Aunque la versión con tomate y mozzarella nació en Nápoles durante los siglos XVIII y XIX, ya en la antigua Roma existían panes planos que son antecedentes directos de la pizza actual.
Los romanos disfrutaban de panes planos horneados en horno y sazonados, que se vendían en las calles y en los thermopolium, lugares donde los transeúntes compraban comida rápida. Estos panes servían tanto como alimento como “plato” para diferentes toppings.
A pesar de su sencillez, estos panes eran muy versátiles: se acompañaban con frutas, aceitunas, especias, quesos o incluso con la antigua salsa de pescado garum. En las mesas de las clases más acomodadas, a veces aparecían como postre, mostrando que el pan plano ya era un lienzo para la creatividad culinaria.
Ingredientes y técnica
La masa del pan plano romano se hacía con harina, agua, sal, aceite de oliva y masa madre. Entre los cereales usados estaban el espelta, el trigo duro y el alakor, que aportaban texturas y sabores distintos a las harinas blancas actuales. La cocción se realizaba en horno de leña, muy similar a la técnica de la pizza napolitana de hoy.
La variedad de toppings y condimentos ya era impresionante en la antigüedad. El garum era un condimento casi universal, usado tanto en combinaciones dulces como saladas. Frutas, semillas, especias y quesos enriquecían estos panes, haciendo que el antecesor de la pizza fuera un espacio para la creatividad y la mezcla de sabores.

Fuentes arqueológicas y escritas
Hoy podemos aprender sobre la cocina romana a través de varias fuentes. Los frescos de Pompeya, por ejemplo, muestran con detalle panes planos similares a la focaccia, cubiertos con frutas, especias y cremas. Estas imágenes se acercan mucho a lo que hoy llamamos pizza, aunque difieren en forma e ingredientes.
El libro de cocina De re coquinaria de Apicio contiene cientos de recetas que revelan los sabores y técnicas típicas de la cocina romana. El uso frecuente del garum, diversos aceites de oliva y diferentes cereales muestra la creatividad en sabor y textura que tenían los romanos.
La pizza como fenómeno social
Curiosamente, el pan plano romano no solo era comida, sino que cumplía un rol social y funcional. En las mesas de las clases altas se servía con toppings especiales, mientras que en los thermopolium callejeros se consumían versiones más simples y cotidianas. Usar el pan como “plato” hacía que la comida fuera práctica y disfrutable al mismo tiempo.
Esta dualidad —sencillez y creatividad— definió también la historia posterior de la pizza, cuando en los siglos XVIII y XIX los pizzeros napolitanos empezaron a combinar ingredientes y técnicas locales.

Recetas antiguas en la cocina moderna
Recrear la pizza antigua sigue siendo un reto hoy. Algunos locales modernos, como el Neverland en Budapest, han experimentado con versiones basadas en panes planos romanos. La masa se fermenta lentamente con masa madre y los toppings evocan el gusto de la aristocracia romana: crema de aceitunas, carne confitada, piñones tostados y reducciones frutales. No llevan tomate ni mozzarella, buscando preservar la autenticidad histórica y el sabor original.
Estos experimentos nos recuerdan que la pizza no es solo un invento napolitano, sino el resultado de una larga evolución que va desde la antigua Roma hasta los restaurantes actuales.
La pizza como viaje histórico
La pizza romana antigua no es solo comida, sino un legado cultural: un pan plano sabroso donde la vida cotidiana y la experimentación en sabores ya se encontraban hace 2000 años. Recrear esos sabores nos permite conocer no solo la receta, sino también el estilo de vida y las costumbres de aquella época. Así, cada bocado de pizza se convierte en un pequeño viaje en el tiempo, mostrando cómo la comida y la cultura siempre han ido de la mano en la vida humana.











