Cuando conocemos a alguien por primera vez, solemos formarnos una opinión basada en su apariencia, porque conocer su personalidad lleva más tiempo. Incluso en situaciones donde factores claros revelan la personalidad, nuestro instinto sigue dominando. Por ejemplo, se ha demostrado que un acusado con apariencia armoniosa suele recibir una condena menor o que un anfitrión con mejor aspecto puede pedir un alquiler más alto.
Desafortunadamente, los juicios basados en la apariencia suelen ser erróneos. La mayoría cree que puede evaluar con precisión la personalidad de alguien por su aspecto, pero generalmente no es así.
¿Realmente interpretamos bien las señales?
El Dr. Bastian Jaeger, investigador de la Vrije Universiteit Amsterdam, estudió esto. Descubrió que la apariencia del rostro es lo que más influye cuando intentamos definir rasgos de personalidad, mucho más que el comportamiento.
Al formarnos una opinión sobre alguien, consideramos tres aspectos: moralidad, competencia y habilidades sociales. En otras palabras, nos interesa qué tan confiable, inteligente y sociable es esa persona.
Los estudios muestran que la gente cree que puede juzgar mejor la sociabilidad por la apariencia facial. Intentamos predecir si alguien es agradable y amistoso solo con su rostro.
En una simulación de entrevista de trabajo, los participantes eligieron candidatos que consideraban amigables y simpáticos, porque buscaban ese tipo de personalidad para el puesto. La mayoría basó su elección en la apariencia externa. Podemos imaginar que en la vida real también sucede que solo la apariencia decide quién es apto para un trabajo.

¿Pero por qué pensamos así?
Las habilidades sociales están relacionadas con cómo expresamos nuestras emociones y respondemos a las de otros. Generalmente creemos que la expresión emocional se refleja en lo externo, y pensamos que es fácil juzgar rasgos sociales porque solo hay que buscar señales emocionales en el rostro.
Creemos que leemos al instante en el rostro de las personas qué tan entusiastas, amigables y abiertas son.
Pero a menudo solo seguimos las apariencias y tendemos a juzgar con sesgo. Suponemos que los rasgos simétricos y una sonrisa bonita indican a alguien agradable, sociable y amable, aunque la personalidad real puede ser muy diferente. Estos errores pueden llevarnos a decisiones equivocadas sobre las personas, por eso vale la pena conocerlas mejor y no juzgarlas solo por su aspecto.











