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«No quiero ser la novia relajada» – El mito que las comedias románticas nos hicieron creer

Bárbara López3 min de lectura
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«No quiero ser la novia relajada» – El mito que las comedias románticas nos hicieron creer — Relación

Si alguien me preguntara de dónde saqué en mi adolescencia la idea de que una "buena novia" es relajada, despreocupada, siempre sonriente y nunca pide demasiado, probablemente no podría nombrar una sola fuente. Más bien fue un mensaje que se coló poco a poco, gota a gota, desde todas las partes de la cultura pop: películas románticas, series juveniles, novelas e incluso las secciones de preguntas y respuestas de la revista Bravo.

La narrativa siempre era la misma: si quieres gustarle a un chico, nunca muestres que te importa demasiado, no seas una "molestia", no esperes demasiado. La libertad del chico era una necesidad incuestionable, y la chica... bueno, que se alegrara de poder estar cerca.

Y claro, de niña eso hasta parecía romántico. ¿Quién no querría ser esa "chica cool" que es relajada, no exige nada, bebe cerveza de botella en el bar (sin que se le corra el lápiz labial rojo), se ríe de todos los chistes y nunca pregunta "¿qué somos realmente?". Hollywood nos enseñó: si hablas de sentimientos muy pronto, espantas. Si señalas algo, es "dramático". Si dices que lo tomas en serio, es "demasiado".

Así que aprendimos a contenernos. "No le escribo otra vez para no parecer insistente." "No pregunto por qué no responde desde hace días, seguro está ocupado." "No digo que me dolió, pasará."

Ahora, como adulta, veo claro que el mito de la "novia relajada" no solo es mentira, sino que es dañino. Es la imagen idealizada de una mujer que no existe —y que no debería existir. Aquí se espera que estemos presentes, seamos amables, atractivas... pero sin tener nuestras propias expectativas, necesidades o voz. Como si una mujer fuera "buena" solo si no molesta, no pide ni habla.

Claro, no digo que en una relación sana haya espacio para los celos constantes o para invadir al otro. No creo que la pareja deba ser el centro del mundo, y sí creo que todos necesitamos nuestro espacio y vida propia. Pero no creo en el control, en reproches basados en la ansiedad, ni en que el amor signifique pasar cada minuto juntos.

Tampoco creo que la condición para ser querida sea retirarse con humildad.

No quiero ser la "novia relajada". No quiero encogerme para encajar en la idea de alguien sobre cómo debe ser una novia que está cuando la necesitas, desaparece cuando no, y sobre todo, que nunca causa problemas en ningún aspecto.

Tengo necesidades. Tengo límites. Tengo voz. Y sí, deseo cuidado, atención, una pareja que comunique y esté presente. Que no solo "esté conmigo", sino que construya conmigo. Alguien que sienta que conecto, no que molesto.

Si para alguien es demasiado que exprese cuando algo me duele o que espere igualdad, el problema no soy yo. Lo siento, pero quiero una pareja, no un papel secundario en la vida de un protagonista masculino.

Si hay algo de lo que estoy segura como adulta, es esto: una relación que funciona porque yo me quedo callada no es una relación. Es solo una ilusión. Y reprimirme a mí misma es un precio demasiado alto por algo que ni siquiera existe.

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