Para algunos, la monogamia es como comer tarta todos los días: exquisita al principio, pero inevitablemente te cansas. Hay quienes llegan a esa conclusión de golpe, y quienes tardan años en admitirlo. Estas son sus historias.
Desde siempre
Ya sabía que era poliamorosa antes de que esa palabra existiera en el vocabulario cotidiano. Tenía 15 años cuando me enamoré al mismo tiempo de un compañero de clase y de un amigo de mi hermano. Salía con el segundo, pero un día el primero me acompañó a casa y terminamos cogidos de la mano, besándonos.
Cuando se lo conté a mis amigas, me dijeron que eso "no existía" y que estaba mal. Tardé años en aceptarme. Fue en el último año de universidad cuando conocí a una chica que lo entendió todo. Me dijo que tenía demasiado amor dentro como para dárselo a una sola persona, y esa frase lo cambió todo. Hoy, seis años después, vivo abiertamente en una relación poliamorosa y no me arrepiento de nada.
¿Y qué tal lo pasaste?
Un día mi novia me confesó que había estado con alguien en una fiesta. Mi reacción fue: "¿Ah sí? ¿Y lo pasaste bien?" En ese momento entendí que yo nunca había sido monógama de verdad. En el fondo, creo que nadie lo es del todo. Simplemente, hay quienes no se lo admiten.
Dimensiones que se abren
Cuando empecé a salir con mi novia —que también es bisexual— fue completamente natural que ninguna de las dos quisiera limitarse emocional ni físicamente. No hubo que negociarlo. Simplemente, así éramos las dos, y encajamos de una forma que nunca había sentido antes.
La noche que lo cambió todo
Crecí en una familia religiosa y me casé joven, con 19 años. Mi marido y yo fuimos los primeros el uno para el otro. Durante los dos primeros años fuimos soltando poco a poco los tabúes que nos habían inculcado, y fue liberador.
Fui yo quien se fue con otra persona en el tercer año. Una noche de fiesta, con unas copas de más, acabé con un chico. Fue una experiencia completamente distinta a todo lo que conocía. Al día siguiente llegué a casa y se lo conté a mi marido, no con culpa, sino con una especie de claridad nueva: "Árpi, los dos necesitamos explorar. Cada persona es un mundo completamente diferente."
Seguimos viviendo juntos dos años más, pero ya solo como compañeros de piso y amigos. A veces compartíamos anécdotas de nuestras experiencias con naturalidad. Luego nos divorciamos. Él volvió a casarse y dice que es feliz. Yo me alegro por él. Pero sé con certeza que para mí no hay vuelta atrás a la monogamia.
Lo que nunca entendí
Cada vez que la gente hablaba de infidelidades, yo no terminaba de entender el drama. ¿Por qué duele tanto que tu pareja lo haya pasado bien con otra persona? Siempre me pareció algo casi antinatural sentir esa posesividad. Nunca lo he podido comprender del todo.
El alivio de encontrar un nombre
En todas mis relaciones, inevitablemente, empezaba a sentir algo especial por otras personas al mismo tiempo. Durante años pensé que algo fallaba en mí. Fue un alivio enorme cuando por fin encontré la comunidad poliamorosa y me di cuenta de que no estaba roto. Solo era diferente, y eso estaba bien.
Sin dramas ni celos
Hubo una época en que vivía en una casa con dos chicos y dos chicas, y todos teníamos algún tipo de vínculo con todos. Sin celos, sin conflictos, con una convivencia sorprendentemente armoniosa. Fue como pasar de un nivel básico de relación a algo más maduro y consciente. Nunca me había sentido tan libre.
Claustrofobia emocional
Desde los 13 años, la sola idea de la monogamia me resultaba asfixiante. ¿Comprometerte con una sola persona para siempre, sin poder mirar a nadie más? Me parecía absurdo. Sigo pensando que solo una pequeña fracción de las parejas lo vive de verdad así, y no solo por obligación social.
La clave está en la comunicación. Yo se lo digo desde el principio a cualquier mujer con quien salgo. Algunas dicen que no es lo suyo, y lo respeto. Otras lo intentan y descubren algo nuevo sobre sí mismas. De hecho, dos mujeres en mi vida me han dicho que gracias a mí se dieron cuenta de que ellas tampoco eran monógamas. Si soltáramos los condicionamientos sociales obsoletos, creo que muchos seríamos más felices.
Distintas visiones del amor
Una vez intenté explicarle a mi pareja de entonces que podía haber pasado toda la noche coqueteando, bailando y besando a otra persona, y aun así seguir locamente enamorada de él. Pensé que lo entendería. Se enfadó muchísimo. Para él, la monogamia no era la muerte de la pasión, sino todo lo contrario. Y ahí estaba la diferencia fundamental entre los dos.
Quizás la pregunta no es si la monogamia es mejor o peor, sino si es honesta contigo mismo. ¿Lo es?











