El calabacín parece una verdura discreta, casi aguada, pero cuando lo tratas bien es capaz de sorprenderte. Con un poco de maña puedes convertirlo en una salsa cremosa para pasta, en una ensalada crujiente o incluso en unas hamburguesas vegetales, y todo sin renunciar a esa sensación ligera y veraniega que apetece en pleno calor.
Por qué merece la pena apostar por el calabacín ahora
En verano, el calabacín es una de las verduras más baratas y frescas que puedes encontrar. Y lo mejor: apenas da trabajo. No hay que pelarlo, se cocina en un momento y combina prácticamente con todo.
Además es muy fácil de digerir y tiene un alto contenido de agua, así que no sobrecarga el estómago aunque aprieten los días de más bochorno. Si estás cansada de servirlo siempre como guarnición, ha llegado el momento de darle el papel principal.
Pasta cremosa de calabacín sin nata
Esta receta es para quienes adoran la sensación de una pasta cremosa, pero prefieren saltarse la nata pesada. El truco está en cortar el calabacín en dados pequeños y rehogarlo en aceite de oliva con un diente de ajo hasta que quede tierno.
Después solo tienes que triturarlo con la batidora junto con un poco del agua de cocción de la pasta y parmesano rallado, hasta lograr una crema suave. Si la salsa te queda demasiado líquida, un puñado extra de queso siempre ayuda a espesarla. Al emplatar, un poco de pimienta recién molida y ralladura de limón le dan ese carácter fresco de verano.
Calabacín gratinado en versión ligera
Los gratinados clásicos suelen resultar demasiado pesados en verano, pero basta un pequeño cambio: sustituye la bechamel por una salsa más ligera mezclada con yogur.
Corta el calabacín a lo largo en láminas, espolvoréalo con un poco de sal y déjalo reposar unos minutos para que suelte el exceso de agua; luego sécalo con papel de cocina. Así el resultado no queda aguado, sino en capas bien definidas. Puedes montarlo con carne picada o, en versión vegetariana, simplemente con una base de tomate.
Si te gustan las recetas que aligeran los platos de siempre, seguro que encuentras otras ideas veraniegas que se preparan en un momento.
Calabacín a la plancha con aceite de oliva especiado
Cuando lo único que quieres es una guarnición rápida y lista para servir, el calabacín a la plancha es imbatible. Córtalo en láminas finas, píntalo con un poco de aceite de oliva y en pocos minutos estará hecho, ya sea en una sartén-grill o en la barbacoa del jardín.
El secreto está en el aceite especiado: mezcla aceite de oliva con tomillo fresco, unas gotas de zumo de limón y una pizca de guindilla, y pincela con él las láminas una vez cocinadas. Está delicioso solo, pero servido sobre una bruschetta o pan tostado se convierte en un entrante veraniego de diez.
Hamburguesas de calabacín que de verdad se sostienen
Mucha gente tiene miedo de las hamburguesas de calabacín porque se deshacen al cocinarlas, pero la razón es sencilla: no se escurre bien la verdura.
Ralla el calabacín, sálalo, déjalo reposar diez minutos y luego escurre bien todo el líquido con las manos o con un paño de cocina; así la masa quedará mucho más estable. Después mézclalo con copos de avena o pan rallado, un huevo y queso rallado, y dale forma de pequeñas tortitas.
Dóralas en la sartén con un poco de aceite y sírvelas con una salsa de yogur y ajo: hasta los más carnívoros repetirán.
Calabacín crudo en ensalada
No siempre hace falta cocinarlo: cortado en láminas muy finas, el calabacín crudo sustituye de maravilla a las bases de ensalada de siempre. Alíñalo con zumo de lima, aceite de oliva, un poco de sal y menta fresca, y tendrás una guarnición ligera y crujiente que combina a la perfección con carnes o pescados a la plancha.
Si quieres darle un extra de proteína, añádele un puñado de semillas tostadas o unos dados de queso feta.
¿Hay que pelar el calabacín antes de cocinarlo?
No hace falta. Una de las ventajas del calabacín es precisamente que no necesita pelarse, lo que ahorra tiempo y trabajo en la cocina.
¿Cómo evitar que el calabacín suelte demasiada agua?
El truco es cortarlo o rallarlo, espolvorearlo con sal y dejarlo reposar unos minutos para que suelte el exceso de líquido. Luego basta con secarlo con papel de cocina o escurrirlo bien con un paño.
¿Se puede comer el calabacín crudo?
Sí. Cortado en láminas muy finas y aliñado con lima, aceite de oliva y menta, resulta una base de ensalada ligera y crujiente, ideal para acompañar carnes o pescados a la plancha.
¿Por qué se deshacen las hamburguesas de calabacín?
Casi siempre porque la verdura conserva demasiada agua. Si rallas el calabacín, lo salas y escurres bien el líquido antes de mezclarlo con el huevo y el pan rallado, la masa se sostiene mucho mejor.











