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Por qué tu mente se acelera al acostarte (y 7 formas que sí ayudan a dormir)

Nyul Debóra7 min de lectura
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Por qué tu mente se acelera al acostarte (y 7 formas que sí ayudan a dormir) — Salud
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Llevas todo el día deseando meterte en la cama, apagas la luz… y de repente tu cabeza se enciende. Recuerdas la lista de tareas de mañana, una conversación incómoda, algo que llevas semanas posponiendo o eso que olvidaste comprar. Y el sueño, en lugar de acercarse, parece cada vez más lejos.

Ese exceso de pensamientos nocturnos le resulta familiar a mucha gente, y no es solo molesto: a largo plazo puede deteriorar seriamente la calidad del sueño y también tu rendimiento durante el día. La buena noticia es que este círculo vicioso se puede romper con los hábitos adecuados. Según Julia Kogan, psicóloga de la salud y especialista en sueño, el objetivo no es "apagar" el cerebro, sino calmarlo poco a poco hasta que el sueño tome el relevo de forma natural.

¿Por qué la mente se acelera justo por la noche?

En la mayoría de los casos, detrás está el estrés. Durante el día recibimos estímulos sin parar: resolvemos tareas, tomamos decisiones, nos adaptamos y, mientras tanto, vamos apartando muchas pequeñas tensiones sin procesarlas.

Cuando por la noche por fin llega el silencio, el cerebro tiene la oportunidad de procesar todo aquello para lo que no hubo tiempo. Y entonces los pensamientos pueden aflorar todos a la vez, lo que dificulta relajarse.

Julia Kogan explicó a theSkimm que el estrés sostenido genera un estado de alerta que impide que el sistema nervioso cambie al modo descanso. Además, cuanto más nos esforzamos por dormir, más despiertos podemos acabar.

Si esto se repite con frecuencia, el cerebro termina asociando la cama con la ansiedad y con pensar, en lugar de con descansar. Este fenómeno es uno de los que más contribuyen a los trastornos del sueño.

No es un problema raro: según una encuesta de la American Academy of Sleep Medicine, cerca del 80 % de las mujeres ha notado alguna vez que el estrés alteraba su sueño.

¿Qué puede ayudar?

1. Vuelca tus pensamientos antes de acostarte

Uno de los métodos más sencillos y, a la vez, más eficaces consiste en no intentar ordenar tus pensamientos dentro de tu cabeza.

Julia Kogan recomienda dedicar 15 o 20 minutos antes de dormir a poner sobre el papel:

  • qué te preocupa en este momento,
  • qué tareas tienes al día siguiente,
  • qué ha quedado sin cerrar.

Con esto no resuelves todos los problemas, pero sí los "sacas" de tu mente. Según algunos estudios, quienes escribían una lista de tareas detallada antes de acostarse se dormían más rápido que quienes no lo hacían.

2. No te quedes horas dando vueltas en la cama

Mucha gente piensa que si se queda en la cama, tarde o temprano acabará durmiéndose. Pero, según la experta, esto puede salir mal.

Si después de 15 o 20 minutos el sueño no llega, conviene levantarse, ir a otra habitación y hacer alguna actividad tranquila con luz tenue. Lee unas páginas, escucha música relajante o haz un ejercicio de respiración, y vuelve a la cama solo cuando notes que el sueño regresa.

Así ayudas a que tu cerebro siga asociando la cama con dormir.

3. No fuerces el sueño

Dormir no funciona a base de fuerza de voluntad.

Si estás pendiente del reloj todo el rato o te agobias contando cuántas horas te quedan para dormir, solo consigues aumentar la tensión.

Kogan sugiere que es mucho más útil reducir la actividad del sistema nervioso con alguna técnica de relajación. Por ejemplo:

  • la respiración lenta y profunda,
  • la meditación mindfulness,
  • la relajación muscular progresiva,
  • la meditación de escaneo corporal,
  • o unos minutos de estiramientos suaves.

Estos métodos no te "duermen", sino que ayudan a que tu cuerpo se prepare para dormir de forma natural.

4. Dale a tu mente otra cosa en la que centrarse

Cuando los pensamientos se persiguen unos a otros, ayuda mucho dirigir la atención de forma consciente hacia otro sitio.

Prueba, por ejemplo, con esto:

  • cuenta tus respiraciones,
  • imagina un objeto sencillo, como un cubo girando despacio,
  • repite en tu mente una frase tranquilizadora, como: "Puedo ocuparme de esto mañana."
  • pon una historia relajante o un audio de relajación.

Según Julia Kogan, estas técnicas resultan especialmente eficaces cuando las usamos a las primeras señales de estrés, y no cuando la ansiedad ya nos ha dominado por completo.

5. Crea una rutina nocturna que realmente puedas mantener

El cuerpo necesita tiempo para cambiar del modo diurno al modo descanso.

Lo ideal, según la especialista, es empezar a bajar el ritmo ya entre 30 y 60 minutos antes de acostarte. Es el momento de dejar el móvil y cualquier actividad que estimule demasiado el cerebro.

La rutina nocturna puede ser muy sencilla:

  • leer,
  • escuchar música bajita,
  • encender velas o una luz ambiental agradable,
  • hacer manualidades,
  • estiramientos suaves,
  • charlar con la familia o con tu pareja.

Lo importante no es tener una rutina perfecta, sino la constancia.

6. Fíjate también en lo que haces durante el día

El sueño de la noche no depende solo de lo que haces justo antes de acostarte.

Julia Kogan subraya que los hábitos diurnos son igual de importantes. Conviene evitar las cenas pesadas a última hora, el ejercicio intenso por la noche, el exceso de cafeína a lo largo del día, el alcohol y las siestas demasiado largas por la tarde.

7. Reconoce cuándo pedir ayuda profesional

Alguna noche en vela puede ser normal, pero si el problema vuelve una y otra vez, merece la pena consultarlo.

Busca ayuda si:

  • al menos tres veces por semana no puedes dormir por culpa de los pensamientos acelerados;
  • el problema se prolonga más de tres meses;
  • estás cansada de forma constante durante el día;
  • roncas fuerte o alguien nota que dejas de respirar mientras duermes;
  • la ansiedad te complica seriamente el día a día.

Según Julia Kogan, el tratamiento más eficaz y con mayor respaldo científico para el insomnio persistente es la terapia cognitivo-conductual específica para el insomnio (TCC-I). Este método puede ayudar a romper la asociación entre la cama y el estrés, a modificar los patrones de pensamiento relacionados con el sueño y a construir hábitos más sanos a largo plazo. El tratamiento suele constar de entre 6 y 10 sesiones y, según los estudios, puede lograr mejoras duraderas sin necesidad de medicación.

Así puedes romper el círculo vicioso de darle vueltas a todo por la noche

Si cada noche vuelve a arrancar la espiral de pensamientos, el problema no está necesariamente en el sueño, sino en que el estrés acumulado durante el día por fin encuentra una vía de salida.

En lugar de forzar el sueño, conviene crear hábitos que ayuden al sistema nervioso a bajar el ritmo.

Bastan unos pequeños cambios —escribir un diario por la noche, media hora sin pantallas o una rutina de sueño constante— para volver a asociar la cama con el descanso, y no con darle vueltas a todo.

¿Por qué me acelero justo al meterme en la cama?

Porque durante el día vas apartando muchas tensiones sin procesarlas. Cuando por fin llega el silencio, el cerebro aprovecha para procesar todo eso a la vez, y los pensamientos afloran de golpe.

¿Cuánto tiempo debería quedarme en la cama si no me duermo?

Si tras 15 o 20 minutos el sueño no llega, es mejor levantarse e ir a otra habitación a hacer algo tranquilo con luz tenue, y volver solo cuando notes de nuevo el sueño.

¿Qué técnicas ayudan a relajarse antes de dormir?

La respiración lenta y profunda, el mindfulness, la relajación muscular progresiva, la meditación de escaneo corporal o unos estiramientos suaves. No te duermen, pero preparan al cuerpo para hacerlo de forma natural.

¿Cuándo debería acudir a un especialista?

Si no puedes dormir al menos tres veces por semana por los pensamientos, si el problema dura más de tres meses, si estás siempre cansada, si roncas fuerte o notan pausas en tu respiración, o si la ansiedad te dificulta el día a día.

¿La terapia funciona sin medicación?

Según la especialista, la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) es el tratamiento con mayor respaldo científico. Suele constar de entre 6 y 10 sesiones y puede lograr mejoras duraderas sin fármacos.

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