Hubo una época en la que pedir un café se resumía en una sola pregunta: ¿con o sin cafeína? Hoy vivimos rodeados de siropes, leches vegetales y hasta toques salados. Pero la última tendencia que está incendiando las redes no nació en ningún laboratorio moderno: viene directa de la cocina de las abuelas italianas.
Se llama zabaglione al caffè, o más sencillamente, café con huevo italiano. Mientras muchas modas gastronómicas van y vienen, esta delicia cremosa ofrece tres cosas a la vez: un lujo asequible, un buen aporte de proteínas y un truco genial para domar el amargor natural del café.
De un huevo a una experiencia de cafetería de lujo

La historia de este café se remonta siglos atrás. Nació en la Italia rural, en una época en la que los huevos frescos eran fáciles de conseguir gracias a las gallinas de corral, mientras que los lácteos comprados en tienda —incluida la nata— resultaban caros o casi imposibles de encontrar.
Sin nata a mano, aquellas familias enriquecían y endulzaban su café de la mañana con yema de huevo y azúcar. Un gesto humilde que, con el tiempo, se convirtió en un pequeño ritual de placer.
Aunque su concepto recuerda mucho al famoso café con huevo vietnamita (cà phê trứng), la versión italiana mantiene fielmente, tanto en textura como en preparación, las bases de un clásico de la repostería: el zabaglione.
Cómo se prepara: la receta base con solo 3 ingredientes
La genialidad de esta receta está en su sencillez. Solo necesitas tres ingredientes y unos cinco minutos:
- Pon en un bol o en un tarro de cristal 1 yema de huevo y, al gusto, entre 1 cucharadita y 1 cucharada de azúcar.
- Empieza a batir con fuerza. Tras unos 5 minutos a mano (o mucho menos si usas batidora de mano), la mezcla pasará de un amarillo intenso a un tono pálido, espeso y cremosamente espumoso.
- Incorpora esa crema sedosa a 1 o 2 cafés espresso recién hechos.
El resultado es una bebida increíblemente densa y aterciopelada, en la que la emulsión de huevo y azúcar absorbe por completo el amargor del café.

Trucos para prepararlo perfecto (y seguro) en casa
Aunque la receta es muy fácil, merece la pena seguir algunos consejos de los expertos para conseguir un resultado de máxima calidad y, sobre todo, seguro.
Cuida la seguridad alimentaria. La temperatura del café no es lo bastante alta como para cocinar el huevo (algo afortunado, porque un café con sabor a tortilla no lo quiere nadie). Por eso, para evitar el riesgo de salmonela, utiliza huevo pasteurizado.
Apóyate en la tecnología. Si no te apetece batir varios minutos a mano, una batidora de mano o un espumador potente hacen el trabajo duro en segundos.
Conviértelo en postre. Como esta bebida usa prácticamente la crema clásica del zabaglione como base (donde el espresso sustituye al tradicional vino de Marsala), funciona de maravilla como broche final de una cena elegante. Sírvelo con biscotti italianos o unas galletas de mantequilla para mojar.
Versiones con leche y con alcohol. Si eres más de cortado o capuchino, añade leche vaporizada a la base de huevo y espresso. Y si lo que buscas es un cóctel para la noche, con un chorrito de vodka o licor de café conseguirás una dimensión nueva y cremosa del Espresso Martini.
¿Por qué funciona?
Las grasas y proteínas de la yema fijan los taninos del café, responsables de ese sabor amargo y astringente. Gracias a esto, el café con huevo puede resultar sorprendentemente suave y delicioso incluso para quienes normalmente encuentran el café tradicional demasiado fuerte o amargo.
¿Qué es exactamente el zabaglione al caffè?
Es un café cremoso de origen italiano que mezcla yema de huevo batida con azúcar y espresso recién hecho. Su textura densa y aterciopelada recuerda a la del postre clásico zabaglione.
¿Es seguro tomar café con huevo?
Sí, siempre que uses huevo pasteurizado. El café no alcanza la temperatura suficiente para cocinar la yema, por lo que el huevo pasteurizado es la mejor forma de evitar el riesgo de salmonela.
¿Por qué el café con huevo no sabe amargo?
Porque las grasas y proteínas de la yema fijan los taninos del café, que son los que provocan el sabor amargo y astringente. El resultado es una bebida mucho más suave.
¿Puedo servirlo como postre?
Por supuesto. Al estar basado en la crema del zabaglione, queda perfecto como final de una cena elegante, acompañado de biscotti o galletas de mantequilla para mojar.











