Koro
Koro es un trastorno psicológico donde la persona cree que su pene se está encogiendo o retrayendo dentro del cuerpo. Afecta a hombres chinos y suele ir acompañado de pánico y miedo a la muerte. En su cultura, creen que las prácticas sexuales consideradas poco saludables o anormales alteran el equilibrio del yin y yang.
Estas prácticas “anormales” incluyen la masturbación o el sexo con prostitutas, ya que solo consideran normal la relación entre marido y mujer. La mayor epidemia de Koro ocurrió en Singapur en 1967.
Gururumba
El Gururumba afecta a los hombres casados de Papúa Nueva Guinea. También llamado “síndrome del hombre salvaje”, provoca comportamientos muy específicos e inexplicables.
Bajo su influencia, los maridos se vuelven hiperactivos, torpes y casi ininteligibles al hablar. Roban objetos que consideran valiosos de casas y chozas vecinas, aunque en realidad son cosas sin valor. Luego desaparecen por días en el bosque y al volver no recuerdan nada.
Wendigo
Quizá hayas oído hablar de esta psicosis, que aparece en varias películas. Quienes la padecen se convierten en caníbales. Se observó principalmente entre indígenas, cuando comenzaron a desear carne humana. Curanderos indígenas y médicos occidentales intentaron tratarla con sus propios métodos.
En casos donde no se pudo curar y el paciente se volvía violento y amenazante, simplemente lo ejecutaban.
Shenkui
Otra locura con raíces en la cultura china. El paciente sufre insomnio y, cuando duerme, tiene pesadillas, pánico y ansiedad constante. Otros síntomas son mareos, dolor de espalda, cansancio y debilidad sin causa física.
Algunos médicos creen que aparece cuando la persona tiene sexo o se masturba en exceso, causando pérdida de esperma. En China temen mucho esta pérdida, ya que el esperma simboliza vida y energía. Shenkui refleja el miedo a perder vitalidad.
Berzerker
El Berzerker afectó a los pueblos nórdicos. La furia no solo surgía en batalla, sino también durante trabajos físicos, llevando a los hombres a realizar hazañas sobrehumanas.
Los síntomas comenzaban con temblores y dientes castañeando, seguidos de enrojecimiento facial. Luego, el paciente se volvía irritable y comenzaba a gritar como un animal salvaje. Durante estos episodios mordían el borde de su escudo y atacaban a cualquiera en su camino. Tras la crisis, quedaban débiles y aturdidos por días.











