Hay un tomate que solo necesitas cortar, salar y regar con un chorrito de aceite de oliva para sentir de golpe el sabor del verano. No hace falta receta ni complicaciones: por sí solo es tan jugoso que sería una pena disfrazarlo.
El tomate de verano ofrece una experiencia completamente distinta a la que conocemos el resto del año. En estas semanas, en los mercados y en las huertas conviven las variedades carnosas, jugosas, diminutas, amarillas, rojas y de colores sorprendentes. Merece la pena aprovechar este breve momento, porque es justo ahora cuando el tomate fresco está en su mejor punto.
Pero ¿cómo reconocer uno realmente bueno? ¿Qué variedad conviene para cada plato? ¿Y qué hacer con él en casa para que conserve su sabor el mayor tiempo posible?
No da igual qué tomate elijas
Entre unos tomates y otros puede haber diferencias enormes de sabor y textura. Por eso vale la pena pensar, ya en el momento de comprar, qué vas a preparar con ellos.
El cherry y el cóctel: pequeños, dulces y versátiles
Los tomates pequeños suelen ser más dulces, y por su tamaño resultan ideales para ensaladas, bocadillos o simplemente para picar tal cual.
Si no te apetece complicarte con la cena, un cuenco de tomates cherry, unas rebanadas de pan fresco, algo de queso y unas hierbas ya son un plan estupendo por sí solos.
El tomate en rama, mediano y para todo
El tomate mediano y redondo es una buena apuesta si quieres una sola variedad que sirva para varios platos. Va bien en ensalada, en bocadillo y también para cocinar.
El tomate pera brilla en los platos cocinados
Su forma alargada lo delata a la primera. Es más carnoso y rinde muy bien en muchos platos, así que es la elección perfecta para salsa de tomate, sopas, guisos o recetas al horno.
El tomate de ensalada, en su punto cuando se corta en rodajas
Grande, carnoso y jugoso, permite cortar rodajas gruesas y bonitas. Es especialmente bueno para bocadillos, hamburguesas o una sencilla ensalada de tomate.
El tomate antiguo: que su aspecto no te engañe
Entre las llamadas variedades tradicionales o "de siempre" encontrarás muchas piezas de forma irregular. Pueden ser amarillas, anaranjadas, verdosas, rosadas o de tonos más intensos.
No pasa nada si no son perfectamente redondas: en este tipo de tomate la forma regular no es lo importante. Al comprarlo, fíjate más bien en que se vea fresco, sano y maduro.
Cuatro cosas que conviene comprobar al comprar
No hace falta apretar toda la caja para dar con un buen tomate. Con unos gestos sencillos puedes averiguar mucho sobre él.
1. Levántalo
Un buen tomate pesa más de lo que su tamaño hace pensar. Suele ser señal de que tiene mucho jugo dentro.
Sujétalo con suavidad: debe notarse firme, pero no completamente duro. Si está demasiado blando y tu dedo deja marca, probablemente ya esté pasado.
2. Huélelo por el tallo
Este truco revela sorprendentemente mucho. El tomate maduro tiene un aroma característico, fresco y ligeramente dulce.
Si casi no hueles a nada, es poco probable que su sabor sea especialmente intenso.
3. Mira la piel
La piel de un tomate fresco debe estar intacta y de color vivo. Los golpes grandes, las grietas profundas, las zonas arrugadas o las manchas extrañas no prometen nada bueno.
Eso sí, un tomate especial de forma irregular no hay que devolverlo enseguida a la caja. La forma natural no es un defecto.
4. No tengas miedo de experimentar
Si hasta ahora siempre comprabas el mismo tomate rojo, este año prueba otra variedad. El color y el tipo también influyen en el sabor, y es muy posible que un tomate amarillo o naranja se convierta en tu nuevo favorito.
No metas el tomate en la nevera por costumbre
Esta es una de las reglas más importantes si quieres conservar su sabor fresco.
Al tomate entero le sienta mejor la temperatura ambiente, así que déjalo en la encimera o en otro sitio protegido de la luz directa del sol. Un entorno demasiado frío puede empeorar su textura y su aroma.
Una vez cortado, sí conviene guardarlo en la nevera y, a ser posible, consumirlo en uno o dos días.
Si el tomate que compraste todavía está duro y verde, no esperes a que ablande en la nevera: déjalo madurar a temperatura ambiente. Y si quieres acelerar el proceso, puedes meterlo en una bolsa de papel junto a un plátano.
Los mejores tomates no necesitan recetas complicadas
En verano, complicar el tomate es un error: fresco y con unos pocos ingredientes ya está espectacular. Si te interesa comer bien sin dar mil vueltas, echa un vistazo también a nuestras ideas de cenas ligeras y sencillas.
Corta un tomate maduro y carnoso, espolvorea un poco de sal, añade unas gotas de aceite de oliva y ya tienes uno de los entrantes de verano más fáciles.
Si tienes albahaca fresca y una rebanada de pan crujiente, puedes llevarlo un paso más allá. Funciona igual de bien con feta, mozzarella, un queso suave o incluso con un poco de pimienta recién molida.
Un buen tomate no necesita mucho: bastan unos pocos ingredientes sencillos para que su sabor luzca de verdad.
En ensalada, déjalo brillar
La ensalada de tomate tampoco hay que complicarla. Pero con varios tipos de tomate gana muchísimo: junto a las rodajas grandes y carnosas puedes sumar unos cuantos cherry dulces.
Le van muy bien la cebolla morada, el pepino, la albahaca fresca u otras hierbas. Para el aliño puede bastar con aceite de oliva, un poco de vinagre o zumo de limón, sal y pimienta recién molida.
Merece la pena dejarla reposar unos minutos: con el jugo del tomate y el aliño se forma de manera natural una salsa deliciosa.
Para cocinar, busca las piezas más carnosas
Si vas a preparar salsa, sopa de tomate o pisto, ya no importa tanto que el tomate esté perfectamente crujiente.
Las variedades más carnosas suelen ser más prácticas en estos casos. Con el calor se ablandan y su sabor se vuelve más concentrado. También puedes asarlo al horno: con un poco de aceite de oliva, ajo y hierbas frescas adquiere un carácter completamente distinto.
Y a las piezas muy maduras no las esquives durante días en la encimera. Si ya no te apetece comerlas frescas, conviértelas en salsa, sopa o pisto.
Ahora es el momento de que deje de ser un secundario
Una de las mejores partes de la temporada de tomate es que no hace falta una ocasión especial para disfrutarlo. Puede ir en el bocadillo del desayuno, en la ensalada del mediodía, en la tostada de la tarde y, por la noche, convertirse en pisto, salsa o guarnición al horno.
La clave está en no fijarte solo en lo bonito que es el tomate, sino también en para qué quieres usarlo. Las piezas grandes y carnosas se cortan de maravilla, las pequeñas funcionan como bocado dulce, el tomate pera aguanta bien la cocción y las variedades antiguas pueden convertir una ensalada sencilla en algo casi festivo.
Y si encuentras ejemplares realmente buenos, aromáticos y madurados al sol, no los escondas entre demasiados ingredientes. A veces, un poco de sal, unas gotas de aceite de oliva y una rebanada de pan fresco son lo que mejor demuestra por qué esperamos la temporada de tomate todo el año.
¿Cómo saber si un tomate está maduro y sabroso?
Fíjate en que pese más de lo que aparenta, que esté firme pero no duro y que tenga la piel intacta y de color vivo. Olerlo por el tallo también ayuda: si desprende un aroma fresco y ligeramente dulce, buena señal.
¿Se puede guardar el tomate en la nevera?
El tomate entero se conserva mejor a temperatura ambiente, protegido de la luz solar directa. Solo cuando ya está cortado conviene meterlo en la nevera y consumirlo en uno o dos días.
¿Qué variedad de tomate es mejor para cocinar?
Las variedades más carnosas, como el tomate pera, son las más prácticas para salsas, sopas o pisto, porque con el calor se ablandan y su sabor se concentra.
¿Cómo hacer que un tomate verde madure antes?
Déjalo a temperatura ambiente en lugar de la nevera. Para acelerar el proceso, puedes guardarlo en una bolsa de papel junto a un plátano.











