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No me gusta posar frente a la cámara, pero lo hice: toda mujer debería vivirlo al menos una vez

Farkas Margaréta4 min de lectura
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No me gusta posar frente a la cámara, pero lo hice: toda mujer debería vivirlo al menos una vez — Estilo de vida
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Confieso que nunca me gustó que me fotografiaran. Frente a la cámara siempre me sentía un poco incómoda, preguntándome si estaba en el ángulo correcto, si ese mechón rebelde de mi cabello se veía, o si mi sonrisa era demasiado amplia. Esos pensamientos siempre rondaban en mi mente, y durante mucho tiempo estuve segura de que posar ante la cámara no era para mí. Pero un día me animé a hacer una sesión de fotos, y toda la experiencia cambió radicalmente la forma en que me veo a mí misma. Si tienes curiosidad por saber cómo superé ese miedo, sigue leyendo y te contaré mi historia.

Más allá de la zona de confort

La mayoría de nosotros llevamos máscaras en la vida diaria: en el trabajo, en nuestras relaciones, con amigos, adoptamos roles para encajar. Pero cuando te pones frente a la cámara, todas esas capas caen. El lente es implacablemente honesto y, aunque al principio puede asustar, en realidad es liberador. Ahí estás, vulnerable pero fuerte. Y ese es el momento en que empiezas a verte desde fuera, como quizás nunca antes te habías atrevido.

Mi historia

Cuando acepté hacer una sesión de fotos por primera vez, tenía el estómago revuelto. Una amiga, que es fotógrafa amateur y ama hacer retratos, la organizó. Pasé días pensando qué ponerme y cómo maquillarme, pero nada parecía suficiente. Llegó el día y los primeros diez minutos fueron un tormento: me sentía incómoda y siempre quería saber si "esto se veía bien".

Pero algo cambió cuando mi amiga me dijo: “No pienses que te estoy fotografiando. Imagina que solo estamos charlando.” En ese instante solté la tensión. Nos reímos de un chiste tonto y justo entonces tomó la foto. Esa imagen se volvió una de mis favoritas, no es perfecta, pero por eso es tan auténtica.

Unos días después, cuando me envió las fotos, las abrí con cierto miedo. Pero al revisarlas, no vi a una mujer llena de defectos, sino una versión de mí que nunca había notado. Mi sonrisa era cálida, mi mirada vivaz, y comprendí que quizás no soy una "modelo", pero tengo algo que vale la pena mostrar.

¿Por qué toda mujer debería probarlo?

Después de esa experiencia, me vi a mí misma de una forma completamente diferente. Ya no buscaba defectos, sino lo que me hace única. Por eso creo que toda mujer debería vivir una sesión de fotos al menos una vez. No por tener algunas fotos lindas para Instagram, sino porque es una experiencia poderosa de autoconocimiento.

En una sesión de fotos descubres detalles que quizás no notas en el día a día: la curva de tu sonrisa, cómo la luz brilla en tus ojos, o ese gesto natural cuando tocas tu cabello. Son pequeñas cosas que revelan la belleza que llevas dentro, no solo por fuera.

Consejos si quieres intentarlo

  • Elige un fotógrafo en quien confíes. Si es un amigo o conocido, mejor; te relajarás mucho más.
  • No busques la perfección. Las mejores fotos salen cuando sueltas la rigidez y posas con naturalidad.
  • Prepárate, pero sin presionarte. Escoge ropa en la que te sientas cómoda. La comodidad es más importante que la moda.
  • Disfruta el momento. Recuerda que no es un examen, sino un juego que trata sobre ti.

Un regalo para ti

Hoy soy de las que recomiendan con confianza que todos lo prueben al menos una vez. No necesitas un estudio profesional, basta con un amigo, una cámara y una tarde dedicada solo a ti. Las fotos quizás no sean perfectas, pero cuando las veas años después, agradecerás haberte atrevido.

Porque la fotografía no se trata de gustar a los demás. Se trata de verte a ti misma desde otra perspectiva. Desde entonces, me preocupo mucho menos por mis “defectos” y sonrío más cuando me miro al espejo. Y si yo pude, tú también puedes.

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