Pensé que el método KonMari sería, como mucho, una serie de trucos prácticos para tener la casa más ordenada. Un mes después, mi opinión es completamente distinta: no solo mi hogar se volvió más despejado, sino que empecé a prestar mucha más atención a lo que realmente uso, quiero y necesito en mi vida.
Vivo en un hogar relativamente ordenado, pero siempre había cajones y armarios que, de vez en cuando, exigían una reorganización. Alguna prenda desaparecía entre las demás, y ciertas cosas llevaban años guardadas sin que supiera muy bien por qué seguían ahí.
Me picó la curiosidad: ¿qué podía aportarme un método que no habla solo de ordenar, sino de elegir conscientemente?
Así que decidí dedicar un mes entero a revisar mis pertenencias siguiendo el método KonMari.
No por habitaciones, sino por categorías
El método KonMari lleva el nombre de Marie Kondo, la experta japonesa en organización que popularizó en todo el mundo una idea sencilla pero poderosa: no se trata de decidir qué tirar, sino de elegir qué merece quedarse.
Uno de sus principios fundamentales es avanzar por categorías, no por habitaciones: primero la ropa, luego los libros, después los documentos, los objetos varios —el llamado komono— y, por último, los recuerdos y objetos sentimentales.
Esto permite revisar todas las piezas de una categoría al mismo tiempo. Me pareció un enfoque muy inteligente, porque es mucho más fácil darse cuenta de lo que tienes en exceso o de lo que guardas simplemente por costumbre cuando lo ves todo junto.
Con la ropa, esa claridad llegó especialmente rápido.
¿Qué quiero conservar de verdad?
Uno de los principios más conocidos del método es el tokimeku, que podría traducirse como "lo que chispa alegría". Según Marie Kondo, vale la pena conservar aquello que te genera bienestar y soltar lo que ya no cumple ningún papel importante en tu vida.
Yo lo usé más como una guía que como una norma estricta. Me pregunté si realmente usaba cada cosa, si me gustaba, si todavía tenía sentido en mi vida.
Con la ropa fue especialmente revelador. Encontré una cantidad sorprendente de prendas que llevaba tiempo sin ponerme, pero que seguían ocupando espacio en el armario. Algunas me costaba soltar por puro apego; de otras siempre pensaba que "ya les daría uso algún día". Al final, me deshice de bastantes prendas, y no las echo de menos en absoluto.
Doblar también tiene su filosofía
El método KonMari incluye una forma particular de doblar la ropa: en pequeños rectángulos que se sostienen solos y se guardan en vertical, uno al lado del otro, en lugar de apilados.
Antes tenía la costumbre de amontonar la ropa. El problema llegaba cuando necesitaba algo de las capas de abajo: removía todo y acababa rehaciendo el orden de nuevo.
El almacenamiento en vertical funcionó muy bien para mí. Ahora veo de un vistazo lo que tengo, y cuando recojo la ropa limpia, guardarla también va mucho más rápido.
No todos los cajones quedaron perfectos, y tampoco era eso lo que buscaba.
No buscaba una casa impecable
No probé el KonMari con la idea de tener un hogar de revista al final del mes. Lo que quería era sentirme más a gusto en mi propio espacio.
Y en ese sentido, funcionó. La casa quedó más despejada, me deshice de cosas que sobraban, y ciertas tareas cotidianas se volvieron más sencillas.
Elijo la ropa más fácilmente, recojo en menos tiempo y me rodeo de menos objetos que me generan esa sensación de "tendría que hacer algo con esto".
Lo que guardamos porque "algún día puede servir"
Durante el proceso, una misma idea volvía una y otra vez: algún día lo usaré. Algún día me lo pondré. Algún día lo arreglaré.
Hay cosas que vale la pena guardar, claro. No es necesario deshacerse de todo lo que usas poco. Pero me di cuenta de que a veces no conservamos algo porque lo necesitemos de verdad, sino simplemente porque nos cuesta dejarlo ir.
Y en ese momento, ya no estamos hablando del objeto en sí.
Me llevé más que una casa ordenada
Durante el proceso no solo noté qué usaba y qué no. También me di cuenta de cuántas cosas guardaba únicamente porque pertenecían a una etapa anterior de mi vida, o porque me había acostumbrado a que estuvieran ahí. Quizás por eso aprendí más sobre mí misma de lo que esperaba.
Mi casa no quedó perfecta, y ese nunca fue el objetivo. Solo se volvió más clara, más fácil de habitar, y de alguna forma, da más gusto volver a ella.
Al final, creo que eso es lo que más me gustó del método KonMari: no me enseñó a mantener el orden siempre, sino a prestar más atención a lo que de verdad quiero que forme parte de mi vida.
¿Qué es exactamente el método KonMari?
Es un sistema de organización creado por la japonesa Marie Kondo que propone ordenar por categorías —ropa, libros, documentos, objetos varios y recuerdos— y conservar solo aquello que te aporta bienestar o que realmente usas.
¿Hay que tirar muchísimas cosas para que funcione?
No necesariamente. El método no impone cuánto debes descartar; invita a reflexionar sobre lo que merece quedarse. Cada persona llega a sus propias conclusiones según su estilo de vida.
¿El almacenamiento en vertical realmente marca la diferencia?
Para muchas personas, sí. Doblar la ropa en vertical permite ver de un vistazo todo lo que tienes, evita tener que remover pilas enteras y agiliza tanto el día a día como el momento de guardar la colada.
¿Se puede aplicar el método aunque ya vivas en una casa bastante ordenada?
Sí. Como muestra la experiencia descrita en este artículo, incluso en hogares relativamente organizados el método puede revelar hábitos de acumulación y ayudarte a tomar decisiones más conscientes sobre lo que te rodea.










