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Las mujeres húngaras sufren más violencia doméstica: ¿qué hace falta para cambiarlo?

Schuster Borka3 min de lectura
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Las mujeres húngaras sufren más violencia doméstica: ¿qué hace falta para cambiarlo? — Familia

Más allá de que no es tan claro en el mundo que las mujeres tengan igualdad de derechos en todas partes, tampoco creo que podamos cruzarnos de brazos y decir que ya está todo hecho en igualdad.

Por un lado, no es difícil entender que aunque las mujeres tengan legalmente la posibilidad de ejercer su libre voluntad, para muchas, como las menos escolarizadas, económicamente vulnerables o pertenecientes a minorías, es mucho más difícil hacerlo. Por otro lado, quien piense que tener derechos iguales en el papel significa que la sociedad las trate como iguales en las conversaciones sociales, vive en un mundo de fantasía muy agradable, pero alejado de la realidad.

La violencia contra las mujeres sigue siendo un problema urgente no solo en países en desarrollo, sino también en la Unión Europea. Y ahora hay pruebas concretas de que la situación en Hungría es tan grave como muchos sospechaban.

En Hungría, las mujeres sufren en mayor proporción violencia psicológica, física (incluyendo amenazas) y sexual por parte de sus parejas íntimas, según un estudio reciente realizado entre 2020 y 2024 por Eurostat, la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE (FRA) y el Instituto Europeo para la Igualdad de Género (EIGE).

Sé que muchos, al leer esto, reaccionarán instintivamente con “eso no es así”, “propaganda” o “claro, ahora cuentan cualquier violencia”, y eso muestra muy bien por qué hemos llegado hasta aquí.

Violencia doméstica entre mujeres húngaras

¿Qué podemos hacer para reducir la violencia doméstica?

Para que la violencia doméstica disminuya, primero –aunque no soy experta– creo que hace falta reconocer que hay un problema. Y asumir nuestra responsabilidad.

Puede que estas mujeres sean maltratadas por sus parejas, pero es imposible que un país lidere estas tristes estadísticas si a nivel social la violencia o el maltrato a las mujeres fuera un tabú total. Debemos aceptar que, aunque el agresor levante la mano, la sociedad también golpea cuando se da la espalda, cuando mira hacia otro lado, cuando busca excusas. Quien calla, es cómplice.

En un país donde hace unos años se dijo en el parlamento que las mujeres solo merecen respeto si ya han tenido hijos, donde la policía dice a las víctimas que ellas tienen parte de culpa, y donde quien denuncia abuso aún escucha preguntas sobre qué llevaba puesto o por qué habla recién ahora, no hay muchas esperanzas de reducir la violencia en las relaciones.

El primer paso para el cambio es reconocer que es necesario. Escuchar a las víctimas y rechazar desde el inicio cualquier justificación social de la violencia, sin hacer como si existiera alguna condición que la haga aceptable o menos grave.

El siguiente paso es mirarnos a nosotros mismos y preguntarnos: ¿por qué callé cuando pude hablar? ¿Qué hice para mantener una sociedad donde la violencia es cotidiana? Y solo entonces podremos preguntarnos: ¿qué puedo hacer para cambiar esto?

Si necesitas ayuda, puedes contactar en estas líneas:

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