Un estudio reciente de la consultora estadounidense Gallup señala que el aumento del estrés se refleja en formas de grosería en el trabajo. Esto coincide con la investigación de 2022 de Christine Porath, profesora de gestión en la Universidad de Georgetown, que encontró que el 76 % de los empleados experimenta falta de respeto al menos una vez al mes. Laura Ashley-Timms, experta en gestión que colabora regularmente con empresas para mejorar liderazgo y productividad a través de Star Manager, no se sorprendió con estos resultados. “Lo relaciono con la sobrecarga laboral”, comenta.
“Cuando las personas están impacientes, probablemente están sobrecargadas; es una respuesta al estrés. No creo que seamos groseros a propósito, sino que a veces reaccionamos mal a lo que sucede.”
Para ella, esta grosería también surge de la disminución del compromiso laboral. Con niveles de estrés tan altos, es natural pensar que la siguiente etapa es una especie de reacción de autoprotección, un distanciamiento para no cargar con lo que parece una tarea abrumadora. En estas circunstancias, es posible que sin querer adoptemos una actitud irrespetuosa o distraída hacia los colegas.
“Actualmente vemos el nivel más bajo de compromiso que he visto en mi carrera. En algunas empresas, la falta de compromiso puede llegar al 90 %”, dice. “Cuando algo nos apasiona, pensamos mejor cómo reaccionar. Esta enorme falta de compromiso y el estrés altísimo afectan cómo a veces nos hablamos.”

¿Cómo se manifiesta la grosería?
La grosería puede tomar muchas formas y su impacto varía según quién la muestre y hacia quién. Que tu jefe no cuide su comportamiento puede ser muy desalentador. ¿Cómo manejarlo? Timms recomienda desarrollar habilidades específicas para enfrentar un problema agravado por el desequilibrio jerárquico. “Cuando aprendes a usar el poder de las preguntas, puedes manejar eficazmente a la alta dirección.” Sugiere acercarse a los jefes con preguntas en lugar de acusaciones. Aunque parezca difícil, invitar al jefe a reflexionar suavemente sobre el impacto de sus actos suele ser más efectivo que simplemente decir que su conducta es inaceptable.
El poder de las preguntas radica en forzar al agresor a considerar las consecuencias de su comportamiento. “Esto les da la oportunidad de tomar aire, detenerse y pensar qué motiva realmente esa conducta”, explica Ashley-Timms, quien añade que el tono y comportamiento suelen ser involuntarios y fruto de contextos fuera del trabajo.
“Debemos recordar que no siempre son así. Quizá algo pasó fuera del trabajo. Tal vez alguien les habló mal. Puede que hayan tenido una decepción con un cliente importante o perdido un negocio. En esas situaciones, ofrecer ayuda para lo que pudo causar ese estado puede ser muy útil.” Al final, todos somos humanos, y conectar con los sentimientos de alguien puede aliviar mucho una situación. “Hasta los mejores líderes tienen días malos”, concluye Ashley-Timms.
¿Y si tú eres el líder? ¿O si notaste, o alguien te señaló, que estás siendo grosero? ¿Qué herramientas de autocontrol usar?
Para Ashley-Timms, la clave es el autoconocimiento. “Debes aprender a identificar qué desencadena tu comportamiento”, dice. “Quizá estás agotado o pasaste la noche despierto por cuidar a tus hijos. Hay muchas razones para estar impaciente en el trabajo y no tener tu mejor día, pero es importante reconocer cuando eso te lleva a tratar a alguien con desdén. En ese momento, detente, respira profundo y haz una pregunta en lugar de hablar. Así das espacio para que otro aporte y tome la palabra en la conversación.”
Como en muchos casos, la honestidad es la mejor estrategia. Un toque de humor también ayuda. “Di que lo sientes mucho, pero que estás impaciente y no quieres hablar con ese tono. Explicar que estás cansado o bajo presión puede marcar una gran diferencia. Al hacerlo, no solo te vuelves más humano y comprensible para tus colegas, sino que también puedes mejorar el ambiente. Reconocer que no es tu mejor día puede ser un cambio radical.” Al final, restaurar la cortesía en el trabajo es esencial no solo para el bienestar del equipo, sino también para mantener la productividad y retener talento. Como señala Ashley-Timms: “Estudios muestran que más de la mitad de los empleados renuncian a un trabajo si tienen mala relación con su jefe o si el ambiente laboral es tóxico.”
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