Hablamos con mujeres para entender cómo viven este lento pero claro cambio de poder.
Estudios
Hoy en día, más mujeres estudian en la educación superior que hombres, y como exprofesora, eso me llena de alegría. Cuando empecé a enseñar, casi todos mis alumnos eran chicos; cuando me jubilé, ya había más chicas que chicos. Enseñar a las chicas era un placer mayor, porque son más colaborativas, aplicadas, no discuten ni se quejan, y valoran estar allí.
La cuenta bancaria
Hasta 1974 en Texas, una mujer solo podía abrir una cuenta bancaria o pedir un préstamo si su esposo, padre o hermano varón avalaba. Y si pensamos que eso es anticuado, recordemos que en la progresista Suiza esta ley solo cambió en 1985. ¡Allí incluso necesitaban permiso del marido para trabajar!
El año pasado, cuando me divorcié, agradecí esta ley. Mi exmarido quería mezclar todo el dinero tras casarnos, pero yo insistí en tener mi propia cuenta. Teníamos una cuenta conjunta para gastos comunes como servicios, comida, mantenimiento del hogar y viajes, y cada uno manejaba su dinero restante en cuentas separadas. Al divorciarnos, descubrí que mi ex estaba endeudado hasta el cuello y su cuenta estaba en números rojos. No quiero imaginar qué habría pasado si solo tuviéramos una cuenta conjunta con todo mi dinero...
¿Quién gasta más?
Hace poco, en una reunión, surgió el debate sobre si gastan más las mujeres o los hombres. Yo defendí que, como la gestión del “dinero de la casa” (odio esa expresión, suena tan degradante) siempre recae en las mujeres, ellas manejan mejor el dinero. Pero los hombres no me creyeron.
Tuve que investigar y descubrí que, según un estudio de Deloitte en 23 países, los hombres gastan tanto como las mujeres, pero cuando lo hacen, gastan un 40% más. En la generación millennial, la diferencia es aún mayor: un 60%.
El famoso “pan”
Podemos olvidar ya el estereotipo del “padre como sostén de la familia”, porque en mi entorno las esposas llevan tiempo ganando más que sus maridos.
Joyas
Mientras organizo mis hermosos anillos, collares y pendientes que me compro, pienso que no es casualidad que las mujeres valoraran tanto sus joyas. Los hombres creen que el diamante es la mejor amiga de la mujer por superficialidad, pero es porque antes ellas no podían tener tierras, negocios ni propiedades a su nombre: todo era de su padre, esposo o hermano, salvo raras excepciones como viudas sin hermanos.
Egoísmo
Todas mis amigas tienen hijos, yo no (a propósito), y como la tía sin niños de turno, he notado esto: una madre siempre invierte en su familia, mientras que el padre suele gastar en sí mismo.
Una mujer compra mejor comida, ropa, clases extra o una mejor escuela para sus hijos, o un coche más seguro para la familia. Quizá paga un viaje o una experiencia para todos. Los maridos, en cambio, se compran una moto deportiva, una consola nueva o algún gadget solo para su diversión.
Riqueza y economía
Soy una empresaria exitosa y me muevo en esos círculos. He visto que la riqueza femenina beneficia mucho a la economía. A diferencia de los hombres, las mujeres son más caritativas y devuelven más a la sociedad. Les importa invertir en empresas éticas y sostenibles y donan más.
Los hombres solo buscan ganancias rápidas y no les importa el daño al planeta si invierten en petróleo, tabaco o armas. Solo donan si obtienen algún beneficio o publicidad favorable. Investigué y resulta que esta tendencia no depende del nivel económico: incluso las mujeres con menos recursos donan más y con más frecuencia que los hombres.











