No podemos detener el paso del tiempo, pero sí decidir cómo lo enfrentamos.
Definición
Según Google, envejecer con dignidad significa “manejar conscientemente y con aceptación los cambios que trae el envejecimiento, preservando la autoestima y dignidad en todas las etapas de la vida.” Quizás lo interpreto diferente, pero para mí suena a sentarse y no hacer nada mientras el tiempo pasa. Gracias, pero prefiero no hacerlo. Yo decido cuándo envejezco, y no planeo hacerlo pronto.
Las señales
Como trabajamos el doble o más que los hombres (porque nos toca toda la casa y los niños), el tiempo se nota antes y más en nosotras. Lo mínimo que hago es compensarlo con un poco de retoques estéticos. No hablo de cirugías extremas, sino de pequeños detalles: rellenos de labios, láser para arrugas o botox, y me encanta el cambio sutil. ¿Eso significa que no quiero envejecer con dignidad? No importa.
¡No me rindo!
Sé que el tiempo alcanza a todos, pero no acepto rendirme sin luchar.
Pequeñas victorias
Tengo 72 años y aún me tiño el cabello. Mi madre siempre decía que mientras haya tinte, ella no sería una anciana. Yo sigo esa idea, solo que cambié mi castaño avellana natural por rubio para disimular las canas, y a mi entorno le encanta.
Músculos
Leí que después de la menopausia es mejor cambiar cardio por entrenamiento con pesas, así que lo hice. Con tanto éxito que a los 54 años competí en fitness y mi cuerpo está mejor que en mis veinte, así que mucho que ver con eso de envejecer…
Madonna
Para mí, Madonna, con 67 años, es un ejemplo. Me indigna cuando dicen que debería comportarse según su edad. Ella llegó a la cima porque nunca siguió las reglas. ¿Quién pensó que una mujer que rompió tabúes sería una abuela gris y aburrida? Cada quien envejece a su manera, sin que nadie juzgue.

Maquillaje
De niña, una vecina llevaba hasta la basura maquillada con elegancia. Mi madre, que después de los cuarenta dejó de preocuparse por su imagen, murmuró que era una “vieja arreglada”, pero a mí siempre me inspiró que la vecina se cuidara. Ahora que estoy en esa edad, prefiero ser como ella y me encanta.
Envejecimiento sostenible
Para mí, envejecer con dignidad significa no pasar por cirugía (además, no tengo dinero para eso), pero respeto a quien lo hace. Me enfoco en tener el cabello y las uñas siempre cuidados, un poco de maquillaje cuando salgo y ropa impecable. Si mis zapatos están desgastados, los cambio; si mi abrigo parece anticuado, lo regalo y compro uno moderno. No me aferro a la juventud, pero tampoco me abandono al envejecimiento.
La sensación
Tengo amigas que siempre comieron sano y tienen colesterol alto, y exmaridos que hicieron deporte y sufrieron infartos. Yo pienso que después de los 50 hago lo que quiero, es mi recompensa por los años vividos. Si a medianoche quiero helado, me lo como. Si no quiero hacer ejercicio una semana, descanso. Si no me apetece maquillarme, uso gafas de sol y un poco de labial. Si me molesta la papada, me pongo una bufanda; si me levanto sin ganas, llevo una camiseta de Led Zeppelin. Así mantengo mi dignidad: sin querer complacer a nadie.
Un giro
Hasta los 53 años juré que envejecería con dignidad —porque mi abuela lo hizo con belleza—, pero un día vi una foto de mi cuello y al día siguiente pedí cita con la cirujana plástica de una amiga. Un pequeño lifting aquí y allá, y ahora me siento genial en mi piel.











