, por la mañana o por la noche.
He llegado a un punto en que, al preparar un plato, las plantas casi cobran vida en mis manos. Sé que añado una por sus propiedades antivirales y otra porque contiene un aminoácido que mejora la absorción de proteínas. No digo que esta conciencia sea imprescindible, pero sin duda ayuda mucho.
Aunque como de forma intuitiva, mantengo mi peso desde hace tiempo y desde que adopté una dieta basada en plantas, no he enfermado. Alguna vez sentí que me venía un resfriado, pero con la falta de sueño que me daba cuidar a mi hijo, ni energía para comer tenía — no es de extrañar que mi sistema inmunológico se debilitara.
Ahora, en plena temporada de ayunos primaverales, quiero presentarte uno de mis nuevos descubrimientos: el apio blanco. Sé que muchos ya lo consumen desde hace tiempo por su versatilidad, pero a mí no me encantaba su sabor. Sin embargo, elegí un plan basado en él para esta temporada y tuve que hacer las paces con su sabor. ¡Valió la pena!

En nuestro país, la raíz de apio se usa desde hace mucho y está en todas las verdulerías. Normalmente se añade en pequeñas cantidades a las sopas, pero en los últimos años se ha popularizado como crema o en bastones, como una alternativa baja en carbohidratos a la patata.
El apio blanco, o apio de tallo, no es la raíz lo que consumimos, sino los tallos. Estos suelen medir entre 30 y 40 cm, son más firmes y duros por fuera, y más suaves y frescos hacia el interior, con hojas tiernas.
El sabor del apio de tallo recuerda mucho al apio raíz, pero es más picante, ligero y refrescante. Pertenece a la familia de las umbelíferas, como el eneldo, el anís y el hinojo.
¿Por qué nos encanta tanto?
Muy bajo en calorías: Algunos adoran su sabor, otros, como yo, lo consumen por sus beneficios para la salud. Aunque su sabor puede dividir opiniones, sus efectos positivos son indiscutibles.
Es el favorito de quienes cuidan su dieta: solo tiene 16 calorías por cada 100 gramos, una cantidad mínima. Contiene 3,3 g de carbohidratos, 0,7 g de proteínas y 0,2 g de grasas. Es rico en vitaminas y minerales, y una fuente importante de antioxidantes, lo que lo convierte en un alimento muy denso en nutrientes.
Ayuda a hidratarte: Gracias a su alto contenido de agua, contribuye a la hidratación. Además, al igual que las bebidas deportivas, el tallo de apio contiene muchos electrolitos, pero en una forma natural y fácil de absorber por el cuerpo. También tiene un suave efecto diurético.
Apoya la desintoxicación: No es casualidad que el apio de tallo sea un ingrediente popular en ayunos y tratamientos. Estudios muestran que mejora la función hepática y reduce inflamaciones. Su efecto diurético ayuda a eliminar toxinas, contribuyendo al buen funcionamiento de los órganos internos.
Además, las fibras que contiene facilitan la digestión, apoyan el movimiento intestinal y la circulación en los intestinos, acelerando el metabolismo y reduciendo la hinchazón.
El apio blanco es definitivamente una planta que vale la pena incorporar a tu dieta, aunque no sea siempre, sí de vez en cuando. Seguro encontrarás la forma perfecta para que forme parte de tus platos.
¿Cómo prepararlo?
La mayoría consume el apio de tallo en jugos o batidos. Si no te gusta mucho su sabor, esta es una opción potente, especialmente solo. Para empezar, añade ingredientes que complementen su sabor, como jengibre, limón, plátano o pepino. Este último neutraliza y suaviza muy bien su sabor picante y marcado.
Crudo y cortado en rodajas, puedes añadirlo a cualquier plato, ya sea ensalada o guiso de verduras. Muchos lo disfrutan como snack para mojar, gracias a su textura crujiente, perfecta para eso.
Es mejor consumirlo fresco, pero también puedes asarlo de vez en cuando. Si optas por esta opción, coloca los tallos juntos y rellénalos con algún ingrediente. Otra alternativa es saltearlo o cocinarlo al vapor ligeramente; así obtendrás un sabor totalmente diferente.











