Recuerdo vívidamente la primera noche en casa. Cuando mi hija lloró por primera vez, mi pareja y yo saltamos de la cama como si hubiera explotado una bomba en el vecindario.
Con el paso de las semanas, las tomas nocturnas se volvieron parte natural de nuestras noches. Muchas veces, ambos nos quedábamos dormidos con nuestra hija en la penumbra tranquila, mientras mi pareja dormía plácidamente a nuestro lado. Con el tiempo, él se despertaba cada vez menos, mientras yo reaccionaba a cada movimiento o suspiro. Quizá ahora, que mi hija está por cumplir diez años, estoy aprendiendo de nuevo a dormir profundamente.
¿Realmente los papás no escuchan el llanto del bebé?
¿O simplemente se “acomodan” en la tranquilidad nocturna? Este debate es casi tan antiguo como la paternidad misma, pero un estudio reciente nos ayuda a entenderlo mejor.
Según el estudio de Vermillet, Skewes y Parsons (2025) publicado en la revista Emotion, los hombres tienen una probabilidad ligeramente menor de despertarse con sonidos suaves que las mujeres, pero la diferencia es mínima, contrario a lo que se cree.
Con llantos suaves y susurrantes, las mujeres tienen un 14% más de probabilidades de despertarse, pero cuando el llanto es fuerte (como el de un bebé real), no hay diferencia entre hombres y mujeres.
Biológicamente, los hombres no “escuchan peor” por la noche: esta pequeña diferencia no explica por qué las madres se levantan tres veces más con sus bebés.
Una distribución desigual en el “turno nocturno”

El estudio mostró que solo en el 23% de los casos madres y padres se despertaban por igual, y en apenas un 1% el papá se levantaba más. Esto indica que las noches interrumpidas dependen más de patrones sociales que de la biología.
Antes de pensar que “los papás también trabajan”: incluso en países como Dinamarca, donde ambos padres tienen 24 semanas de permiso parental y la igualdad es prioridad, la mayoría de las noches las cargan las mamás.
Claro que la lactancia juega un papel clave en que las madres se levanten con los bebés, y los cambios hormonales también influyen en la alerta de los nuevos padres.
Las investigaciones muestran que la oxitocina y la prolactina liberadas durante la lactancia hacen a las madres más sensibles al llanto del bebé, como si su cerebro estuviera siempre en alerta.
Los psicólogos dicen que con los años el cerebro femenino se condiciona: responden tantas veces a pequeños sonidos que terminan despertándose con cualquier ruido, mientras que el cerebro masculino, aunque oye el llanto, suele permanecer en modo descanso.
¿Y si esto es injusto?
Quizá es solo una consecuencia natural de cómo se reparte el cuidado en la familia. Pero sabemos, y este estudio lo confirma, que cuando los papás participan más en el cuidado nocturno, no solo alivian a las mamás, sino que también benefician a los bebés.
En familias donde los papás se levantan más, los bebés duermen mejor, se despiertan menos y los papás crean vínculos más fuertes con sus hijos. Las mamás reportan menos problemas de sueño y mayor satisfacción, no solo con su descanso, sino también con su relación de pareja.











