¿También te has dado cuenta de que en las citas hay cada vez más hombres que actúan como si fueran la princesa de la historia?
Wow
Yo fui capaz de ir al supermercado y hornear un pastel para su cumpleaños después de un turno de 12 horas, con unos cólicos menstruales devastadores. Él, en cambio, una semana después no se presentó a ayudarme con la mudanza porque la noche anterior se había emborrachado y tenía resaca. Historia real.
El ex
Mi ex pasaba más tiempo frente al espejo arreglándose el pelo y publicaba cinco veces más selfis que yo. En su tiempo libre escuchaba podcasts de «hombres alfa» donde ciertos gurús autoproclamados se presentaban como víctimas eternas: que qué difícil es ligar hoy en día, que las expectativas de las mujeres son demasiado altas, que qué tragedia tan grande es la soledad masculina.
Mi abuelo luchó en una guerra y construyó una casa con sus propias manos para su familia. ¿Qué ha pasado con los hombres en apenas dos generaciones?
Cálmate
Lo observo claramente en mi hermano de 24 años, que responde a la crítica más leve con rabietas de indignación. No se le puede decir nada, porque se ofende por todo. Es peor que nuestra sobrina de tres años cuando no le dan lo que quiere.
Persígueme tú
Estuve hablando con un chico con quien la comunicación era un esfuerzo constante, así que al cabo de un tiempo dejé de escribirle. Su reacción fue preguntarme indignado por qué había desaparecido. Le expliqué que pensé que había perdido el interés, ya que él tampoco daba señales de vida.
Su respuesta me dejó sin palabras: a él le gusta que «sea la mujer quien persiga». Le dije que yo desde luego no iba a perseguir a nadie, y que me parecía curioso que quisiera invertir los roles tradicionales. Su conclusión: que yo tenía una mentalidad anticuada. En fin.
El mimo
En la primera cita solo paseamos y tomamos un café. Para la segunda cita, yo imaginaba un restaurante. El chico, en cambio, me escribió que había pensado en subir a mi casa para que le cocinara algo.
Mientras tecleaba mi respuesta —que obviamente era no—, él añadió con toda la generosidad del mundo que si no me apetecía cocinar, con sushi también se conformaba, y me mandó un enlace de su restaurante favorito de delivery. Me quedé sin palabras: él había «invertido» en mí un café, y a cambio esperaba que le cocinara y me acostara con él.
Mejor no
No tenía carnet de conducir y quería que yo lo recogiera en la puerta de su casa en la primera cita. ¿En qué mundo viven?
El masaje
No me abrió la puerta, no apartó la silla para que me sentara, no me ayudó con el abrigo... pero a los diez minutos de conversación tuvo el descaro de pedirme que le diera un masaje en los hombros porque «se había contracturado en el gimnasio». Cuando le dije que no, se ofendió visiblemente.
El exigente
Ya me molesta de por sí cuando un hombre no es capaz de proponer un plan para la cita y me deja toda la organización a mí. Pero hubo un «chico-princesa» que fue aún más lejos: me pidió que le propusiera varias opciones de plan para poder elegir según lo que le apeteciera en ese momento.
El absurdo
En serio: los hombres de hoy esperan que sea la mujer quien les proponga la cita, quien les escriba, quien organice todo, quien pague su parte... y encima que ella se sienta halagada porque él le ha dedicado su tiempo.
El último chico sin nada destacable —que vive en un piso de mala muerte o todavía con su madre— está convencido de que es una especie de realeza. Yo, sinceramente, no lo entiendo. Si así funcionan las citas hoy en día, prefiero quedarme en casa.
¿Cada vez hay más hombres en su «era princesa»?
Muchas mujeres así lo perciben. Los testimonios que compartieron nuestras lectoras apuntan a un patrón cada vez más frecuente: hombres que esperan ser cortejados, organizados y cuidados sin ofrecer reciprocidad.
¿Qué significa estar en la «era princesa» si eres hombre?
El término hace referencia a hombres que adoptan actitudes de máxima exigencia y mínimo esfuerzo en las relaciones: esperan que la otra persona tome la iniciativa, organice los planes y cubra sus necesidades emocionales o prácticas sin que ellos aporten lo mismo.
¿Tiene solución este tipo de dinámica en una pareja?
Solo si ambas partes reconocen el desequilibrio y están dispuestas a trabajarlo. Como muestran los testimonios del artículo, cuando uno de los dos no ve ningún problema en la situación, el cambio resulta prácticamente imposible.
¿Es justo generalizar sobre el comportamiento masculino?
Los testimonios recogidos aquí reflejan experiencias personales concretas, no una verdad universal. Sin embargo, el hecho de que tantas mujeres reconozcan patrones similares invita a reflexionar sobre ciertas dinámicas que se están extendiendo en las citas modernas.











