Para mí, la palabra libertad tiene otro significado. No puedo tomarme seis (o las semanas que sean) de vacaciones de verano porque entonces no ingreso nada durante ese tiempo. Mi trabajo —igual que los platos sucios— no se detiene solo porque el calendario marque verano. Por eso, semanas antes de las vacaciones, empiezo a prepararme. Lo que puedo adelantar, lo adelanto: escribo artículos, programo publicaciones, coordino por correo. Esto me da algunas horas libres durante el verano, pero no es gratis —llego más cansada de lo que quisiera. Y el tiempo que otros pasan descansando o recargando energías, yo lo paso con un poco menos de trabajo.
Pero no me quejo. Sé que hay muchos que no tienen suficientes días libres para cubrir todo el verano, así que no soy la única que trabaja junto a sus hijos. Y con los años he aprendido que esto se puede manejar —aunque no siempre como muestran las publicaciones perfectas en Instagram.

Pequeños y grandes cambios para pasar más tiempo juntos
El día a día necesita una nueva definición. Por ejemplo, delego las comidas. Pido menú semanal porque no quiero pasar el poco tiempo que tengo con mi hijo en la cocina. Cocinar solo es un plan si lo decidimos así —como pasar una mañana haciendo crepes o preparando mermelada juntos. Solo estamos en la cocina si es un evento.
Antes me angustiaba el tiempo frente a la pantalla, pero ahora dejé atrás la culpa. Sí, mi hija ve dibujos todos los días, a veces por horas. Ese es el momento en que puedo hacer el trabajo urgente. Pero también intento cada día inventar algo diferente, que rompa la rutina. Un día trasplantamos plantas juntos, otro hacemos un picnic en el parque con una cesta mágica, frutas y sándwiches caseros, y otras noches nos quedamos despiertos para mirar las estrellas en el cielo de agosto.
Estos pequeños momentos no solo crean recuerdos, sino que fortalecen un pacto entre nosotros: “Ahora tengo que trabajar, pero si somos listos, esta noche será solo nuestro tiempo”.
No puedo eliminar el trabajo del verano, pero sí evitar que domine todo. Esto requiere replanificar constantemente: a veces me levanto temprano, otras termino por la noche lo que dejé a medias. La eficiencia cambia de sentido: no solo cuenta cuántos caracteres escribo, sino cuánto tiempo logro liberar para estar con mi hija.
No todo será diversión y risas cada día. No siempre seré la mamá creativa y no siempre podré estar 100% presente. Pero al ir ajustando límites —los míos en el trabajo, los suyos en la paciencia— creamos un ritmo común. Vivimos, trabajamos y disfrutamos juntos, y espero que esos momentos compartidos se conviertan en recuerdos que nos unan para toda la vida.











