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"Salí con hombres por dinero para poder terminar la universidad" — La cara oculta de los años de estudiante

Schuster Borka4 min de lectura
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"Salí con hombres por dinero para poder terminar la universidad" — La cara oculta de los años de estudiante — Estilo de vida
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Para muchos, los años universitarios son sinónimo de libertad y nuevas experiencias. Pero para otras personas, esa etapa tiene una cara muy distinta: la de la incertidumbre económica constante. Alquiler, matrícula, libros, comida… una suma de gastos que, sin una red familiar de apoyo, puede volverse insostenible.

Tres mujeres comparten aquí su historia. Todas optaron, en algún momento, por aceptar citas o encuentros sociales remunerados para poder costear sus estudios. Cada una lo vivió de una manera diferente. Y hoy, cada una lo recuerda desde un lugar distinto.

"Nunca pensé que llegaría a esto" — Lilla, 27 años

Lilla llegó a Budapest desde una ciudad pequeña del interior del país cuando empezó la carrera. El primer año intentó salir adelante con la ayuda de su familia y una beca, pero pronto quedó claro que no sería suficiente.

"No pedía lujos. Solo quería vivir con normalidad. Pero llegó un momento en que tenía que elegir entre comer o pagar los suministros a final de mes."

Fue una conocida quien le habló de los llamados "encuentros sociales de compañía": cenas, eventos, salidas en las que se esperaba presencia, conversación y atención, nada más.

"Al principio me resultó muy extraño. No sabía cómo manejarlo. Pero la realidad era que con eso pagaba el alquiler y podía seguir estudiando."

Lilla insiste en que, para ella, los límites siempre fueron innegociables.

"Nunca acepté nada que me hiciera sentir insegura. Aun así, fue emocionalmente agotador. Separar mentalmente que aquello era trabajo y no mi vida real no era nada fácil."

Hoy trabaja en otro sector y siente que esa etapa ha quedado definitivamente atrás.

"Lo hice por mi independencia, y casi me cuesta saber quién era" — Dóra, 25 años

En el caso de Dóra, detrás de la decisión no solo había presión económica, sino también un deseo profundo de autonomía.

"No quería pedirles dinero a mis padres cada mes. Preferí buscar mi propio camino."

También se encontró con propuestas de presencia social bien remunerada: cenas, eventos, acompañamiento en viajes.

"No tenía horario fijo, y eso al principio me atraía. Pero muy pronto me di cuenta de que la situación era emocionalmente mucho más complicada de lo que había imaginado con veinte años."

Lo más difícil, según ella, era mantener el personaje en todo momento.

"Tenías que estar presente, atenta, comunicativa, sin implicarte emocionalmente. A la larga, eso te deja vacía."

Lo dejó después de un año, cuando encontró un trabajo de estudiante más estable.

"Lo hice por mi libertad. Pero al final, lo que estuvo en peligro fue saber quién era yo de verdad."

"No me avergüenza, pero tampoco fue fácil" — Kata, 29 años

Kata empezó la universidad siendo algo mayor y se mantenía completamente sola. Sin red familiar, sin margen de error.

"Para mí no fue una aventura. Fue supervivencia. Necesitaba dinero rápido y no había otra opción a la vista."

Ella también aceptó citas de compañía, aunque lo vivió de una forma más pragmática: como una fuente de ingresos flexible, sin más romanticismo.

"No lo idealizo. Hubo situaciones incómodas y momentos en que el desgaste emocional era real. Pero terminé la carrera, y eso me dio un cierre importante."

Para Kata, la clave siempre fue mantener el control.

"Siempre decidía yo qué aceptaba y qué no. Eso fue lo que me mantuvo en equilibrio."

Hoy trabaja en recursos humanos y no quiere que ese período defina cómo la ven los demás.

"Fue un capítulo de mi vida, no toda mi historia. No me avergüenza. Pero espero no tener que volver a pasar por algo así nunca más."

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