La cena familiar puede ser un campo minado político si no votamos igual, y aunque parece sensato evitar la política en la mesa, no siempre es tan fácil. La política no solo pasa en el parlamento, sino que atraviesa nuestra vida diaria. Tomar postura política es imaginar el futuro de nuestros hijos, decidir qué derechos apoyamos para las minorías, cuánto dinero destinamos a la salud y cuánto al deporte.
Expresar nuestra postura política
Vivimos en una democracia, lo que significa que con nuestro voto influimos en estas decisiones. Así que cuando hablamos de estos temas, inevitablemente tomamos partido. Y no siempre todos lo reciben con buena voluntad.
Pero también es totalmente comprensible no querer callar por paz, renunciar a nuestros principios o traicionar a amigos que pueden formar parte de una minoría sobre la que un tío ruidoso habla de forma degradante entre bocado y bocado de pavo.

Evitar el conflicto en la mesa
Puede ser complicado evitar el conflicto sin perder nuestra esencia. Mi experiencia dice que lo mejor es no hacer declaraciones tajantes ni juzgar, pero tampoco fingir ser otra persona.
Esta Navidad, cuando vuelva a casa, hablaré de mis amigos que en Ucrania se preocupan por sus familias, y de quienes, como inmigrantes, luchan por salir adelante en Hungría. No los reduciré a su condición de inmigrantes. Contaré cómo uno de ellos se ofreció voluntario para acompañarme y sostener mi mano cuando tuve que despedir a mi gato esta primavera.
También mencionaré cómo hace unos años golpearon sin motivo a uno de ellos en una parada de autobús, o cómo echaron a otro de una tienda al descubrir que no hablaba húngaro.
Comprensión y apoyo
No buscaré conflicto, pero tampoco negaré a mis amigos. Confío en que mis padres, abuelos, tíos y tías los vean no como estadísticas o palabras desde un cartel político, sino como personas. Y que eso acerque incluso nuestras opiniones políticas, que a veces parecen tan distantes.
También intentaré escuchar con atención, entender sus miedos y las dificultades que enfrentan, y lo que esperan como solución. Todo sin juzgar, siempre que no dañen a otros.
Y cuando termine la noche y todos se vayan a dormir, llamaré a mis amigos desde mi habitación. Les preguntaré cómo fue su Navidad, les diré que son importantes para mí, y nos prometemos vernos para tomar un chocolate y abrazarnos cuando vuelva de la visita familiar.
Luego nos sentaremos y podré mirarlos a los ojos. Aunque eso haya hecho que esta Navidad no fuera sencilla.











