La verdad es que aprendemos a amar, pero casi nunca nos enseñan cómo dejar ir a alguien. Por eso, instintivamente nos aferramos a todo lo que nos da un poco de seguridad, aunque a largo plazo nos tire hacia atrás.
1. No hablas de la ruptura con nadie

Quizá te da vergüenza o no quieres hacer oficial lo que pasó. Tal vez decir "se acabó" sería demasiado doloroso, porque entonces sí que se termina todo. Así que prefieres guardarlo para ti, fingir que todo está bien y no compartir con nadie lo que sientes.
El aislamiento puede parecer cómodo al principio, pero a la larga solo profundiza el dolor. Tus amigos y familia no curarán tu corazón por ti, pero pueden hacer el camino más llevadero. Abrirte aunque sea con una sola persona puede ser un gran alivio.
Consejo: Si te cuesta hablar, basta con decir: "Acabamos de romper, no quiero entrar en detalles aún, pero quería que supieras que estoy pasando por un momento difícil". Eso puede ser suficiente para empezar a sanar.
2. Te ocupas demasiado

Muchos se refugian en el trabajo o en actividades: dices que sí a todo, siempre estás haciendo algo para no quedarte solo con tus pensamientos. Esta estrategia funciona un tiempo, porque es mucho más agradable estar ocupado que llorar solo en el sofá.
Pero si siempre huyes de tus emociones, ellas te alcanzarán poco a poco, quizá justo cuando menos lo esperes.
Consejo: Los planes y los amigos son importantes, pero también lo es darte tiempo para el duelo. Si hace falta, reserva un "momento para llorar" cada día, aunque sean solo 15 minutos para sentir lo que necesites. No es debilidad, es sanación.
3. Esperas que tu ex te "cierre" el capítulo

Muchos piensan que si tuvieran una conversación sincera más, sería más fácil cerrar todo. Que si por fin les dijeran por qué pasó lo que pasó, o pidieran perdón, ya no dolería.
Pero el cierre rara vez llega como lo imaginamos. Puede que tu ex nunca responda o no explique las cosas como tú necesitas. Y aunque diga la verdad, eso no borrará el dolor ni las preguntas de "qué hubiera pasado si" de un plumazo.
Consejo: El cierre no viene de afuera. No viene de tu ex, sino de ti. Cuando empieces a reflexionar por qué no funcionó la relación, qué te dolió, qué faltó y qué sería mejor para ti en el futuro, poco a poco te darás la paz que antes esperabas de fuera.
4. Repites una y otra vez lo que pasó en tu mente

Revives la última pelea, relees el mensaje de despedida, te preguntas una y otra vez (o a tus amigos) "¿fui yo quien lo arruinó?". Al principio es normal, porque intentamos entender qué pasó. Pero cuando llevas días o semanas dando vueltas a lo mismo, no es procesamiento, es tortura.
Consejo: En vez de analizar los hechos concretos, observa cómo te sentiste en ellos. ¿Te sorprendió la ruptura? ¿Te enfada que no lo hablara antes? ¿Te decepciona que haya seguido adelante tan rápido? Esas emociones son más importantes que las palabras exactas, porque de ellas aprendes y te acercan a la persona que quieres ser.
5. Explicas su comportamiento en vez de sanar tú

Quizá aún quieres protegerlo, porque no era una "mala persona", solo... pasó por muchas cosas. Cuando tus amigos recuerdan lo hiriente que fue contigo, tú buscas excusas: "Sí, pero tuvo una infancia difícil" o "Es ansioso, no pudo comportarse mejor".
Ser empático es bueno, pero no debes pasarte de la raya. Si encuentras excusas para todo, acabarás subestimando tus propios sentimientos. Y eso solo te hace daño.
Consejo: Está bien entender por qué tu ex actuó así, pero que puedas explicarlo no significa que debas aceptarlo. Enfócate en cómo te afectó ese comportamiento. Por ejemplo: "Puede que no quisiera hacerme daño, pero aun así me sentí muy sola a su lado." Este cambio de perspectiva te ayuda a reenfocar en ti y en lo que necesitas para sanar.











