No vamos a animar a nadie a ser cruel ni a alimentar dinámicas tóxicas. Pero seamos honestas: hay momentos en que un chico se merece que le pongan los pies en la tierra. Cuando el ego se desborda, cuando el respeto brilla por su ausencia, a veces una sola frase bien colocada vale más que una larga conversación.
Aquí tienes las respuestas perfectas para cada situación. Guárdalas, porque nunca sabes cuándo las vas a necesitar.
Cuando sube la voz para imponer respeto
¿Eleva el tono creyendo que así da miedo o parece más imponente? Córtalo en seco con esto: "Cuando gritas no das miedo, solo haces más ruido del necesario."
Cuando nunca es culpa suya
¿Jamás reconoce sus errores y siempre tiene una excusa preparada? Ponle el espejo delante: "Si el autoconocimiento fuera una asignatura, la tendrías suspensa."
Cuando su tema favorito es él mismo
El egocentrismo tiene un límite, y algunos lo superan con creces. Si su ego se ha convertido en el protagonista absoluto de toda conversación, recuérdale: "Mira, tu ego no es mi problema. Eso es cosa tuya."
Cuando confunde arrogancia con seguridad
No dejes que te haga sentir menos. Hay una diferencia enorme entre tener confianza en uno mismo y ser un prepotente, y él claramente no la conoce: "Estás confundiendo la arrogancia con la seguridad en ti mismo, y se nota."
Cuando busca pelea por cualquier cosa
¿Le encanta discutir pero ya estás harta de las peleas sin sentido? Hazle saber que no vas a entrar al trapo: "No pienso tener un duelo verbal con alguien que va desarmado."
Cuando sus disculpas son una broma
Si sus excusas son tan patéticas como predecibles, no hace falta un discurso largo. Con esto es suficiente: "No pasa nada, tampoco esperaba más de ti."
Cuando dice que eres "demasiado" para él
Pocos comentarios resultan tan irritantes como ese clásico de "es que eres demasiado para mí". Si alguna vez te lo suelta, ya tienes la respuesta: "No soy demasiado para ti. Tú simplemente eres muy poco para mí."
Cuando desaparece y reaparece cuando le conviene
Desaparece sin explicación y vuelve como si nada, dejándote pensando qué hiciste mal. Si regresa una vez más, lánzale esta bomba: "Siempre vuelves, así que está claro que el problema no soy yo."
Cuando decepciona una y otra vez
A la enésima metedura de pata, olvídate del sermón. Una sola frase es suficiente: "Siempre consigues sorprenderme con una decepción nueva."
Cuando manda señales confusas
Mensajes ambiguos, actitudes contradictorias, y sin tener claro lo que quiere. Dale algo en qué pensar: "Cada vez me pregunto más por qué sigo perdiendo el tiempo contigo."
Cuando él te deja a ti
¿Tiene el descaro de ser él quien corte? Mantén la calma y responde con clase: "Sabía que no estarías a mi altura."
Cuando quiere volver pero ya es demasiado tarde
Te hizo daño, ahora quiere otra oportunidad, pero tú ya has cerrado esa puerta. Díselo sin rodeos: "Tienes todas las cualidades que intento evitar en una persona." (Más efectivo aún si lo mandas por mensaje y después lo bloqueas directamente.)
Cuando le encanta jugar contigo
Un día hace el papel de príncipe azul, al día siguiente desaparece, y siempre tiene una justificación para su comportamiento. No le des la satisfacción de rogarle: "No voy a suplicarte nada. Me quedo con mi dignidad; tú quédate con tus excusas."
Cuando él es el agotador
Suelen ser ellos quienes dicen que las mujeres son "complicadas". Dales la vuelta a las tornas: "Perdona, pero estar contigo es agotador."
Cuando llega tarde o cancela a última hora, siempre
¿Ya va por la segunda o tercera vez que llega tarde o cancela un plan en el último momento? No te enfades, simplemente señálalo: "Pensé que serías de fiar. Ese fue mi error."
Cuando intenta hacerte sentir insegura
¿Suelta comentarios mezquinos para minar tu autoestima? No le des esa victoria. Recuérdale su lugar: "Gracias por recordarme por qué no llegas al nivel que exijo."
Cuando pide otra oportunidad que no se merece
No tienes ninguna obligación de perdonar, por mucho que prometa cambiar. Cierra el capítulo de una vez: "Eres la prueba de que no todo el mundo merece una segunda oportunidad."
Cuando crea el caos y luego se hace la víctima
Él provoca, él lía, y encima se presenta como el perjudicado. Párale los pies: "No tengo energía para comportamientos tan infantiles."
Cuando grita, golpea cosas o pierde el control
No entres en su juego. Mantén la frialdad y dile: "Cuando seas capaz de comportarte como un adulto, seguimos hablando."
Cuando desaparece días enteros y luego se molesta porque no lo recibes con los brazos abiertos
Días, incluso semanas sin responder, y aun así espera que saltes de alegría cuando aparece. No hace falta enfadarse. Basta con esto: "No estoy enfadada. Solo estoy perdiendo el interés."











