Alguien dijo una vez: "Si el matrimonio fuera bueno para las mujeres, ya nos lo habrían quitado". Y no consigo sacarme esa frase de la cabeza.
Cuando la compartí en Facebook, los hombres estallaron en los comentarios. Las mujeres, en cambio, reaccionaron con una calma casi resignada.
Como mujer lesbiana, solo añadiría un detalle: cuando las mujeres quisimos casarnos con otras mujeres, entonces sí que intentaron quitárnoslo.
La criada
Hay un dicho que asegura que el matrimonio es la institución que permite que hasta el hombre más pobre tenga una criada gratis. Cuando se lo dije a mi exmarido —refiriéndome a nuestra propia unión y al reparto desigual de las tareas en nuestra vida en común— simplemente no lo entendió.
Para él era lo más natural del mundo que su esposa lo atendiera. Y era, además, ese tipo de hombre que, tras anunciarle yo que me divorciaba, salió conmocionado a contarle a todo conocido el gran melodrama de que mi decisión "había salido de la nada".
Solo un pequeño dato
Los hombres casados viven más que los solteros, y las mujeres solteras viven más que las casadas. Cuando un hombre se casa, su salud mejora; cuando una mujer se casa, su salud empeora.
Que cada quien haga con ese dato lo que quiera.
"De todos modos"
Cuando le reproché a mi exprometido que, desde que vivíamos juntos, era yo quien hacía absolutamente toda la casa, me contestó: "Pero si esas cosas las harías igual, porque también lavabas, cocinabas y limpiabas cuando vivías sola…"
Por suerte, nunca llegamos al altar.
Una reacción involuntaria
Íbamos en coche con mi exmarido y nuestros tres hijos a casa de mis suegros cuando, al pasar por un pueblo, adelantamos a una comitiva de boda. Cuando llegamos a la altura de la novia, ella me miró sonriendo, y pensé: "No lo hagas, vas a arruinar tu vida".
De repente noté que mi marido me miraba con rabia y que los niños se habían quedado en silencio. Solo entonces me di cuenta de que lo había dicho en voz alta. Desde entonces, a veces recuerdo a aquella novia sonriente y solo puedo desear que su matrimonio no se parezca en nada al mío.
Lo soy, aunque él no lo viera
Cuando todavía estaba casada, una noche el Señor Maravilloso veía las noticias y empezó a murmurar algo sobre los niños y el estado de la educación. Yo fregaba los platos mientras él teorizaba, y cuando ya no aguanté más, intervine: "Yo, como madre soltera, opino que…".
Él se quedó atónito y balbuceó que yo no era ninguna madre soltera. Le sostuve la mirada y le dije que sí, que por desgracia lo era, y que encima tenía que aguantarlo a él. Ese fue el momento en que se me quedó grabado, definitivamente, que estaría mejor sin él.
Un año después agarré a los niños, al perro, al gato y a la cobaya, y desde entonces vivimos felices sin "papá".
Verlo claro
Después del divorcio, mi exmarido dijo que debería haber sabido desde el principio que yo no era buena "materia prima de esposa", porque me negué a llevar su apellido. Le respondí que yo también debería haber sabido que no podía esperar nada de él como marido, porque todo aquello me recordaba a cuando, en la América de antaño, los esclavos estaban obligados a adoptar el apellido de sus amos.
Así, así
Yo solo añadiría una cosa: si llevar una casa y quedarse con los niños fuera tan fácil, lo harían los hombres.
Con la cabeza fría
He tenido la ocasión de observar en varias amigas cómo cambiaban sus parejas en cuanto se convertían en maridos. Todos aflojaron en todo: en la ayuda, en los halagos, en los detalles, en las ganas de cuidar. Porque, ¿para qué va a esforzarse un hombre si ya ha conseguido a la mujer?
Por esa misma razón nunca me casé con mi pareja. Y aunque llevamos ya 16 años juntos, sigo siendo hoy la única mujer de mi grupo de amigas que no vive con incertidumbre económica, que cocina cada día junto a su compañero y que todavía recibe flores "porque sí", incluso cuando no es su cumpleaños.
¿De verdad los hombres casados viven más que las mujeres casadas?
Según el dato que menciona la autora, los hombres casados viven más que los solteros, mientras que las mujeres solteras viven más que las casadas. Es una observación que abre el debate sobre quién sale realmente beneficiado del matrimonio.
¿Por qué la autora nunca quiso casarse con su pareja actual?
Porque observó cómo muchos hombres dejaban de esforzarse una vez casados. Al no dar por sentada la relación, dice que hoy vive una vida más equilibrada, con reparto de tareas y detalles que se mantienen después de 16 años.
¿Qué critica realmente este artículo?
No ataca el amor ni la convivencia, sino el reparto desigual de las tareas domésticas y las expectativas sociales que recaen sobre la mujer dentro del matrimonio tradicional.











